A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić


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JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Mensaje  a  Stefania  Caterina

Queridísimos hijos:

Primero de todo os bendigo con mi bendición de Rey. Vengo a deciros  que desde hoy comienza  precisamente para vosotros una verdadera cuenta regresiva. No os alarméis, esto no significa que todo deba suceder mañana. Lo que quiero deciros es que los tiempos son siempre cada vez más breves, porque la evangelización del bajo universo está por finalizar.  Terminará el próximo 6 de enero y esto significa mucho para vosotros. Significa que los hermanos fieles, una vez concluida la evangelización  y las últimas tareas que deben desarrollar todavía en el bajo universo – es preciso reforzar algunas humanidades y continuar siguiéndolas de cerca- se dirigirán a la Tierra.

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Mensaje de la Santísima Virgen María del 13 de octubre de 2017 a Stefania Caterina

“Queridos hijos míos:

Hoy deseo deciros que DIOS SANTIFICA VUESTRA VIDA. El Espíritu Santo es el santificador que os guía en el camino de la santidad. El actúa en vuestro espíritu para comunicaros la santidad de Dios. Ella es una semilla colocada en cada uno de vosotros porque estáis creados a imagen y semejanza de Dios fuente de toda santidad. Si decidís amar a Dios, entregaros a El y servirlo con amor la semilla de la santidad crecerá y se transformará en un árbol florido  que regala alegría y descanso a todas las criaturas. Sí hijos míos, cada uno de vosotros puede y debe llegar a ser santos porque todos estáis llamados a resplandecer como verdaderos hijos de Dios, santos e inmaculados.

La santidad es un camino para todos y no un privilegio para pocos. Sin embargo muchos consideran a los santos individuos extraordinarios, favoritos de Dios, modelos inalcanzables en la vida de cada día. ¡No, no es así! La grandeza de los santos no está en sus capacidades excepcionales sino en la acción de Dios en ellos. Esta acción que a menudo es extraordinaria se vuelve posible por la disponibilidad de los santos a dejarse modelar por Dios, a dejar su propio egoísmo y colocarse a disposición del Espíritu Santo. Los más grandes santos han  sido las personas más humildes y simples, que permitieron a la omnipotencia de Dios operar en ellos. Todo le es posible a Dios en  una persona cuando esta es simple.

El Espíritu Santo os llama incesantemente al camino de la santidad hecho de simplicidad, humildad y abandono confiado a la acción divina. Sin embargo no son muchos los que responden porque los hombres prefieren sus falsas seguridades; temen tener que renunciar al  propio bienestar para servir a Dios. ¡No penséis  esto también vosotros! Dios no quiere quitaros nada, salvo aquello que os hace mal! ¡Cuántas cosas os hacen mal hijos míos y no os dais cuenta! Sabedlo también que la acción del Espíritu Santo  es sanadora. El Espíritu Santo os conduce a Jesús que os cura con sus llagas y os entrega al Padre que os recibe y os regala una vida nueva.

La santidad es una vida nueva que nace del llamado de Dios y de vuestra respuesta. Si os decidís por la santidad la Santísima Trinidad os guía paso a paso  hasta hacer de vosotros criaturas nuevas, capaces de pensar y actuar en armonía con las leyes de Dios que son las leyes de la vida. La santidad es también una vida plena, que no conoce la tristeza, a pesar de las pruebas de la vida. Dios no le quita las pruebas a sus santos; las permite precisamente para reforzarlos en la fe y hacerlos crecer en la santidad.  Pero los santos salen siempre victoriosos porque en ellos actúa la fuerza de Jesús que resucitó de los muertos, y ellos resurgen con Él en cada prueba más fuertes  que antes.

Hijitos, ¡daos cuenta que el mundo tiene necesidad de santos! Tiene necesidad de la respuesta de cada uno de vosotros, porque la humanidad no podrá cambiar si no cambian los corazones de los hombres.  Os invito a una conversión verdadera. Dejad los   pecados, las costumbres malas, los pensamientos malos y poned vuestras vidas  en las manos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para ser amados, sanados y guiados  en el verdadero amor, que es solamente el de Dios.

