A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

Mi Padre trabaja siempre y también Yo trabajo. (Jn. 5, 17)

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Il Padre mio opera sempre e anch’io opero  (Gv 5, 17)2

Una introducción obligada

Queridos lectores:

Los mensajes que Jesús me está dictando en estos días y que serán publicados en los próximos meses, trazan decididamente el camino a los acontecimientos que nos esperan.  He sentido por lo tanto el deber de escribir esta introducción para ayudaros a entrar adecuadamente en los temas que leeréis.

Hasta hoy os he comunicado las revelaciones que he recibido de Dios. En  mi primer libro “Más allá de la gran barrera” que termina en el cap. 15 con el título  “La nueva Creación” os he presentado el mensaje central de todas las revelaciones recibidas, esto es, el de recapitular en Cristo todas las cosas en el cielo y en la tierra. He buscado de conduciros a los acontecimientos que afectarán a la Tierra y al universo. En estos días Jesús me ha comunicado que desea prepararnos, en los próximos meses, a  los acontecimientos  que nos esperan en el futuro inmediato.

¿Cómo enfrentar tales eventos? Considero que en estos años, a través de tantas explicaciones que he recibido y que os he comunicado, hemos recibido la gracia de comprender el recorrido interior que nos prepara para entrar en el pensamiento de Cristo, para comprender el misterio de Dios y de la vida, para elevarnos y transformarnos hasta resultar criaturas nuevas. Os he hablado de este camino espiritual particularmente en el libro “Reescribir la historia-Vol 1 En el pensamiento de Dios”. Además, habéis estado acompañados por los mensajes publicados mensualmente en este sitio, que continúan, y que nos introducen  cada vez más  en una fase seria  de preparación y de decisión.

Yo no puedo comentar estos mensajes.  Serán Jesús mismo y su Santo Espíritu quienes  lo expliquen en vuestro corazón. A vosotros corresponde dar una respuesta para comprender las palabras que leeréis. En fin, corresponde a todos nosotros empeñarnos nosotros mismos, por la Tierra y por el universo entero, para que puedan realizarse las promesas de Dios

El mensaje que os ha llegado a través mío es para todos los hombres de buena voluntad, cristianos o no, creyentes o no.  Personalmente no pretendo  imponer nada a nadie, no quiero imponer ni siquiera a Jesucristo.  Deseo simplemente ser un testimonio fiel  del Dios viviente ante la presencia  de todo hombre y de toda criatura. La Biblia afirma a propósito  de Jesucristo: “por medio de Él Dios  ha creado el universo y ahora lo ha constituído Señor  de todas las cosas. Él es el espejo de la gloria de Dios, la imagen perfecta de aquello que Dios es. Su palabra poderosa sostiene todo el universo” (Heb.1,2-3) Esta imagen perfecta de aquello que Dios es, se  manifestará a todos nosotros, antes o después de  nuestra muerte, y cada uno deberá dar su respuesta; si acepta o no la verdad eterna. Deberá pronunciar  un SI o un NO.  Nadie podrá escapar.

En el tiempo que está por delante nuestro Jesús actuará con gran poder del Espíritu Santo  dentro de nuestro espíritu, para llevar a la salvación a la humanidad entera. Buscará  las personas de buena voluntad, creyentes o no creyentes.

Junto todos aquellos que se adhieran a este programa yo me ofrezco a Jesús a través de María Santísima y ruego por vosotros. Espero que también vosotros os unáis al mismo programa para ser la gran esperanza de la  humanidad, la cual, sin Dios,  no hará otra cosa que hundirse en la confusión y en la desesperación.

Al dejaros con las palabras de Jesús, os saludo y os bendigo en Cristo.

Mensaje de Jesús del  29 de agosto de 2011-

Mi Padre trabaja siempre y también Yo trabajo. ( Jn.5, 17)

“¡Os bendigo mis queridos hijos! Hoy deseo hablaros de la obra de Dios en este tiempo  y del cuadro general en el que se insertan vuestra vida y vuestra misión.

