A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić


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JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Mensaje  a  Stefania  Caterina

Queridísimos hijos:

Primero de todo os bendigo con mi bendición de Rey. Vengo a deciros  que desde hoy comienza  precisamente para vosotros una verdadera cuenta regresiva. No os alarméis, esto no significa que todo deba suceder mañana. Lo que quiero deciros es que los tiempos son siempre cada vez más breves, porque la evangelización del bajo universo está por finalizar.  Terminará el próximo 6 de enero y esto significa mucho para vosotros. Significa que los hermanos fieles, una vez concluida la evangelización  y las últimas tareas que deben desarrollar todavía en el bajo universo – es preciso reforzar algunas humanidades y continuar siguiéndolas de cerca- se dirigirán a la Tierra.

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MENSAJE DE LA MADRE DE LA HUMANIDAD   

                           Mis queridos hijos:

Hoy deseo deciros que DIOS SALVA DEL PECADO Y DE LA MUERTE. El es el único que puede salvaros. Mi Hijo Jesucristo, segunda Persona  de la Santísima Trinidad descendió entre vosotros y se encarnó sobre  la Tierra para salvar hombres y criaturas de la corrupción de Lucifer, señor del pecado y de la muerte. Después del pecado original cometido por los progenitores el pecado y la muerte entraron en la creación obstruyendo el camino al verdadero Dios. Los hombres adoraban falsos dioses, que no eran otra cosa que demonios; así la humanidad de la Tierra se alejaba siempre, cada vez más, del Dios Trino y Uno. Por eso Dios Padre, que vela siempre sobre sus hijos mandó a Jesús  para reabrir el camino hacia Dios y transformar la vida de los hombres. Muriendo y resucitando por vosotros, Jesús os dio la posibilidad de ser criaturas nuevas.

Hijos míos, ¡no os ilusionéis con encontrar la liberación del mal y del pecado por fuera de Jesús!

No es posible porque Jesús es verdadero Dios y verdadero Hombre y lo que El ha realizado es obra de Dios. Jesús no es un justo entre los demás,  un profeta, un héroe o un soñador. Es Dios. Por su medio Dios entró  en vuestra historia de hombres con  todo su poder y os ha salvado.  ¿Qué seguridad más grande que esta podéis tener? No escuchéis la voces de aquellos que os  engañan mostrándoos un Jesús humano, fundador de una religión que se llama cristianismo. ¡No existe un “Dios cristiano” que se mezcla con los otros dioses! Existe un solo Dios, Trino y Uno; ese Dios que se ha hecho visible sobre la Tierra en mi Hijo Jesús. Frente a Él los falsos dioses desaparecen porque no tienen otra fuerza que la que le dan los hombres.

Hijitos, el mundo está lleno de falsos dioses y hay muchos que están listos para adorarlos. Tienen nombres y rostros diversos pero un mismo espíritu, el de Lucifer, que se esconde detrás de ellos  para seducir a los hombres  y llevarlos lejos del verdadero Dios. ¡Prestad atención, hijos! El demonio es astuto y fuerte y os tienta de todas las formas. Os induce a la rebelión contra el verdadero Dios, pone delante de vuestros ojos ídolos de todo tipo, os seduce con promesas falsas de riquezas fáciles y de poder. Os hace creer  que vosotros mismos sois como Dios, capaces de vencer todos los obstáculos. ¡No, esto no es verdad!

Hijos míos: os invito a reconocer con humildad que sois solamente criaturas y que tenéis necesidad  del amor y de la protección de Dios. Este es el primer paso para una auténtica conversión. Poned aparte el orgullo y dejaos salvar por Jesús. ¿Salvaros de qué cosa? Del pecado, que es violación de las leyes divinas y que os lleva a la muerte. La muerte no solo física que pone fin a la existencia terrenal. Hay una muerte más disimulada y sutil que muchos de vosotros experimentan cada día: la falta de paz, de alegría,  que está unida al peso de las preocupaciones y al sentimiento de culpa. La verdadera muerte es la falta de la vida de Dios dentro de vosotros, que solo Jesús puede daros. La vida de Dios  es una vida que surge  continuamente y que no conoce impedimentos. Jesús ha vencido la muerte por vosotros, para regalaros una vida nueva  con la que podéis enfrentar y vencer las tinieblas del mundo.  Os lo repito: ¡Dejaos salvar por Jesús!