Hijos queridos no os dejéis engañar por las promesas del enemigo que os ofrece una falsa felicidad a través de las cosas y de los reinos de este mundo. ¡Son ilusiones tontas! La verdadera felicidad es la santidad  que os hace pertenecer a Dios, porque vuestro Creador no tiene otro deseo sino el  de veros felices. Caminad con El, y si sufrís, sufrid con El.  El sufrimiento no es amargo si es vivido con Dios, incluso está lleno de esperanza. Nada es pesado si Dios camina  a vuestro lado. No olvidéis que estáis llamados a vencer el mal y a reinar para siempre con El en la creación nueva.

Yo os acompaño en el camino de la santidad y os sostengo en todas las pruebas. Os bendigo en el nombre de Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.


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MENSAJE DE LA MADRE DE LA HUMANIDAD   

                           Mis queridos hijos:

Hoy deseo deciros que DIOS SALVA DEL PECADO Y DE LA MUERTE. El es el único que puede salvaros. Mi Hijo Jesucristo, segunda Persona  de la Santísima Trinidad descendió entre vosotros y se encarnó sobre  la Tierra para salvar hombres y criaturas de la corrupción de Lucifer, señor del pecado y de la muerte. Después del pecado original cometido por los progenitores el pecado y la muerte entraron en la creación obstruyendo el camino al verdadero Dios. Los hombres adoraban falsos dioses, que no eran otra cosa que demonios; así la humanidad de la Tierra se alejaba siempre, cada vez más, del Dios Trino y Uno. Por eso Dios Padre, que vela siempre sobre sus hijos mandó a Jesús  para reabrir el camino hacia Dios y transformar la vida de los hombres. Muriendo y resucitando por vosotros, Jesús os dio la posibilidad de ser criaturas nuevas.

Hijos míos, ¡no os ilusionéis con encontrar la liberación del mal y del pecado por fuera de Jesús!

No es posible porque Jesús es verdadero Dios y verdadero Hombre y lo que El ha realizado es obra de Dios. Jesús no es un justo entre los demás,  un profeta, un héroe o un soñador. Es Dios. Por su medio Dios entró  en vuestra historia de hombres con  todo su poder y os ha salvado.  ¿Qué seguridad más grande que esta podéis tener? No escuchéis la voces de aquellos que os  engañan mostrándoos un Jesús humano, fundador de una religión que se llama cristianismo. ¡No existe un “Dios cristiano” que se mezcla con los otros dioses! Existe un solo Dios, Trino y Uno; ese Dios que se ha hecho visible sobre la Tierra en mi Hijo Jesús. Frente a Él los falsos dioses desaparecen porque no tienen otra fuerza que la que le dan los hombres.

Hijitos, el mundo está lleno de falsos dioses y hay muchos que están listos para adorarlos. Tienen nombres y rostros diversos pero un mismo espíritu, el de Lucifer, que se esconde detrás de ellos  para seducir a los hombres  y llevarlos lejos del verdadero Dios. ¡Prestad atención, hijos! El demonio es astuto y fuerte y os tienta de todas las formas. Os induce a la rebelión contra el verdadero Dios, pone delante de vuestros ojos ídolos de todo tipo, os seduce con promesas falsas de riquezas fáciles y de poder. Os hace creer  que vosotros mismos sois como Dios, capaces de vencer todos los obstáculos. ¡No, esto no es verdad!

Hijos míos: os invito a reconocer con humildad que sois solamente criaturas y que tenéis necesidad  del amor y de la protección de Dios. Este es el primer paso para una auténtica conversión. Poned aparte el orgullo y dejaos salvar por Jesús. ¿Salvaros de qué cosa? Del pecado, que es violación de las leyes divinas y que os lleva a la muerte. La muerte no solo física que pone fin a la existencia terrenal. Hay una muerte más disimulada y sutil que muchos de vosotros experimentan cada día: la falta de paz, de alegría,  que está unida al peso de las preocupaciones y al sentimiento de culpa. La verdadera muerte es la falta de la vida de Dios dentro de vosotros, que solo Jesús puede daros. La vida de Dios  es una vida que surge  continuamente y que no conoce impedimentos. Jesús ha vencido la muerte por vosotros, para regalaros una vida nueva  con la que podéis enfrentar y vencer las tinieblas del mundo.  Os lo repito: ¡Dejaos salvar por Jesús!