Tratad sobre todo de entender que no estáis ubicados por casualidad en la realidad en que vivís, sino por un proyecto divino preciso. Cualquier cosa que penséis de vosotros mismos o que los demás piensen de vosotros, sabed que vuestra vida es preciosa en el tiempo y en el lugar que os encontráis, según los  proyectos de Dios. Fuisteis previstos para esta realidad y por esto Dios os ha dado potencialidades originales e irrepetibles. Nadie es igual a vosotros en el universo, porque la  creatividad de Dios es ilimitada e inagotable, y por eso, cada uno de vosotros es absolutamente original en su ser y en su actuar.

Sin embargo, muchos sobre la Tierra viven por debajo de sus potencialidades porque no se entregan a mí. Sólo yo conozco perfectamente el proyecto del Padre para cada uno de vosotros porque yo he recibido de El  la orden de llevar a cumplimiento en cada hombre su obra; Yo actúo en vosotros con el poder del Espíritu Santo, el cual continuamente os ilumina y os envuelve, os inspira para indicaros el camino hacia mí, para que yo os revele cuál  es la voluntad del Padre para vosotros. Sin mí no llegaréis realmente a conoceros a vosotros mismos ni conocer aquello  que se os ha pedido hacer en esta vida.

El Espíritu Santo y yo trabajamos continuamente para realizar el proyecto  del Padre en cada uno de vosotros, pero solamente lo podemos hacer con la ayuda de vuestra libertad, o sea, cuando escogéis voluntaria y libremente amar y servir a Dios y entregaros a El. Esta es la condición indispensable para que vuestras potencialidades se activen y actúen. Efectivamente, en el momento en que os decidís de vivir para Dios y de abandonaros totalmente a su voluntad se inicia en vosotros la acción de la Santísima Trinidad, que poco a poco, transforma vuestra vida y vuestros pensamientos. De  esta forma comenzáis a tomar conciencia de lo que sois  en Dios y  a incidir sobre la realidad en una forma creativa, porque es la creatividad divina la que trabaja en vosotros. Deseo que estéis concientes de cuanto os estoy diciendo, porque el saber conciente que Dios está activo en vosotros, independientemente de vuestra fragilidad humana, es determinante para vuestra misión en el tiempo en el que estáis viviendo.

El vuestro es un tiempo grandioso y difícil para todo el universo. Grandioso por la potencia de los acontecimientos que la mano de Dios está preparando, y difícil porque es un tiempo  de lucha contra las fuerzas del mal, una lucha siempre más abierta. Todo esto no tiene relación exclusivamente con la Tierra, sino con la creación entera y con todos los hombres que pueblan muchos otros planetas.(1) Ya os es he dicho que son tan hijos de Dios como vosotros y que yo he dado mi vida también por ellos. Son vuestros hermanos, en quienes se debe cumplir perfectamente el proyecto de mi Padre justamente como en  vosotros.

¿Cuál es el proyecto del Padre? Llevar la creación entera al estado  de integridad y de perfección que ella tenía antes del pecado original; retornar a cada hombre a la dignidad y a la gloria de hijo de Dios. Todos los hombres y cada criatura que existe en el universo deben ser liberados de la corrupción y de la muerte, que se han infiltrados en la obra de Dios a causa del pecado de vuestros progenitores. El hombre  debe retornar a una justa relación con Dios, reconociéndole la autoridad y sometiéndose a su guía. ¿Cómo hará el Padre para realizar este proyecto?  Recapitulando todo la creación en mí, porque El me ha dado  todo el poder en todo el universo.

Por esto estoy  manos en la obra, para que todos aquellos que vendrán a mí, sean introducidos por mí en una relación nueva y filial con el Padre.

Estos serán instruidos interiormente por mí para estar preparados a comprender  y a vivir los acontecimientos que le esperan a la humanidad. Cuando  mi obra sea cumplida en cada uno y en todo el universo, volveré en mi gloria, e introduciré a todos aquellos que me pertenecen en la creación nueva, incorrupta e incorruptible.

Será esta la  dimensión  nueva y purísima del espíritu donde vivirá la humanidad redimida, será el reino de los cielos que entregaré a mi Padre al final de los tiempos, pero que ya desde ahora pertenece a cuantos viven para mí y en mí.(2)

Il Padre mio opera sempre e anch’io opero  (Gv 5, 17)1

Al contrario, cuantos hubieran quedado fuera de mí, porque  no me hubieran acogido ni reconocido  como Hijo de Dios y Salvador, no entrarán en la nueva creación.