Reconocerse como simples criaturas no significa no valorarse. Muchos piensan que Dios  quiera someteros a Él, negando o infravalorando vuestras capacidades. ¡Es un engaño! Al daros la vida, Dios os ha hecho el regalo del amor, de la inteligencia, de la fuerza. Os ha creado a su imagen y semejanza, y vuestro destino  es el de ser  hijos de Dios, colmados de gloria y de esplendor. Hijos míos no despreciéis los talentos que Dios  os ha dado, sino ¡entregad vuestra vida a Jesús!  Él la llenará de su Espíritu y os conducirá al Padre  y seréis salvos, dignos, felices.

Hijos míos, la vida sobre la Tierra es breve; es sólo  un soplo  frente a la eternidad. Utilizad bien vuestro tiempo y haced de vuestra vida  un espejo de la belleza y de la bondad de vuestro Señor. Él os ama y os  amará siempre, más allá de todas vuestras debilidades.  Y si os sucede  que pecáis ¡no temáis! Id humildemente a Mi Hijo Jesús y decidle que le amáis aunque no os sintáis capaces de amarlo. Os acogerá, os perdonará, os salvará. Mediante la Eucaristía os nutrirá con su Cuerpo  y con su Sangre seréis regenerados, listos  para participar de una nueva vida. Y yo estaré con vosotros cada vez que busquéis a Jesús;  os ayudaré siempre a encontrarlo e intercederé por vosotros.

Os  acompaño en vuestro camino y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”


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Mensaje  de la Madre de la humanidad a Stefania Caterina  

Mis queridos hijos:

Hoy deseo deciros que Dios vence el mal  en vosotros y alrededor de vosotros.

El mal, hijos, no es un principio abstracto sino un espíritu creado  por Dios y que se ha rebelado a Dios. Se llama Lucifer, y es el demonio  del cual  proviene  el origen y la fuerza de toda maldad. En torno a Lucifer existen millares de otros demonios que actúan a sus órdenes; siembran odio y confusión en las almas, suscitan envidias y peleas, inducen a pecar contra Dios y el prójimo. El conjunto de los demonios y de sus acciones  es el  MAL, con mayúscula,  que actúa incesantemente en el universo y al que todo hombre encuentra en su camino.

Si el hombre se abre al Mal y consiente a sus impulsos negativos, comete el  pecado y se corrompe: esto es el pecado: un comportamiento que nace de la aceptación  libre y conciente, por parte del hombre de aquello que es contrario a Dios. El pecador sabe que comete un pecado y actúa con intención deshonesta.

No debéis confundir el pecado con vuestras fragilidades humanas. A menudo os equivocáis porque sois débiles y superficiales; pero si reconocéis vuestros errores, os arrepentís y le pedís ayuda a Dios podéis reparar vuestros yerros. Dios comprende vuestra fragilidad y os endereza fácilmente si lo deseáis.

Cuando muchos hombres pecan y deliberadamente ignoran a Dios, como sucede sobre la Tierra, el pecado se multiplica y forma un manto espeso que cubre la humanidad entera; es semejante a una red que aprisiona las almas y las esclaviza; este es el espíritu del mundo, que hace sufrir a los hijos de Dios y que hoy es poderoso sobre la Tierra.  Es de este espíritu que nacen las ideas equivocadas,  los comportamientos ambiguos y las modas perversas que dirigen las vidas de muchas personas. El  demonio nutre el espíritu del mundo sugiriendo a los hombres propósitos malvados  e induciéndolos a pecar.

La situación de la Tierra hoy es  grave porque la mayor parte de la humanidad ha perdido el camino al verdadero Dios. Sin embargo si amáis a Dios  y reconocéis a mi Hijo Jesús como único Señor y Salvador no tenéis nada que temer. Jesús vino a la Tierra para enfrentar y vencer  el Mal de una vez para siempre. Si lo acogéis como vuestro Salvador, El actuará  con su poder y el mal no os podrá dañar.

Si hoy el Mal gobierna sobre  la Tierra es porque muchos hombres ignoran o rechazan a mi Hijo Jesús,  el único que podrá revelaros al verdadero Dios; el único que sabe oponerse al demonio y derrotarlo. Sin embargo la Redención operada por Jesús a favor de todos los hombres no es acogida por todos los hombres; muchos continúan cometiendo grandes pecados atraídos por los halagos  del demonio que les promete una felicidad ilusoria y una falsa libertad. Así el espíritu del mundo se engrandece y se refuerza cada día más  y podéis ver las consecuencias.