Reconocerse como simples criaturas no significa no valorarse. Muchos piensan que Dios  quiera someteros a Él, negando o infravalorando vuestras capacidades. ¡Es un engaño! Al daros la vida, Dios os ha hecho el regalo del amor, de la inteligencia, de la fuerza. Os ha creado a su imagen y semejanza, y vuestro destino  es el de ser  hijos de Dios, colmados de gloria y de esplendor. Hijos míos no despreciéis los talentos que Dios  os ha dado, sino ¡entregad vuestra vida a Jesús!  Él la llenará de su Espíritu y os conducirá al Padre  y seréis salvos, dignos, felices.

Hijos míos, la vida sobre la Tierra es breve; es sólo  un soplo  frente a la eternidad. Utilizad bien vuestro tiempo y haced de vuestra vida  un espejo de la belleza y de la bondad de vuestro Señor. Él os ama y os  amará siempre, más allá de todas vuestras debilidades.  Y si os sucede  que pecáis ¡no temáis! Id humildemente a Mi Hijo Jesús y decidle que le amáis aunque no os sintáis capaces de amarlo. Os acogerá, os perdonará, os salvará. Mediante la Eucaristía os nutrirá con su Cuerpo  y con su Sangre seréis regenerados, listos  para participar de una nueva vida. Y yo estaré con vosotros cada vez que busquéis a Jesús;  os ayudaré siempre a encontrarlo e intercederé por vosotros.

Os  acompaño en vuestro camino y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”


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Mensaje de la Madre de la Humanidad del 13 de agosto 2017 a Stefania Caterina

Mis queridos hijos:

hoy  deseo deciros que DIOS CREA LA VIDA Y LA PROTEGE. El es el Creador y la vida tiene su origen en Él; sin él no existiría nada. Cuando Dios creó al hombre y a todas las demás criaturas les fijo leyes  para promover y proteger la vida de la creación íntegra. Son leyes de amor y de justicia que protegen la vida tanto física como espiritualmente. Son las leyes de la vida.

Las leyes de la vida están escritas en lo profundo de vuestro ser, o sea de vuestro espíritu, porque estáis creados a imagen y semejanza de Dios y por eso estáis orientados hacia lo que es de Dios. También están escritas fuera de vosotros, resumidas en los Diez Mandamientos y en el Evangelio. En los animales y en las plantas operan las leyes de la vida y ellos  saben orientarse perfectamente hacia lo que le sirve a su existencia. Lo mismo hacen las estrellas y los planetas y todas las demás criaturas. En Dios todo es perfecto y nada está dejado al acaso, porque Dios gobierna todo lo que existe.

Tampoco vuestra vida está librada al acaso: si amáis a Dios y lo buscáis con todo el corazón si os entregáis y os confiáis a él dejándolo actuar libremente, las leyes de la vida trabajan en vosotros  con gran poder; entonces Dios os guía  y cumple en vosotros su obra. Y porque su primera gran tarea es la vida Dios se toma el cuidado de vosotros: os ama, os perdona os guía en vuestras elecciones e ilumina todos vuestros pasos.  Entonces vuestra existencia no es un sucederse caótico de eventos o una serie de deberes frustrantes sino que se trasforma en un regalo inmenso para vosotros, para quién esté a vuestro lado, y para cuantos os encontráis en el camino. Hasta la naturaleza percibe el amor de Dios en vosotros  y os lo retribuye.

Si amáis a Dios Uno y Trino estáis inmersos en la vida y permitís que la vida germine en vosotros y produzca frutos de  de amor, de bondad y de paz. Por eso os invito una vez más a entregar vuestra vida a Jesús a través de mi Corazón. Esta entrega si es libre y sincera os sumerge en la vida divina y día tras día os transforma.