Yo he venido a la Tierra para dar comienzo a un tiempo nuevo, definitivo y decisivo para la humanidad de todo el universo. Después de mi muerte y resurrección e comenzado un camino progresivo hacia la nueva creación. Con mi pasión he cumplido delante del Padre con toda justicia, lavando con mi sangre la culpa de los progenitores y cancelando vuestra pesada deuda. Así he abierto el camino a cada hombre de buena voluntad que quiera acogerme y seguirme. Si os entregáis  a vosotros mismos, os conduciré perfectamente según los planes de Dios, para introduciros un día en el reino de los cielos.  Pero corresponde a vosotros caminar. ¡No penséis que yo haga también vuestra parte! Yo estoy cerca y os sostengo  pero no camino en vuestro lugar. A menudo los cristianos se recuestan sobre mí, pensando que  yo  ya lo he hecho todo y que ellos no deban hacer más nada. Se contentan con participar en algún rito religioso y así se creen en su lugar. ¡No, hijos, esta actitud está equivocada! Yo os he redimido, es cierto, pero si os quedáis inertes y pasivos sin tomar sobre vosotros la responsabilidad que os corresponde, como hombres espiritualmente maduros,¿cómo podrá dar frutos  la redención en vosotros?  ¿En qué os distinguiréis de aquellos que no creen? Mi vida y mi obra se deben encarnar en cada uno de vosotros, de modo que podáis hacer eficaz mi Sacrificio, volverlo vivo y visible, a favor de vosotros mismos y de los demás. No basta creer en la Redención, es necesario entrar plenamente, tomando la propia cruz y siguiéndome.

Si esto vale a nivel de los individuos,  tanto más vale para la humanidad entera. Toda la humanidad deberá conocerme, acogerme y seguirme si quiere ser conducida por mí al Padre e introducida en el reino de los cielos. Solo a mí me corresponde reconducir la creación entera al Padre, por eso es preciso  que todo pase a través de mí.

¿Cuál es entonces vuestra tarea en este tiempo? Es creer firmemente en mí y ofreceros a mí, para que yo  pueda uniros a mí para llevaros al Padre. Esto significa ser recapitulados en mí; de este modo seréis parte de mi Cuerpo Místico, que es la fuerza más grande que opera en el universo. Del Cuerpo Místico forman parte mi Madre, los ángeles, los santos, y todos aquellos, vivos y difuntos que han creído y creen en mi obra, porque aman al Padre y me reconocen como Hijo de Dios y Redentor de la humanidad entera. Así resultaréis partícipes de la acción del Padre y de la mía, seréis parte de los ejércitos de Dios  que están trabajando poderosamente en este tiempo. He aquí  porque es absolutamente necesario que os decidáis a vivir para Dios, que os renovéis interiormente separándoos de vuestro egoísmo. Espero de cada uno de vosotros  una decisión seria e inequívoca. Tal decisión no    puede ser más revocable; esto vale  para cada uno y para la humanidad entera.

La trayectoria de todo el universo ha llegado a una encrucijada, particularmente para vosotros hombres y mujeres de la Tierra, un  planeta crucial en los planes de Dios. Aquí me encarné, fui muerto y resucité, y aquí he instituido  mi Iglesia, la primera célula del reino de Dios. De la Tierra habría debido iniciarse una potente misión de evangelización del universo entero. A esto en efecto está llamada la Iglesia de la Tierra: a ser un testimonio de mi muerte y resurrección, y portadora del anuncio de la salvación a todo hombre viviente en el universo, en los modos y en los tiempos previstos por Dios. Cada hombre en el universo está destinado a ser parte  de la Iglesia, o sea del pueblo de Dios, y no solo vuestra humanidad. No olvidéis que yo he muerto y resucitado por todos los hombres del universo.

Mi Padre le ha  dejado  a vuestra humanidad amplia libertad de decisión a lo largo de los milenios y no ha dejado de daros signos y profetas para que podáis comprender sus planes y adherir  a su obra y a la mía, para recapitular en mí el universo entero. Os ha  mandado a mi Madre, que innumerables veces os ha reclamado con fuerza y con dulzura, a la necesidad de volver a Dios.

