A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

Mensaje de la Madre dela humanidad a Stefania Caterina 13 de agosto de 2018

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Mis queridos hijos

Hoy deseo deciros que la vida terrena está hecha también de penas. Por pequeñas o grandes que sean, las pruebas forman parte inevitablemente  de vuestro camino existencial. Algunas de ellas provienen del ambiente en el que vivís y de las elecciones de quienes os rodean. Otras derivan de las elecciones,  del pensamiento colectivo y de los pecados de la humanidad que forman el espíritu del mundo, el cual frecuentemente  os condiciona dramáticamente. Otras, finalmente están causadas por vuestras opciones personales, por vuestro modo de pensar o por vuestros pecados. Quisiera ayudaros a entenderlo mejor.

Primero de todo, las pruebas no vienen de Dios  que desea para sus hijos solamente la felicidad. Dios permite que seáis probados para que os midáis con los desafíos  dela vida, para que os fortalezcáis en la batalla entre el bien y el mal, escogiendo lo que es justo según las leyes de la vida y rechazando lo que no lo es. Las pruebas afinan vuestro discernimiento y os ayudan a comprender mejor la realidad, pero también a vosotros mismos; vuestros límites, vuestras fortalezas, vuestras reacciones y los errores cometidos. Sin las pruebas permaneceríais infantiles, por eso Dios las permite.

Sin embargo, las pruebas sirven para vuestro crecimiento sólo si las afrontáis positivamente. Muchos hombres no consiguen afrontar las pruebas y su vida se reduce a un estado de supervivencia, del cual nacen frustraciones, indiferencia, depresiones, agresividad, maldiciones, rebelión y blasfemias. Hoy muchos hombres y mujeres sobre la Tierra viven así, y sus frutos se revierten sobre la humanidad entera con las consecuencias que veis.

¿Por qué tantos hombres no saben afrontar positivamente las pruebas de la vida? Porque falta en ellos la elección de fondo de pertenecer a Dios y de caminar con El.

Esta elección, como os lo he explicado sucede ya en el momento  de vuestra creación. Si el hombre escoge a Dios desde el inicio enfrentará las pruebas de modo adecuado con la ayuda y la protección de Dios. Quien lo rechaza enfrentará las pruebas a su modo guiado por el propio egoísmo y bajo el influjo del demonio. Quien permanece indeciso será zarandeado de aquí para allá y las pruebas le resultarán un tormento.

Os he explicado sin embargo que la elección en el momento de la concepción, por sí  sola  no basta para definir vuestra existencia. Vosotros sois libres y  por eso Dios pone a prueba a todos: quien ha dicho sí, quien ha dicho no, quien no ha dicho ni sí ni no. En cada prueba Dios está a vuestro lado y os tiende su mano. Estáis así nuevamente llamados a elegir si aceptar a Dios y a sus leyes, dándole la espalda al mal; si confiaros a Dios o a vosotros mismos. Debéis elegir entre el bien o el mal, entre Dios y Lucifer. Será siempre así hasta el último instante de vuestra vida terrena.

Hijitos, si escogéis a Dios  y ponéis vuestra vida en sus manos, las pruebas no os abatirán nunca. Incluso os volverán más fuertes y cada vez más cercanos a Dios, porque a menudo  es el dolor el que nos obliga a arrodillarnos; son las lágrimas que limpian vuestra mirada y Dios responde siempre a vuestro grito, cuando lo invocáis  con corazón sincero  y con el vivo deseo de hacer su voluntad.

Hijitos míos, cuando estéis en la prueba no pidáis a Dios las soluciones que vosotros consideráis apropiadas; muchas veces no lo son. Pedid en cambio al Padre que en la prueba se cumpla su voluntad. Entonces Él os regalará Jesús, el Salvador, y en su nombre mandará sobre vosotros al Espíritu Santo, Defensor y Consolador. Jesús cumplirá  en vosotros la voluntad del Padre,  en el poder del Espíritu Santo y vosotros superaréis toda prueba en la paz y recogeréis frutos de paz y de amor. Sabedlo hijitos que Jesús os confía a mí cuando sufrís, como me ha confiado a Juan al pie de la Cruz(1). El sabe que cuanto más sufrís más necesidad tenéis de una Madre. Y  yo estoy con vosotros en cada prueba, pequeña o grande; ruego por vosotros a mi Señor y a vuestro Señor pidiendo sólo aquello que es bueno para vuestra vida.

Hijos, como Madre os pido que comencéis a vivir como verdaderos hijos de Dios. Abandonaos definitivamente en las manos del Padre Celestial que alimenta los pájaros del cielo y viste a los lirios del campo y que os ama infinitamente.(2) Su Providencia no os faltará y vosotros seréis victoriosos con Jesús que ha vencido la muerte. Recordadlo siempre: que ninguna prueba puede ser más fuerte  que el amor que Dios tiene por vosotros. Ni siquiera la muerte os puede separar de su amor.(3 )

Estoy junto a vosotros en el camino, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

  • 19- 25,27
  • Mt 6- 24,34
  • 8- 35,39

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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