Yo soy vuestra Madre y os presento continuamente a Jesús. Jesús os presenta al Padre que os acoge en su Hijo y os regala el Espíritu Santo en nombre de Jesús. El Espíritu Santo sostiene vuestra vida física y espiritual; os dirige infaliblemente hacia Jesús, Camino, Verdad y Vida y el ciclo recomienza: Jesús os entrega al Padre, el Padre os acoge y os entrega el Espíritu Santo y así incesantemente. Este es el accionar de la Santísima Trinidad en vosotros que os hace hijos de Dios, la única acción capaz de transformaros para una vida mejor.

¡Hijos míos, no permitáis a Satanás y al espíritu del mundo que os separen de Dios! Si abandonáis a Dios dejáis vuestra vida en las manos del ladrón  que la roba y la pisotea. Satanás odia la vida de Dios porque la ha rechazado y os odia a vosotros porque sois de Dios y le recordáis su miseria. Destruyendo vuestra vida se ilusiona en destruir  la obra de Dios que os ha creado.  No temáis hijos; si ponéis vuestra vida  en las manos de Dios Uno y Trino estáis a salvo, ninguna acción del enemigo podrá destruiros porque Dios es más grande que todos y que todo; su fuerza es invencible. Satanás podrá poner trabas y fastidiaros pero no podrá nunca abatiros, porque el Defensor, el Espíritu Santo opera en vosotros. El es el custodio de la vida  y no permitirá que el ladrón entre en vosotros.

¡Sabedlo bien hijos que Dios creó la vida y no la muerte. Esta es obra de Satanás y de los hombres que se hicieron sus aliados! El pecado original abrió la puerta a la muerte, antes desconocida, porque quebrantó la ley   de la inmortalidad, la más importante entre las leyes de la vida. Dios lo permitió por justicia y por respeto a vuestra libertad, pero no será  así por siempre.

Llegará el día en que la muerte no tocará más la creación y  Dios restablecerá la ley de la inmortalidad violada por el pecado. El mal será derrotado para siempre y los hijos de Dios vivirán eternamente libres en la creación nueva, unidos a su Creador y en comunión entre ellos.

¡Este es vuestro destino, hijos míos! Estáis llamados a una gran esperanza. La fidelidad a Dios alimenta esa esperanza y el Espíritu Santo la vuelve  peremne en vosotros. En esta esperanza florece la vida.

Como Madre vuestra desearía veros florecer en la  plenitud de la vida. Intercedo continuamente por vosotros y le pido a Dios que seáis  felices, colmados de gracia, inmersos en la fe, en la esperanza y en el amor. Pedid también vosotros conmigo, pero no solo por vosotros mismos  sino por tantos hermanos vuestros que no conocen al verdadero Dios, por ignorancia no   por rebelión, y son de buena voluntad. La plegaria de los hijos de Dios puede hacer mucho por la humanidad.

Estoy a vuestro lado,  camino con vosotros hacia la creación nueva, y os bendigo en el nombre del Padre,  del Hijo, y del Espíritu Santo”.


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Mensaje de Dios Padre

3 de agosto 2017

“Manifestad mi Gloria”

“Queridísimos hijos:

Deseo sobre todo deciros que os amo, porque esta afirmación es la clave de toda vuestra vida. Si Yo no os amase no estaríais aquí; sin mi amor ni siquiera existiríais. Os he creado por amor, no por interés, ni porque desease algo de vosotros. Os he creado por el inmenso amor que he puesto en vosotros y por mi gloria. Mi amor en vosotros es mi gloria y deseo que resplandezcáis siempre más en mi gloria.

Hijitos, mi paternidad se extiende a todo el universo y todo se debe someter a mi paternidad: el cielo la Tierra, todos los planetas y también el infierno. Mi paternidad es el poder que abrasa todo, que colma todas las cosas, trae a la existencia lo que no existe y mantiene la vida en aquello que ya es.

YO SOY EL QUE ES. SOY LA VIDA. La vida se origina en mí y vuelve a mí. Vuelve a mí en la eternidad, no para extinguirse y no existir más, sino para existir por siempre y resplandecer por encima de todo, aún por sobre la muerte.

