A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

Mensaje  de San Miguel Arcángel

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Solemnidad de los  siete Arcángeles.  29 de setiembre de 2019

 Os saludo queridos hermanos y hermanas:

Heme aquí en medio vuestro para comunicaros los deseos del Altísimo para la humanidad.  Son tres puntos importantes para estos tres últimos meses del año, y para el año que vendrá. Sabéis que el año nuevo comienza para vosotros en la Fiesta de Cristo Rey en la que se resume todo y todo recomienza.

El primer punto es este : Dios desea que este pueblo ejerza en plenitud su sacerdocio.

Debo deciros hermanos que desde la Tierra se eleva un grito espantoso, que sacude el universo. La Tierra está en  peligro. La humanidad sobre este planeta sufre terriblemente  y no tiene, fuera de Nuestro Señor Jesucristo otro camino de salvación. Este pueblo sacerdotal debe formar un solo cuerpo y un solo espíritu  para elevar al Señor el grito de esta humanidad.  Sois padres y madres para esta humanidad, no debéis olvidarlo nunca. Los padres y las madres vigilan sobre todos sus hijos. ¡ Hay tantos hijos de Dios sobre este planeta, pequeños y grandes que sufren porque son perseguidos, pisoteados y despreciados  porque son hijos de Dios!  Hay otros que todavía no saben que son hijos de Dios y esperan una señal del pueblo para vislumbrar una vida nueva, una nueva persona.

Es tiempo que en vuestras celebraciones y liturgias,  cuando os encontráis todos juntos o privadamente, o en los núcleos,  el grito de la Tierra se eleve desde todos los altares, junto a nosotros los Arcángeles, a los instrumentos extraordinarios y a los nuevos sacerdotes. El pueblo sacerdotal elevará este grito desde todos los altares  de la Tierra; recibirá del Señor la gracia de cubrir todos los altares de la Tierra, también allí donde no hubiera sacerdotes dignos. Por esto es necesario que toméis conciencia de ser un solo pueblo sobre la Tierra y en el universo. Todo lo que ofrezcáis lo haréis con todo el universo  que ahora está mirando a la Tierra, el último  planeta que debe entraren la plenitud

Sed concientes de este servicio vuestro.

El segundo punto está estrechamente ligado con el primero. Se trata de vuestra purificación  como individuos y como pueblo. Sabéis por el Antiguo Testamento que el pueblo de Israel se purificaba siempre antes de los grandes acontecimientos.  Los eventos que os esperan son mucho mayores  que los de entonces.  Por eso el pueblo debe estar preparado y purificado. Os invito entonces, a liberaros como individuos y como pueblo  de todo lo todavía os oprime: miedos, dudas, ansiedades, resentimientos, discordias, etc.. Cada uno de vosotros sabe de qué despojarse, pero también el pueblo debe desechar las tinieblas.  De ahora en adelante no serán más toleradas  en el pueblo de Dios las discordias, las divisiones, las hipocresías. Quien siembre cizaña deberá ser puesto aparte. Por eso os invito a miraros dentro con sinceridad y a mirar también aquello que ya no funciona entre vosotros. Existen también los pecados de un pueblo  no solo los individuales;  pero si cada uno vence las tinieblas dentro de sí, vencerá también las tinieblas del pueblo y de la Tierra. Mientras vencéis el mal en vosotros, lo venceréis en torno vuestro  y en el mundo. Así en vuestra purificación aceptada  con amor y alegría consumiréis las tragedias de la humanidad.

