A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

“No olviden que son Hijos de Dios”

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Queridos hermanos y hermanas:

Durante el encuentro que hemos tenido en los días pasados preparando la Fiesta del Padre que celebramos hoy hemos recibido de Jesús el siguiente mensaje  que queremos compartirlo con ustedes, augurándoles que el Padre Celestial los llene de toda paz y bendición.  Los acompañamos siempre con nuestra plegaria.

 

Mensaje de Nuestro Señor Jesucristo  a del 4 de Agosto de 2018

“No olviden que son Hijos de Dios”

 

“Queridísimos hijos: los bendigo y sobre todo deseo decirles  que los amo intensamente. Este es el amor que me ha llevado a morir y a resucitar por ustedes. Unidos a mí ustedes también podrán morir y resucitar en  cada una de las pruebas de sus vidas. Yo he muerto y resucitado para hacer de ustedes Hijos de Dios. No olviden que son Hijos de Dios y que esta es la primer victoria que obtienen conmigo. Frecuentemente los cristianos creen que ser hijos de Dios  es simplemente una forma de decir; pero no es así. Los hijos de Dios están cara a cara con Dios y reciben de Dios honor y dignidad. Si son hijos de Dios, a través de mí que soy el Hijo de Dios  ustedes honran al Padre y el Padre los honra a ustedes entregándome a Mí y entregándoles en mi nombre al Espíritu Santo. Quisiera que fueran concientes de qué cosa quiere decir esto; qué cosa quiere decir estar envueltos por el amor y el honor de Dios.

Hoy el mundo ha olvidado que existen los hijos de Dios; los ve muy raramente. Los cristianos viven una religiosidad superficial. Es cierto no faltan los santos pero están invisibles: ya nadie honra un santo, nadie los coloca frente a las telecámaras para hacerlos hablar. Los hombres prefieren admirar otros ídolos. Yo necesito mandarlos al mundo como hijos de Dios. Pero ¿qué debe hacer el hijo de Dios? Debe proclamar que lo es y cuidarse de toda hipocresía. Lo que les dije a los Apóstoles se los repito a ustedes: ”Cuídense de la levadura de los fariseo que es la hipocresía”. (1) El mundo está lleno de hipocresía; esa es la levadura que hincha toda la Tierra. Los quiero sinceros, abiertos a Mí, dispuestos a recibir en mi nombre al Espíritu Santo, a honrar conmigo al Padre y a recibir el honor de los hijos de Dios.

Ustedes son también mis hermanos, los hijos de mi mismo Padre, porque cuando el Padre me ve a mí en ustedes los honra;  y el honor de Dios es siempre uno solo: la plenitud de la vida, la felicidad. El honor que Dios les concede no consiste en dinero, ni fama, ni regalos naturales, ni siquiera afectos más bien en la plenitud de la vida que trae consigo todo: el amor, la fuerza, la inteligencia  y la bondad.

Han proclamado ser parte de mi Iglesia en todo el universo. Entonces Yo los mando como hijos de Dios y de esta Iglesia,  que viven de fe y no de religiosidad. Abandonen las devociones superficiales y sumérjanse en la fe viva en el Dios vivo y no se les dejará faltar nada. El más grande deseo de mi Padre es que sus hijos  sean felices, armoniosos, bellos, con esa belleza divina que está impresa en ustedes.

Todo esto no puede suceder  si no se sienten hijos de Dios, muertos y resucitados conmigo. Hablan mucho del pasaje Pascual. En cada momento ustedes lo realizan junto conmigo. En cada prueba pequeña o grande, en cada situación Yo estoy con ustedes, los tomo de la mano y los hago pasar de la muerte a la vida. Esta es la victoria de los hijos de Dios.

Con esta conciencia comienzan a rechazar el mal, las enfermedades, la debilidad. Comienzan a alejar el mal de ustedes, de sus hogares, de sus familias, de los lugares en que viven.  Son hijos de Dios y tienen el poder para serlo; pero no lo podrán realizar  si no son concientes de serlo.

Yo no quiero que sufran el mal sino que lo venzan en mi nombre, no con soberbia  espiritual ni con algún tipo de carisma sino con el poder de los hijos de Dios.

Esta será la evangelización de la Tierra: la gran manifestación de los hijos de Dios. Ella culminará con la patente manifestación en toda la Tierra de los Hermanos del universo fieles a Dios. Después llegaré Yo.

Cuando los hijos de Dios se hayan manifestado con  todo su poder, Yo vendré y no tardaré. Les pido por lo tanto que sean hijos de Dios.

Quiten el velo al Sello de la Trinidad que está impreso en ustedes, con la fe, la esperanza y el amor; con la plegaria incesante por toda la humanidad. Entonces resplandecerá su gloria de hijos de Dios, la gloria de Dios resplandecerá en ustedes.

Yo los bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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