Queridos hijos míos. Os agradezco porque me queréis honrar, no solo con los labios sino con el corazón. Mi Hijo os ha dicho que Yo busco adoradores en el espíritu y en la verdad.(2) Quisiera que todos vosotros fuerais mis verdaderos adoradores. Cuando me adoráis a mí adoráis la vida que vibra en todo el universo y os hacéis partícipes de esa misma vida incorruptible. De mi vida brota el amor que no hiere ni traiciona, no abandona nunca y vive por toda la eternidad. Sigue leyendo


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Mensaje  de la Madre de la humanidad a Stefania Caterina  

Mis queridos hijos:

Hoy deseo deciros que Dios vence el mal  en vosotros y alrededor de vosotros.

El mal, hijos, no es un principio abstracto sino un espíritu creado  por Dios y que se ha rebelado a Dios. Se llama Lucifer, y es el demonio  del cual  proviene  el origen y la fuerza de toda maldad. En torno a Lucifer existen millares de otros demonios que actúan a sus órdenes; siembran odio y confusión en las almas, suscitan envidias y peleas, inducen a pecar contra Dios y el prójimo. El conjunto de los demonios y de sus acciones  es el  MAL, con mayúscula,  que actúa incesantemente en el universo y al que todo hombre encuentra en su camino.

Si el hombre se abre al Mal y consiente a sus impulsos negativos, comete el  pecado y se corrompe: esto es el pecado: un comportamiento que nace de la aceptación  libre y conciente, por parte del hombre de aquello que es contrario a Dios. El pecador sabe que comete un pecado y actúa con intención deshonesta.

No debéis confundir el pecado con vuestras fragilidades humanas. A menudo os equivocáis porque sois débiles y superficiales; pero si reconocéis vuestros errores, os arrepentís y le pedís ayuda a Dios podéis reparar vuestros yerros. Dios comprende vuestra fragilidad y os endereza fácilmente si lo deseáis.

Cuando muchos hombres pecan y deliberadamente ignoran a Dios, como sucede sobre la Tierra, el pecado se multiplica y forma un manto espeso que cubre la humanidad entera; es semejante a una red que aprisiona las almas y las esclaviza; este es el espíritu del mundo, que hace sufrir a los hijos de Dios y que hoy es poderoso sobre la Tierra.  Es de este espíritu que nacen las ideas equivocadas,  los comportamientos ambiguos y las modas perversas que dirigen las vidas de muchas personas. El  demonio nutre el espíritu del mundo sugiriendo a los hombres propósitos malvados  e induciéndolos a pecar.

La situación de la Tierra hoy es  grave porque la mayor parte de la humanidad ha perdido el camino al verdadero Dios. Sin embargo si amáis a Dios  y reconocéis a mi Hijo Jesús como único Señor y Salvador no tenéis nada que temer. Jesús vino a la Tierra para enfrentar y vencer  el Mal de una vez para siempre. Si lo acogéis como vuestro Salvador, El actuará  con su poder y el mal no os podrá dañar.

Si hoy el Mal gobierna sobre  la Tierra es porque muchos hombres ignoran o rechazan a mi Hijo Jesús,  el único que podrá revelaros al verdadero Dios; el único que sabe oponerse al demonio y derrotarlo. Sin embargo la Redención operada por Jesús a favor de todos los hombres no es acogida por todos los hombres; muchos continúan cometiendo grandes pecados atraídos por los halagos  del demonio que les promete una felicidad ilusoria y una falsa libertad. Así el espíritu del mundo se engrandece y se refuerza cada día más  y podéis ver las consecuencias.