Sabedlo, hijitos que el diablo actúa sin descanso  y que todos vosotros, sin excepción  estáis expuestos a la tentación. ¿Qué es la tentación?  Es la acción incesante del Mal  que busca entrar en vuestra vida, sirviéndose  de vuestros pensamientos y de vuestros sentidos. Dios permite las tentaciones porque os reforzáis en la lucha contra el demonio; pero no os deja solos en la tentación. Os muestra siempre el camino de escape. Así que cada vez  que vencéis el Mal en vosotros, os santificáis siempre más y podéis ayudar a otros a vencer las tentaciones. ¡Hijitos,  consagradme vuestros sentidos y vuestros pensamientos! Yo los custodiaré en la pureza y los ofreceré  a Dios. Poneos  al resguardo en mi Corazón Inmaculado, que no conoció nunca el Mal, para que yo lo preserve del pecado. Os ofreceré continuamente a mi Hijo, e intercederé por todos vosotros para que el Espíritu Santo os colme de sus dones. Así estaréis íntegros, verdaderos  hijos de Dios que honran al  Padre, creen en el Hijo y escuchan la voz del Espíritu Santo.

Vosotros solos no podréis vencer el Mal; ningún hombre podría hacerlo sin la intervención de Dios Uno y Trino. Dejadle entonces a Dios  la posibilidad de actuar libremente en vosotros,  colocando vuestras vidas en sus manos. De esta forma resultaréis siempre vencedores sobre el Mal, porque en cada prueba experimentaréis la victoria de Jesús. Su muerte y resurrección actuarán en vosotros, os comunicarán la santidad, cuyos frutos se derramarán en el ambiente que os rodea y sobre la humanidad entera. La santidad de los Hijos de Dios es el arma más poderosa contra el infierno. Con vuestra santidad Dios vence el Mal dentro de vosotros y torno de vosotros. Allí donde vive un santo la tierra florece y las criaturas gozan de la presencia de Dios que vive en  ese Santo.

Por esto os invito  a la santidad,  que no es una obra humana  sino que es obra de Dios. Ella brota en lo íntimo de quien cree y se abandona plena y humildemente a la acción divina. La santidad no requiere grandes obras sino que requiere fe y abandono confiado. Las grandes obras las cumple Dios en vosotros; al hombre le toca creer y dejar actuar  al Omnipotente, como lo hice Yo.

Sed simples, hijos míos, sed humildes y dejad que Dios os transforme día a día. Entonces surgirá vuestra verdadera imagen, aquella que Dios ha impreso en vosotros y no aquella que vosotros o los demás quisieran ver.  Así seréis la alegría de Dios y de los hijos de Dios. El mal os rozará pero no os podrá vencer.

Yo soy vuestra Madre y os amo. Os quiero a todos conmigo en la nueva creación, allí donde el   Mal y el pecado no entrarán. Camino con vosotros y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

 


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SERÉ LA VOZ DE LOS POBRES DE DIOS

Mensaje  de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de Fátima, 13 de mayo de 2017

A Stefania Caterina.

Queridos hijos:

Hoy  me habéis dado mucha alegría porque estáis tan deseosos de honrarme. Hoy muchos hijos sobre la Tierra me dan alabanza y gloria, y yo le transmito todo esto al Señor por vosotros.

En todas mis apariciones me he servido de instrumentos simples,  pequeños, humildes. Ellos  fueron mi voz frente a la humanidad; del mismo modo yo he sido su voz delante de Dios. Yo  soy la voz de todos mis hijos delante de Dios, sobre todo de mis hijos más pequeños, más pobres y más humildes; de aquellos que no piden otra cosa que poderme amar.

Hijos, el mundo está dominado por arrogantes, está en manos de los violentos y bien podéis ver cómo van las cosas. Pero yo os digo que el Señor tiene firmemente  en sus manos el destino de los hombres y no dejará que sus pequeños sean aplastados. Ningún hijo de Dios será aplastado y yo seré  la voz de estos pequeños delante de Dios y delante de la humanidad. Lo seré también delante de esa parte de la Iglesia que habla mucho de los  pobres, pero no  los protege; hace muchas obras a favor de los   pobres pero no ama los verdaderos pobres que son los pobres de Dios. Si los amase verdaderamente habría revelado todo lo que he dicho en Fátima, porque yo he hablado por amor de los pequeños.

