Oremos juntos

El cristiano es un hombre de oración: oración en un diálogo continuo y en un movimiento de amor con la Santísima Trinidad, oración de intercesión, de adoración, de petición y de alabanza. En el corazón del cristiano tienen cabida todos los sufrimientos de la humanidad, para ser presentados al amor y a la misericordia del Padre, y se alberga una alabanza continua que nace de la contemplación de la maravillosa acción trinitaria. Todo acto es oración si se sitúa en relación con Dios. Con esta actitud, el hombre vive en continua oración hasta llegar a convertirse él mismo, en espíritu, alma y cuerpo, en oración: los gestos, las palabras, la escucha, el trabajo, las alegrías, todo es oración si se hace con Cristo, por Cristo y en Cristo. A la luz de estas palabras, quisiéramos hacer una propuesta a quien lo desee: unirse a toda la Iglesia de Jesucristo del Universo en una intención común y semanal de oración. La comunicaremos en esta web cada semana. Adherirse a una intención de oración significa unirse a un pueblo que intercede y se ofrece por una situación concreta sugerida por el Espíritu Santo y que permite que Dios sane y transforme. No será, por tanto, una oración estéril, sino una acción potente en el espíritu, en la que la transformación de un alma se convierte en transformación para muchos. Pongamos un ejemplo para mejor claridad: si uno reza y se ofrece para que el Universo encuentre la paz de Dios, fácilmente despertaran en quien se adhiera a esta intención de oración todas las situaciones en su interior y fuera de él, en las cuales no se vive la paz. Esto es una gracia, porque ayuda a evidenciar aquello que se debe cambiar, a manifestar las limitaciones de cada uno. Al presentarlas a Jesucristo para que las lleve al Padre, el Espíritu Santo actuará obrando una transformación en cada uno y en beneficio de toda la Humanidad. En este año jubilar y en preparación para el retorno de Cristo, creemos que es más que nunca necesario ser personas orantes, que no rezan únicamente por las situaciones personales, sino por toda la Humanidad. Es necesario volver a ser cristianos que acogen a la Santísima Trinidad en su corazón, que vuelven a colocar a Cristo, hijo de Dios Padre, en el centro de sí mismos y de su vida, y se dejan transformar continuamente por el Espíritu Santo. Todo hombre que lo desee, debe poder caminar hacia el Padre, convertirse en una criatura nueva y llegar a decir: ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí.

Esta semana oramos y nos ofrecemos para que los cristianos comprendan los signos de los tiempos y participen en la acción de Jesucristo ya presente en la Tierra en su venida intermedia.

8 de setiembre de 2024