Sabedlo, hijitos que el diablo actúa sin descanso  y que todos vosotros, sin excepción  estáis expuestos a la tentación. ¿Qué es la tentación?  Es la acción incesante del Mal  que busca entrar en vuestra vida, sirviéndose  de vuestros pensamientos y de vuestros sentidos. Dios permite las tentaciones porque os reforzáis en la lucha contra el demonio; pero no os deja solos en la tentación. Os muestra siempre el camino de escape. Así que cada vez  que vencéis el Mal en vosotros, os santificáis siempre más y podéis ayudar a otros a vencer las tentaciones. ¡Hijitos,  consagradme vuestros sentidos y vuestros pensamientos! Yo los custodiaré en la pureza y los ofreceré  a Dios. Poneos  al resguardo en mi Corazón Inmaculado, que no conoció nunca el Mal, para que yo lo preserve del pecado. Os ofreceré continuamente a mi Hijo, e intercederé por todos vosotros para que el Espíritu Santo os colme de sus dones. Así estaréis íntegros, verdaderos  hijos de Dios que honran al  Padre, creen en el Hijo y escuchan la voz del Espíritu Santo.

Vosotros solos no podréis vencer el Mal; ningún hombre podría hacerlo sin la intervención de Dios Uno y Trino. Dejadle entonces a Dios  la posibilidad de actuar libremente en vosotros,  colocando vuestras vidas en sus manos. De esta forma resultaréis siempre vencedores sobre el Mal, porque en cada prueba experimentaréis la victoria de Jesús. Su muerte y resurrección actuarán en vosotros, os comunicarán la santidad, cuyos frutos se derramarán en el ambiente que os rodea y sobre la humanidad entera. La santidad de los Hijos de Dios es el arma más poderosa contra el infierno. Con vuestra santidad Dios vence el Mal dentro de vosotros y torno de vosotros. Allí donde vive un santo la tierra florece y las criaturas gozan de la presencia de Dios que vive en  ese Santo.

Por esto os invito  a la santidad,  que no es una obra humana  sino que es obra de Dios. Ella brota en lo íntimo de quien cree y se abandona plena y humildemente a la acción divina. La santidad no requiere grandes obras sino que requiere fe y abandono confiado. Las grandes obras las cumple Dios en vosotros; al hombre le toca creer y dejar actuar  al Omnipotente, como lo hice Yo.

Sed simples, hijos míos, sed humildes y dejad que Dios os transforme día a día. Entonces surgirá vuestra verdadera imagen, aquella que Dios ha impreso en vosotros y no aquella que vosotros o los demás quisieran ver.  Así seréis la alegría de Dios y de los hijos de Dios. El mal os rozará pero no os podrá vencer.

Yo soy vuestra Madre y os amo. Os quiero a todos conmigo en la nueva creación, allí donde el   Mal y el pecado no entrarán. Camino con vosotros y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

 


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SERÉ LA VOZ DE LOS POBRES DE DIOS

Mensaje  de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, 13 de mayo de 2017

A Stefania Caterina.

Queridos hijos:

Hoy  me habéis dado mucha alegría porque estáis tan deseosos de honrarme. Hoy muchos hijos sobre la Tierra me dan alabanza y gloria, y yo le transmito todo esto al Señor por vosotros.

En todas mis apariciones me he servido de instrumentos simples,  pequeños, humildes. Ellos  fueron mi voz frente a la humanidad; del mismo modo yo he sido su voz delante de Dios. Yo  soy la voz de todos mis hijos delante de Dios, sobre todo de mis hijos más pequeños, más pobres y más humildes; de aquellos que no piden otra cosa que poderme amar.

Hijos, el mundo está dominado por arrogantes, está en manos de los violentos y bien podéis ver cómo van las cosas. Pero yo os digo que el Señor tiene firmemente  en sus manos el destino de los hombres y no dejará que sus pequeños sean aplastados. Ningún hijo de Dios será aplastado y yo seré  la voz de estos pequeños delante de Dios y delante de la humanidad. Lo seré también delante de esa parte de la Iglesia que habla mucho de los  pobres, pero no  los protege; hace muchas obras a favor de los   pobres pero no ama los verdaderos pobres que son los pobres de Dios. Si los amase verdaderamente habría revelado todo lo que he dicho en Fátima, porque yo he hablado por amor de los pequeños.