Os preguntaréis si vendrán las  pruebas. Si vendrán.  Pero os digo que la humanidad de la Tierra está ya aprisionada por las pruebas. Las pruebas del pueblo de Dios serán sutiles, profunda, serán una batalla entre vuestro espíritu y el espíritu del mundo. Esta será la  gran prueba del pueblo: abatir las potencias enemigas, anular la acción del mal., vencer el mal con el bien. Por eso se os pide ser puros, no  digo perfectos,  porque ninguno de vosotros lo es, ni siquiera yo,  porque vosotros y yo somos criaturas.  Se os pide, sobre todo, ser sinceros, abiertos,  generosos, prontos  para dejar vuestros puntos de vista y acoger la novedad de la vida; prontos para dejar vuestros proyectos e ideas para acoger la potencia, el amor, la sabiduría y la bondad de Dios.

¿Qué debéis hacer? Debéis permanecer sólidamente anclados en los tres pilares que se os han dado: la entrega de la vida a Dios a través del Corazón Inmaculado de María, un ofrecimiento  sincero, integridad total en los pensamientos, palabras y acciones; la comunión entre vosotros y entre los pueblos del universo,  con los instrumentos ordinarios y extraordinarios que están trabajando en este tiempo.

Vosotros sois un poderoso instrumento ordinario sobre la Tierra por eso os invito a liberaros de todo aquello  que todavía  os impide cumplir con vuestra misión. Dios os dará la fuerza para superar toda prueba y vosotros renaceréis desde adentro. Renacer desde adentro significa también renacer desde lo alto, desde  un  pensamiento que está por encima de vosotros, el pensamiento de Cristo que viene desde lo alto pero que quiere encarnarse en vosotros. Existe el pensamiento de un pueblo y no solo el pensamiento personal, y yo os  pido que el pensamiento de Cristo pueda vivir en vosotros, entre vosotros, a través de vosotros, en el mundo.

El tercer punto que completa todo lo que he dicho hasta aquí es este: el Señor desea que estos meses y el año próximo estén consagrados  al Espíritu Santo.

Invocad al  Espíritu Santo, ofreceos totalmente a Él. Honradlo, bendecidlo, proclamad su grandeza dentro de vosotros, en medio de vosotros.  Solo el Espíritu Santo  podrá colocaros en situación de entender los acontecimientos y de participar en ellos. Los eventos comenzarán y serán grandes, pero serán muy sutiles; la mayor parte de la humanidad no se percatará pero vosotros los deberéis ver; os  pasarán delante vuestros ojos, los entenderéis y los llevaréis delante del Señor. Por esto tenéis necesidad  del Espíritu Santo.

Imaginad que estáis en una habitación oscura, llena de humo. No podéis respirar, no veis nada. Ahora imaginad que alguien entra en la habitación y abre una gran ventana por donde entra la luz y el aire puro. Esto hace el Espíritu Santo dentro de vosotros. Os abre a la luz y a la pureza del Espíritu. Tenéis necesidad del Espíritu Santo . La Tierra tiene necesidad. Suplicad al Espíritu Santo  para que descienda sobre esta humanidad y sane las heridas de los  pequeños y de los pobres:  son como las llagas de Lázaro que nadie quiere ver. Vosotros en cambio no deis vuelta la cara frente a las llagas de esta humanidad. Observad lo  que sucede sobre la Tierra, aunque os produzca fastidio, aunque a veces sea más sencillo mirar hacia otra parte.

No es más el tiempo de distraer la mirada  porque el pueblo de Dios es mandado a curar la lepra de esta humanidad y vosotros no debéis tener repugnancia de sus llagas: observadlas, curadlas.

Esto es todo  por  ahora hermanos y hermanas. Tenéis todo lo necesario. Dios tiene previstas grandes gracias para vosotros, por eso estad preparados  para recibirlas. Todo saldrá bien, porque todo va bien en Dios. Siempre va todo bien, no debéis temer. Vivid en la fe, en la esperanza,  en el amor de Dios. Dios os confía tantos hijos: amadlos,curadlos, bendecidlos.

Yo  estoy cerca vuestro y os bendigo  junto a todos los arcángeles y ángeles, a los instrumentos extraordinarios y al pueblo de todo el universo. Recibid la bendición de Dios, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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