Hijos míos, el mundo no se salvará sin el verdadero Dios y sin la comunión entre los hijos de Dios. Me refiero a todos los hijos de Dios presentes en muchas partes del universo y que Dios está llamando a reunirse. Dios busca a sus hijos, quiere salvarlos y utilizarlos como instrumento de salvación para toda la humanidad. También vosotros podéis ser instrumentos de salvación si lo queréis. Yo deseo servirme de vosotros para llevar sobre la Tierra el grandioso anuncio que ya quería llevar a Fátima y que ha sido ocultado  por las intrigas de los hombres.

Este es el anuncio que quiero llevar por última vez sobre la Tierra:

* La humanidad  existe en todo  el universo.

* Toda la humanidad deberá elegir entre Jesucristo y Lucifer. Solo a través de Jesucristo podrá alcanzar al verdadero Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

* La humanidad que haya recibido a Jesucristo  será reunida de cada planeta para formar un  solo pueblo, unido a mi Hijo, Sumo Sacerdote. Será un pueblo unido, humilde pero fuerte en Dios;  que no conocerá más distancias ni barreras.

 

Hijos, os pido decidiros completamente por Jesús, y ayudarme en esta obra que Dios me ha confiado.  No deseo nada para mí, ninguna gloria.  Mi gloria sois vosotros.  Sois las estrellas de mi corona.  Yo soy la voz de mis hijos delante de Dios y lo seré delante de los poderosos arrogantes. Por amor de mis pequeños no me quedaré callada .Hablaré aún más y diré todo aquello que debía decir desde hace mucho tiempo.

Soy una persona viva,  y no una hermosa estatua para llevar en procesión. Mis hijos tienen derecho de escuchar la voz de su Madre que los ama, los llama y les enseña.  Hasta ahora he sido muy paciente y discreta. He perdonado tantas cosas. Ahora en cambio, es hora de despertar a mis hijos que sufren bajo la opresión  del  enemigo engañador, que parece invencible, pero que nada puede contra Dios y contra mí. Por esto, diré todo aquello que el Señor me permita deciros.  Soy su servidora y haré cuanto El me pida.

Yo soy Aquella que vive en la Santísima Trinidad.

 

Soy vuestra Madre, pero soy también la Reina del Universo. Este no es un simple título con el que me honráis: es mi misión. Soy Madre y Reina del Universo. Quizá este particular se os ha escapado; por eso os recuerdo que en cuanto Reina he recibido  Dios la gracia y el poder de actuar en todo el universo a favor de mis hijos. He recibido el poder de aplastar la cabeza de la serpiente y lo haré. Os hablaré  y os enseñaré todo aquello que debéis saber en este tiempo para vencer el mal  que anida en todos lados, aún en la  Iglesia. Tengo el derecho y el deber frente a Dios y a la humanidad  de hablar a mis hijos cuando quiero y como quiero, sin pedirle permiso a nadie. Dios me ha pedido usar hasta el límite mi  poder de Madre y Reina del Universo: lo haré por vosotros para ayudaros y protegeros, porque los tiempos son graves.

Os pido que me ayudéis, hijos, a salvar a muchos hermanos, trayéndolos a Dios. Sean también ustedes la voz de los últimos.

Hijos míos, ¡no os confiéis  en los poderosos de este mundo! Confiaos solo en Dios y también en mí. Yo seseo solo  vuestro bien y os confío a Dios porque esto es el verdadero bien para vosotros. Debéis hacerlo también  vosotros: confiad en Dios y entregaos completamente a Él.  Entregadle todo y todo os volverá centuplicado.

Os prometo, por el amor que me tenéis, que estaré siempre con vosotros. Donde estéis yo estaré con vosotros. Estaré a vuestro lado en todas las pruebas, en la alegría y en las dificultades. Seré vuestra voz delante de Dios,  y vosotros seréis mi voz delante de los hombres. Dios, que es vuestro  Padre,  os ama y os quiere felices y salvos a todos. Os quiere llevar a una nueva creación, tan bella y pura,  que nadie puede imaginar, y está preparada para vosotros al final de los tiempos.

Tened fe, hijitos, os espero en la nueva creación, pero estoy ya aquí con vosotros y camino con vosotros sobre los caminos del mundo; sobre el camino de cada hombre hacia la nueva creación.