Mucho ha sido hecho  por  mi pueblo sobre la Tierra, pero mucho queda por hacer. Hoy, sobre la Tierra, solo una pequeña parte de la humanidad cree en Dios, no obstante la obra de evangelización desarrollada por los cristianos. La evangelización del universo permanece como una cuestión  desconocida y rechazada por muchos, puesta en ridículo y nunca seriamente afrontada. ¿Por qué?  Por dos motivos fundamentales

  • El primero es que el pueblo de Dios, sobre la Tierra, se ha replegado sobre sí  mismo y sobre sus propias  dificultades. La fe ha sido y es vivida por muchos cristianos  como remedio para las desgracias de la vida. La vida sobre la Tierra, con todas sus dificultades, ha sido el centro de atención de toda predicación y misión. La Iglesia misma, esto es mi  pueblo, corre el riesgo de trabajar más  como institución de beneficencia que como depositaria de una misión universal. Ciertamente que no entiendo decir que las obras de caridad no sean necesarias; ¡todo lo contrario! Digo, sin embargo que no pueden constituir el único campo de acción de los cristianos, como en cambio parece ser para muchos.

Los cristianos han pensado demasiado en la Tierra y poco en el Cielo. Esto ha creado un círculo vicioso: cuanto más se preocupan los cristianos de las cosas terrenales, más se esclavizan. Veo un  gran aplastamiento de mi pueblo, y también de muchos pastores que giran en torno de empresas terrenales. Es evidente que todos vosotros tenéis deberes y responsabilidades  y que la vida terrenal es objetivamente difícil; pero vuestro corazón debe permanecer libre de los afanes de la cotidianidad, para elevarse a Dios y a las cosas del cielo. Solo así podréis alcanzar  el conocimiento de las cosas de Dios. En cambio, dos milenios después de mi venida, a pesar de la fe que profesáis en mí y de las enseñanzas del Evangelio no habéis  logrado todavía sacar la cabeza de vuestros problemas terrenales. Esto significa que vuestra fe es débil. Entonces, como ya se lo  dije a Nicodemo,(3)  si no creéis cuando os hablo de cosas terrenales ¿cómo puedo hablaros de cosas celestiales? ¿Cómo lograréis creer, y cómo os colocaréis frente a ellas?

Il Padre mio opera sempre e anch’io opero  (Gv 5, 17)

Por eso no se ha desarrollado  plenamente la dimensión universal del cristianismo;  universal en cuanto capaz de abrazar todo  el universo. Habría querido desde hace mucho tiempo hablaros de las cosas del cielo, pero nunca estabais  preparados. ¡Sin embargo no le han faltado señales a esta humanidad de la existencia de la vida  en otros planetas!  Os digo que no le han faltado ni siquiera a la Iglesia. ¿Quién los ha querido y sabido leer a la luz de la fe? Pocos; y esos pocos han sido duramente perseguidos.

Ahora ha llegado el tiempo que os hable de las cosas del cielo. No puedo espera más el despertar de quien no quiere entender, porque muchos hombres sobre otros planetas esperan ser despertados a la fe. No es justo que esperen hasta el infinito. Os aseguro que la humanidad de la Tierra no podrá hacer a menos de la comunión  con los otros hombres del universo, porque es precisamente esta comunión la que expresa en toda su dinamicidad, la universalidad de la fe cristiana. La comunión de la que hablo existía en el momento de la creación pero fue destrozada por  el pecado original; deberá volver a revivir, a través de mí. Dios es Padre de todos. Y  si la Iglesia es madre, deberá serlo para todos. Quien tenga oídos que oiga.

Por lo tanto ¡despertaos cristianos de la Tierra, y comenzad a elevar la mirada! Solamente así podréis comprender lo que mi Espíritu continuamente os enseña.

  • El segundo motivo es que las fuerzas del mal, con Lucifer a la cabeza han actuado poderosamente sobre la Tierra. Han encasillado a la humanidad en sistemas cerrados que han oprimido  la conciencia del individuo, privándolo de la libertad y de la identidad. Sistemas políticos, económicos, sociales, científicos y también religiosos reinan sobre la Tierra y tienen la finalidad de crear ideas, convicciones y modelos para someter a los pueblos que resultan progresivamente privados de su libertad.  Esto le asegura y garantiza el poder a unos pocos. La Tierra, en efecto está gobernada por una restringida oligarquía de poderosos, consagrados a Lucifer que operan por encima de todos los sistemas y controlan  a la humanidad entera.

