Iglesia de Jesucristo del Universo
A cargo de Mauro
10.12.2025
(transcripción de audio)
Hemos intentado presentar la figura del Padre, presentar su amor, su esencia, que es amor[1].
El lunes hemos celebrado la Inmaculada Concepción, y podemos decir que María Santísima es el prodigio del Padre, es la Hija predilecta, es Aquella en quien se ha realizado perfectamente el designio y el pensamiento del Padre.
María Santísima fue concebida sin pecado, y con su camino de un sí continuo durante la vida, en cada situación, me refiero no solo a partir de cuando se presentó el Arcángel Gabriel, sino incluso antes -llevada al templo a los tres años, vivió en el templo, aceptó casarse con San José en el modo que se acostumbraba en aquel tiempo, a través del sumo sacerdote- y luego, con el Arcángel Gabriel, comenzaron estos “sí” a todo lo que encontraba en la vida aquí en la Tierra. Y digo que, con su obediencia al Padre, el hecho de estar completamente inmersa en la voluntad de Dios, sus “sí” también en el Cielo, porque también en el Cielo continúa estando perfectamente unida a Dios Uno y Trino. Viviendo de este modo, María Santísima es ejemplo y modelo para todo hombre, que está hecho de espíritu, alma y cuerpo; ejemplo de lo que es un hombre y lo que puede llegar a ser manteniéndose obediente a Dios, entrando, volviendo a entrar en el pensamiento de Dios. María nos abre el camino, nos genera y es un ejemplo para nosotros.
De hecho, tenemos la posibilidad de alcanzar esta plenitud a través de Jesús, de volver al Padre. Pero, sobre todo, esta plenitud se produce cuando acogemos a María Santísima, nos consagramos a su Corazón Inmaculado y ella nos ofrece a Jesús y Jesús al Padre. Entramos en el orden que está en el pensamiento de Dios desde siempre. María Santísima es la Madre, la Madre de todo hijo de Dios, la Madre de la Iglesia, y quien quiere unirse al Hijo, para ir al Padre, es generado por María, no hay otro camino. Es ella quien genera hijos de Dios, genera hombres y mujeres a la vida de Dios. Su maternidad es divina y sigue siendo, en cierto sentido, un misterio precisamente por esos nueve meses que llevó en su vientre al Autor de la vida.
Es llamada Madre de Dios porque realmente lo es en Jesús; es la Hija predilecta. Entre ella y el Padre nace esta dimensión misteriosa, pero sencilla si os fijáis, en la cual, Esposa del Espíritu Santo, Hija predilecta del Padre, se convierte en Madre de Jesús-Hombre; entra con esta maternidad, en la cual lleva a Jesús en su seno, perfectamente en la Trinidad, y con todos sus sí a la voluntad de Dios se convierte en la Madre del pueblo nuevo. Todo lo que entrará en la nueva creación es generado por María, no puede ser de otra manera. Lo que es esto, es un misterio, dije, pero es un misterio que se vuelve luz si con sencillez entramos en ese amor de María, de Dios, y pedimos que se nos explique. Se nos explica viviéndolo. No se nos explicará si queremos entender conceptualmente lo que significa, lo que no significa. Estamos, como he dicho muchas veces, en el ámbito de la fe. Aquí puedes entrar de rodillas, en silencio y con amor. Solo Dios puede explicártelo.
Como Madre es también Reina, y su realeza está unida a la de Jesús, porque nace de la oferta continua que hace con Jesús, la oferta continua que hace por cada uno de nosotros. Su realeza nace de la participación en el Sacrificio de Cristo, nace de ser su discípula perfecta, de ser el ejemplo de oración perfecto, el ejemplo de una Mujer Eucarística perfecto, el ejemplo de quien adora de manera perfecta en espíritu y verdad y, luego, después de la institución de la Eucaristía, también a Jesús Eucaristía; el ejemplo de la Colaboradora perfecta con el Espíritu Santo como su Esposa. En María están todas las características del Hijo de Dios, de los hijos de Dios, y en Ella se expresan perfectamente, vive perfectamente, todas las bienaventuranzas, vive perfectamente todos los dones del Espíritu Santo, y de ahí, bajo la cruz, unida al Sacrificio de Jesús, nace su realeza.
Os hemos hablado varias veces del plan de María Santísima en Medjugorje[2]. Os la hemos presentado como Corredentora[3], hemos publicado palabras de San José[4], palabras de San Juan[5], palabras de San Rafael, palabras de Dios Padre, de Jesús y del Espíritu Santo; todas ellas presentan a María Santísima como esta alegría, prodigio. Sin embargo, si la contemplamos humanamente, es también el ejemplo de humildad y de sencillez, nada de extraordinario, pero en Ella todo es extraordinario, nada excepcional, pero es un prodigio. Fijaos que así debería ser todo cristiano que, a través de la oferta a María acoge el perdón de Jesús, recibe el don del Espíritu Santo y vuelve al Padre, en toda su vida, en los pasajes de la vida, en los “sí” de toda la vida.
Yo lo que aconsejo es buscar a María Santísima en su esencia, no solo para pedir ayuda en la vida que hacemos aquí en la Tierra, porque a menudo se busca a María para obtener de Ella un milagro, para obtener de Ella una ayuda, y Ella lo hace con agrado. Y yo no os digo que no lo pidáis, pero os digo que no solo por eso.