Os bendigo con todo mi amor en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.  


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Ser pueblo misericordiosas y justos

Mensaje de Jesús a Stefania Caterina   

 

“Les traigo la alegría de la resurrección  como se la llevé a los apóstoles. Es la alegría que se prolongará hasta el final de los tiempos, y más allá del tiempo, porque en la nueva creación gustarán conmigo  la alegría plena de la resurrección.

Hoy recuerdan la Divina Misericordia. Yo soy la Misericordia del Padre que se ha hecho carne y descendió sobre la Tierra.

Hijitos, deseo que cada uno de ustedes y que todo este pueblo  sea un pueblo misericordioso, fuente de misericordia para toda la humanidad. La misericordia nace de la justicia. ¿de qué justicia hablo? No de aquella que piensan los hombres que a menudo es venganza, ojo por ojo, diente por diente; la justicia divina no es esta. La justicia en el pensamiento de Dios es vivir como justos, o sea, según las leyes de Dios y en la verdad. Yo soy la Verdad. Si permanecen unidos a Mí viven en la justicia de la Verdad; en esta justicia se vuelven capaces de misericordia.

Si el hombre no vive como justo no  puede dar misericordia y tampoco puede recibirla porque su corazón está cerrado.  Yo les he enseñado a perdonar. El perdón es una gran parte de la misericordia: pero misericordia quiere decir también inclinarse sobre el que sufre. El hombre justo y misericordioso no justifica el pecado pero se inclina sobre el  pecador; le tiende una mano como tantas veces Yo lo hice con ustedes. Les pido que sean un pueblo justo, que vive según la justicia y camina en la verdad, que se inclina sobre el que sufre y el que peca, lleva mi  palabra y está unido profundamente conmigo. De este modo serán  un  pueblo misericordioso. Sigue leyendo


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Estoy para volver al mundo

15 de abril 2017 – Vigilia pascual

 

Mensaje de Jesús

“Queridos hijos:

deseo pasar este momento aquí con vosotros, bendeciros, daros las gracias porque estáis esperando que mi luz vuelva otra vez a este mundo, y volverá. Hijos, yo pronto regresaré y quiero que estéis listos.

El mundo cree que yo soy un sepulcro pero ese sepulcro se abrirá y esta vez será para siempre. Nadie podrá aprisionar a mi pueblo en los muchos sepulcros construidos en esta Tierra y el el universo bajo.

Os esperan días grandiosos y también días difíciles, pero no tenéis que asustaros: el tiempo se acerca a la conclusión. No digo que esto pasará mañana pero el tiempo se acerca porque yo estoy a punto de volver al mundo a favor de todo el universo tal como ya he hecho una vez, pero esta vez lo haré para reunir a mi pueblo y llevarlo conmigo a mi Reino sin fin, al Reino donde la luz será eterna y no existirá la noche, en el que resplandecerá la vida en los hombres, en las criaturas.

Vosotros sois la primicia de la humanidad y yo os he elegido en este mundo y os he encomendado una tarea notable, la de mantener viva la memoria de mi venida. Tal como el pueblo de Israel tuvo que mantener viva la memoria de mi pirimera venida, vosotros debéis mantener viva la memoria de mi segunda venida, porque he prometido volver, y volveré. El mundo e incluso una buena parte de la Iglesia ha olvidado esta verdad pero yo regresaré y os invito a que seáis aquel pueblo que siempre mantiene las lámparas encendidas, con la cintura ceñida, el bastón en la mano, preparado para ir a anunciar mi vida que nace, que crece y que nunca morirá.

Os bendigo, esta noche impongo mis manos en cada uno de vosotros, en todo lo que lleváis dentro. Dejad todo lo que es viejo, dejadlo todo y entrad de una vez para siempre en la novedad de mi vida así como está dicho: caminad en una vida nueva. Yo estoy a vuestro lado, estoy a vuestro lado siempre, estoy dentro de vosotros, estoy a vuestra cabeza para que sigáis adelante. Cada uno de vosotros tiene un lugar propio en mi pueblo, cada uno tiene su servicio, cada uno tiene la plenitud porque yo os he llamado a esto. Haced resplandecer mis dones en vosotros y yo seré feliz cuando seáis felices. Mi Corazón se regocija cuando mis criaturas viven la plenitud.