Hijos míos, el mundo no se salvará sin el verdadero Dios y sin la comunión entre los hijos de Dios. Me refiero a todos los hijos de Dios presentes en muchas partes del universo y que Dios está llamando a reunirse. Dios busca a sus hijos, quiere salvarlos y utilizarlos como instrumento de salvación para toda la humanidad. También vosotros podéis ser instrumentos de salvación si lo queréis. Yo deseo servirme de vosotros para llevar sobre la Tierra el grandioso anuncio que ya quería llevar a Fátima y que ha sido ocultado  por las intrigas de los hombres.

Este es el anuncio que quiero llevar por última vez sobre la Tierra:

* La humanidad  existe en todo  el universo.

* Toda la humanidad deberá elegir entre Jesucristo y Lucifer. Solo a través de Jesucristo podrá alcanzar al verdadero Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

* La humanidad que haya recibido a Jesucristo  será reunida de cada planeta para formar un  solo pueblo, unido a mi Hijo, Sumo Sacerdote. Será un pueblo unido, humilde pero fuerte en Dios;  que no conocerá más distancias ni barreras.

 

Hijos, os pido decidiros completamente por Jesús, y ayudarme en esta obra que Dios me ha confiado.  No deseo nada para mí, ninguna gloria.  Mi gloria sois vosotros.  Sois las estrellas de mi corona.  Yo soy la voz de mis hijos delante de Dios y lo seré delante de los poderosos arrogantes. Por amor de mis pequeños no me quedaré callada .Hablaré aún más y diré todo aquello que debía decir desde hace mucho tiempo.

Soy una persona viva,  y no una hermosa estatua para llevar en procesión. Mis hijos tienen derecho de escuchar la voz de su Madre que los ama, los llama y les enseña.  Hasta ahora he sido muy paciente y discreta. He perdonado tantas cosas. Ahora en cambio, es hora de despertar a mis hijos que sufren bajo la opresión  del  enemigo engañador, que parece invencible, pero que nada puede contra Dios y contra mí. Por esto, diré todo aquello que el Señor me permita deciros.  Soy su servidora y haré cuanto El me pida.

Yo soy Aquella que vive en la Santísima Trinidad.

 

Soy vuestra Madre, pero soy también la Reina del Universo. Este no es un simple título con el que me honráis: es mi misión. Soy Madre y Reina del Universo. Quizá este particular se os ha escapado; por eso os recuerdo que en cuanto Reina he recibido  Dios la gracia y el poder de actuar en todo el universo a favor de mis hijos. He recibido el poder de aplastar la cabeza de la serpiente y lo haré. Os hablaré  y os enseñaré todo aquello que debéis saber en este tiempo para vencer el mal  que anida en todos lados, aún en la  Iglesia. Tengo el derecho y el deber frente a Dios y a la humanidad  de hablar a mis hijos cuando quiero y como quiero, sin pedirle permiso a nadie. Dios me ha pedido usar hasta el límite mi  poder de Madre y Reina del Universo: lo haré por vosotros para ayudaros y protegeros, porque los tiempos son graves.

Os pido que me ayudéis, hijos, a salvar a muchos hermanos, trayéndolos a Dios. Sean también ustedes la voz de los últimos.

Hijos míos, ¡no os confiéis  en los poderosos de este mundo! Confiaos solo en Dios y también en mí. Yo seseo solo  vuestro bien y os confío a Dios porque esto es el verdadero bien para vosotros. Debéis hacerlo también  vosotros: confiad en Dios y entregaos completamente a Él.  Entregadle todo y todo os volverá centuplicado.

Os prometo, por el amor que me tenéis, que estaré siempre con vosotros. Donde estéis yo estaré con vosotros. Estaré a vuestro lado en todas las pruebas, en la alegría y en las dificultades. Seré vuestra voz delante de Dios,  y vosotros seréis mi voz delante de los hombres. Dios, que es vuestro  Padre,  os ama y os quiere felices y salvos a todos. Os quiere llevar a una nueva creación, tan bella y pura,  que nadie puede imaginar, y está preparada para vosotros al final de los tiempos.

Tened fe, hijitos, os espero en la nueva creación, pero estoy ya aquí con vosotros y camino con vosotros sobre los caminos del mundo; sobre el camino de cada hombre hacia la nueva creación.

Os bendigo con todo mi amor en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.