¡Qué hermoso descubrirla tal como es! Será hermoso para nosotros, para vosotros; no es Ella quien lo necesita, somos nosotros quienes lo necesitamos. Buscadla como Aquella que puede generar la vida de Dios, como Madre, Esposa del Espíritu Santo. Hablad con María y hablad de María. Contemplad su vida al lado de Jesús, contempladla mientras reza, para aprender a rezar; mientras escucha a Jesús, mientras lo sigue, mientras medita en su corazón qué sería lo que quería decirle cuando lo había perdido durante tres días[6], lo que quería decir Simeón cuando le dijo: “Una espada te atravesará el alma”[7]. Contempladla mientras busca la voluntad de Dios, mientras entra en la voluntad de Dios; como nosotros, una persona que busca a Dios. Contempladla mientras sube al Calvario. Nosotros también, a veces tenemos que subir al Calvario. Intentad verla como sigue, Ella, a Jesucristo: Ella sabe, eh, dónde va, Ella lo sabe; contemplad esa dignidad. Contemplad en Ella qué significa el silencio —tenemos el mensaje de San José: “silencio virginal”[8]—, pero contempladlo en María, la Mujer del silencio, no porque no hablara, sino porque sabía meditar. Y luego, al final, bajo la cruz. ¿Qué significó para Ella estar bajo la cruz? Tuvo que pasar un pasaje de fe, eh: era la única en la Tierra que creía en la resurrección. En aquel momento, encontrándose allí su Hijo así, impotente, gritando: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”[9], que ya no podía respirar, que ya no tenía ni un trozo de piel sano, era una máscara de sangre. Y allí abajo, seguir creyendo. Por eso, contempladla como Aquella que verdaderamente tiene fe. Esta es la fe. A veces se dice “la fe de Abraham”, creo que la fe de María Santísima supera ampliamente incluso a la de Abraham.
Y no termina aquí. Contempladla mientras reúne a la primera Iglesia, en el Cenáculo donde recibe el Espíritu Santo. Junto con Juan, me la imagino recibiendo a Pedro, recibiendo a todos los apóstoles, que a veces los recibe solos, a veces juntos, que continúa reuniendo la Iglesia de su Hijo. ¿Y Ella, qué es ahí? Apóstol, perfecto apóstol, perfecto sacerdote en su sacerdocio real, perfecta… es perfecta en todo. Es Corredentora. Pero no encontraréis nada en María que no esté perfectamente unido a su Hijo Jesús, y por eso es el Paraíso del Padre.
Concluyo diciendo: fijaos que el plan de María en Medjugorje —os invito a leer de nuevo el mensaje que se encuentra en este sitio web[10]— era reunir a un pueblo de hijos de Dios, preparar a este pueblo como preparó a los primeros cristianos, preparar a los apóstoles de este tiempo, preparar a los sacerdotes de este tiempo, tanto reales como ministeriales, preparar a los jóvenes, preparar a las parejas, preparar a un pueblo que esté listo para el retorno glorioso de Cristo, listo para los tiempos hacia los que vamos, los últimos tiempos. Esta es María. No se la puede separar de Jesús, no se la puede separar de la Trinidad, no se la puede separar de la Iglesia de Jesucristo del Universo, y todo lo que no es Iglesia está también separado de María, Iglesia de Jesucristo del Universo.
Y por eso pido a María que una vez más nos bendiga a cada uno de nosotros, que nos ayude a permanecer en esta luz, que nos ayude a encontrar la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, tal como Ella la encontró, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
[1] Ver la reflexión de Mauro “4. En camino hacia el encuentro con Cristo Jesús”, publicado en este sitio web el 5 de diciembre de 2025.
[2] Cfr. Mensaje de la Virgen María del 25 de mayo de 2013, “El plan de la Virgen María en Medjugorje”, publicado en este sitio web; y en el libro “Verso la nuova creazione – Vol. IV, Anno 2013”, pág. 90.
[3] Cfr. Mensaje de María Santísima del 22 de febrero de 2020, “Sono la Corredentrice dell’umanità”, publicado en www.versolanuovacreazione.it y en el libro “Verso la Nuova Creazione – vol. VII, anno 2020”.
[4] Cfr. Mensaje del 19 de marzo de 2020, “Custodiar para vivir”, publicado en este sitio web; y en el libro “Verso la Nuova Creazione – vol. VII, anno 2020”; y Mensaje del 18 de marzo de 2021, “Maria, la Donna nuova”, publicado en www.versolanuovacreazione.it y en el libro “Verso la Nuova Creazione – vol. VIII, anno 2021”.
[5] Ver el libro “Riscrivere la Storia – vol. III – La Donna vestita di sole”, ed. Luci dell’Esodo.
[6] Cfr. Lc 2, 41-51
[7] Cfr. Lc 2, 34-35
[8] Cfr. Mensaje del 19 de marzo de 2002, recogido en el libro “Más allá de la Gran Barrera”, pág. 228.
[9] Cfr. Mc 15, 34; Mt 27, 46
[10] Ver nota 2.