Estos tienen conocimiento, desde hace siglos, de la vida en el universo, pero se cuidan bien de hablar.  Han pactado alianzas  con humanidades de planetas rebeldes a Dios, movidos por el deseo de dominar no solamente la Tierra, sino todo el universo,  y temen sobremanera a las humanidades  de los planetas fieles a Dios.

Hasta hoy,  han impedido a los pueblos  conocer la realidad de las cosas porque temen perder el  poder, temen que la humanidad de la Tierra sea visitada y ayudada por las humanidades fieles a Dios, porque para ellos sería el fin. Estáis prisioneros en un juego sutil que pasa por encima  de vuestras cabezas y os lleva fuera de la verdad. ¡Abrid los ojos; las señales no os faltarán!

Los sistemas creados por Lucifer, con la complicidad de hombres ávidos y corruptos,  engendran las estructuras, organizaciones  con  miles de siglas diversas, cuyas reglas sirven  para proteger  los sistemas de los que han nacido. Son innumerables y trabajan en todos los campos. Por fuera de los sistemas y de las estructuras el hombre de la Tierra no logra más vivir, porque por siglos y siglos ha estado encuadrado en ellas. Sistemas y estructuras han plasmado generaciones enteras de individuos que piensan y actúan según las leyes  de los sistemas y no según las leyes divinas impresas  en el espíritu  de cada hombre. Así el hombre se ha alejado siempre más de Dios, perdiendo certezas y esperanzas y ha debido apoyar su falsa seguridad sobre sistemas que considera infalibles, porque está inducido a pensar así.

Las religiones mismas, por muchos aspectos,  se han  transformado en sistemas que generan estructuras. Para muchos creyentes, el sistema religioso, hecho de reglas, códigos, mandamientos y prohibiciones ha resultado el ídolo  que tomó el  puesto de Dios.

El hombre de la Tierra no se siente más parte la humanidad, sino de un conjunto de sistemas, que lo tiene sometido, y lo vuelve incapaz de pensar con la propia cabeza. Quien se coloca fuera  de las reglas impuestas por los sistemas, es sacado del juego, no cuenta más para nada,  es condenado a muerte como me sucedió a mí.

Por eso pocos tienen el coraje de oponerse.

¡Esto es exactamente lo contrario  de lo que desea el Padre Celestial! El los ha creado libres, y os ha regalado su pensamiento, no ciertamente para encasillaros, sino para permitirle a vuestras potencialidades  actuar a favor del género humano íntegro.  Sois hijos de Dios si tenéis el poder de actuar como hijos de Dios; sin embargo habéis resultado  hijos de vuestros sistemas, pequeños robots que actúan por control.  ¡Arrepentíos y volved al verdadero Dios. dejad finalmente de adorar falsos dioses!

Ahora el Padre ha decidido imprimirle un  giro fuerte y definitivo al camino de la humanidad entera, comenzando justamente desde la Tierra. Los eventos que se desenvolverán serán decisivos para todo el universo. El Padre me ha dado todo el poder para liberar la Tierra y el universo de la opresión de las fuerzas del mal y  Yo lo haré.

Comenzaré por poner en crisis todos los sistemas que dominan la Tierra. Ellos vacilarán y se chocarán unos con otros hasta aniquilarse mutuamente. Veréis derrumbarse la autoridad de aquellos que se creen poderosos y dominan la conciencia de los hombres. Frente a tanta confusión muchos volverán a Dios, mientras otros continuarán aferrándose a los viejos sistemas, de los cuales no recibirán más ningún auxilio. Todos serán colocados frente a una opción: con Dios o contra Dios. Quedará una sola autoridad creíble: la de Dios. Esta obra mía ya está en ejecución, y si observáis atentamente, podéis ver ya los primeros efectos.