Os bendigo junto a todo el Cuerpo Místico, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.


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Mensaje de la Madre de la humanidad

 del 13 de abril 2017 a Stefania Caterina

Queridos hijos míos:

Hoy deseo deciros que DIOS AMA Y PERDONA. Os ama tal como sois, como un padre ama a su hijo aunque frágil o desagradecido. Dios os ama por lo que sois, no por lo que tenéis y tampoco por lo que hacéis. Os agradece que os comprometáis por Él y se complace por vuestras buenas obras, pero os ama también cuando sois incapaces  de actuar, os abraza en vuestra debilidad y os sostiene con su amor. Pocos de vosotros comprenden su amor, sin embargo Él os sigue amando, siempre y a pesar de todo, en esta vida y más allá de la vida. Él es vuestro Padre para la eternidad. Siempre os busca para alcanzaros en cada una de vuestras soledades.

Os pido que empecéis a creer en serio en el amor que Dios os tiene y que le permitáis que os ame. Hijos, ¿por qué es tan difícil permitirle a Dios que os ame? ¿Por qué os da tanto miedo abriros a Él y entregarle vuestra vida? Os invito a que pongáis vuestra existencia en sus manos con toda confianza, dejando que el Señor guíe vuestros pasos. Enconces vuestra vida florecerá y nada os dará miedo, ni siquiera la muerte.

La Pascua de Resurrección se acerca y vosotros recordaréis la muerte y la resurrección de mi Hijo. Hijos míos, no permitáis que esta solemnidad se reduzca a las fiestas y al ruido del mundo. Comprended lo que Jesús ha hecho para vosotros. Pedid a Dios la luz para experimentar el poder de su perdón. Sí, hijos, Jesús ha muerto y resucitado para obtener el perdón de vuestros pecados. Os sugiero que miréis con sinceridad las situaciones de pecado en las que os habéis encontrado o encontráis, y que consideréis que Jesús ha muerto para daros la oportunidad de salir de ellas para siempre. Dadle las gracias por esto y volved hacia él vuestra mirada.

El pecado existe, hijos, no es un concepto abstracto sino una dura realidad que os quita la vida y la felicidad. El autor del pecado es Satanás, quien odia a los hijos de Dios. Jesús con su muerte y resurrección lo ha vencido. Si ofrecéis vuestra vida a mi Hijo, su victoria del mal será vuestra victoria, porque seréis uno con Jesús. Dios siempre os perdona si deseáis su perdón, pero tenéis que comprometeros en corregir vuestra vida, para que el perdón de Dios no se convierta en un hecho aislado sino que os lleve a una transformación interior. Intentad comprenderlo y pedid para obtener la luz. La vida en la Tierra es una larga peregrinación hacia la eternidad; elegid a Dios como compañero de viaje y el camino no resultará tan duro. Buscad ser felices.

Ruego por vosotros y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

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Queridos hijos mios,

Hoy deseo deciros que DIOS ESCUCHA Y COMPRENDE.  Escucha vuestras plegarias y comprende vuestras necesidades. Sin embargo, vosotros debéis aprender a rezar bien.  Os explico cómo rezar: presentad a Dios los problemas y las necesidades que os importunan y dejádselas a Él; dejad a sus pies también vuestros pecados y los de los demás. Pedid ayuda a Dios pero sin imponerle vuestras soluciones. Dios tiene sus soluciones que son siempre mejores que las vuestras. En cada prueba, pedid a Dios, primero de todo que os haga comprender aquello que debéis corregir en vosotros: siempre hay alguna cosa que corregir.

Después, dejadlo todo en sus manos, dejad transcurrir las cosas como vienen sin atormentaros más. Así entraréis en la paz de Dios y veréis las cosas bajo una nueva luz. El Espíritu Santo os inspirará nuevos propósitos y nuevas ideas; las soluciones aparecerán a vuestros ojos sin fatiga y sin ansiedad.

Tened la certeza de que Dios escucha las plegarias del que tiene fe. Cuando pedís con confianza la ayuda de Dios, Él comienza a ayudaros desde el mismo instante en que os dirigís a Él. Creed en lo que os digo y vuestras oraciones subirán al cielo y abrirán el Corazón de mi Hijo. Él pedirá al Padre lo que es justo para vosotros y el Padre os lo dará en la potencia del Espíritu Santo.

Ruego por vosotros y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

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