Simultáneamente despertaré y potenciaré mi pueblo sobre la Tierra. Actuaré con fuerza en el espíritu de todos aquellos que muestran buena voluntad, para llevarlos a la libertad interior, a la capacidad de discernir y de decidir según las leyes de Dios, y no según las reglas de los sistemas. También esta obra mía está ya comenzada y se desarrolla silenciosamente en la profundidad de muchos hombres. ¡Dios no  hace ruido cuando actúa, pero actúa!

Está naciendo un pueblo nuevo, fuerte en el espíritu, independiente de las falsas autoridades, y separado de todo compromiso con la verdad; está compuesto de hombres y mujeres fieles a Dios, que viven entre ellos la verdadera comunión fraterna, abiertos a la novedad del Espíritu. Este pueblo  es como un fuego que arde bajo las cenizas: cuando sople sobre ellas aquel fuego se expandirá y ya no podrá ser nunca más controlado.

Actuaré potentemente también en el universo. Aquí puedo contar con las humanidades que permanecieron fieles a Dios, que no cometieron el pecado original. Están preparadas para colaborar con mi obra, poniéndome a mi disposición su vida y sus capacidades. Estos hermanos vuestros trabajan al unísono con los ángeles, y cooperan plenamente con los planes de Dios. Los enviaré en auxilio de mi pueblo sobre la Tierra y sobre otros planetas. Ya en este momento, ellos viven una profunda comunión espiritual con  muchos de vosotros, porque el Espíritu Santo tiene el poder de unir entre ellos a los verdaderos hijos de Dios, más allá de todos los límites y distancias. Luego, cuando sea el momento justo, estos hermanos vuestros  se manifestarán abiertamente a la humanidad de la Tierra. ¡Tratad de encontraros preparados para aquel momento, porque después  podría ser ya tarde! Si os confiáis a mí yo os pondré en condición de estar preparados para el encuentro   con estos vuestros hermanos.

Este encuentro marcará para la Tierra un salto crucial de civilización y obligará a vuestra humanidad a revisar muchas de sus certezas en todos los campos. Por eso muchos tienen miedo. Os repito que no temáis, Yo os prepararé, si por fin dejáis aparte vuestros análisis, vuestra lógica, vuestra investigación científica, si os dejáis guiar por la fe.

Actuaré en el purgatorio (4), para que el mayor número  posible de almas entre  en la felicidad,  y coopere en mi obra con su plegaria. El purgatorio se sacudirá y las almas se pondrán decididamente en camino hacia el paraíso. Generaciones y generaciones se encuentran en el   purgatorio: se despertarán y arrastrarán también a los vivos  con la fuerza de su fe.

Ha comenzado un tiempo muy fuerte,  en el cual los signos de los tiempos serán siempre más evidentes, si los sabéis leer. Aumentará la rabia de Lucifer y se desencadenará contra todo y contra todos, pero no podrá dañar a cuantos me pertenezcan.

Veréis también la naturaleza inquieta, porque ella reacciona a los estímulos del bien y del mal  con una sensibilidad a menudo mayor que la vuestra. Ella será duramente golpeada por las fuerzas del mal, que tratarán de esta forma dañar a los hombres, pero no será destruida. Ella es obra de Dios y nadie la aniquilará. Será también ella recapitulada en mí  para ser renovada y transformada..Por eso, no temáis hijos míos frente a los eventos naturales que subseguirán. Ceñíos a mí y no tendréis nada que temer.

Por  ahora me detengo aquí, después os hablaré de otras cosas,  para que estéis preparados para aquello que vendrá. El Padre nunca le pide al hombre adherirse a aquello que no comprende; primero lo ilumina; después que pide que decida, porque Dios es leal con vosotros. El Padre me ha enviado entre vosotros para iluminar vuestro camino hacia Dios, y para poneros en  condiciones de caminar. Corresponde a vosotros decidir.

Os pido que oréis mucho y que os decidáis seriamente por Dios. Vuelvo a pediros que me entreguéis vuestras vidas para que yo os proteja y os prepare para los acontecimientos que os esperan. No se trata de catástrofes, como los más asustados temen, sino de pruebas necesarias para la  purificación de la humanidad, en vista de la creación nueva que os espera, bellísima e incorrupta. El Padre la ha preparado para aquellos que lo aman, y yo os llamo a formar parte. El Padre trabaja,  y también yo trabajo incesantemente: por eso vuestros ojos verán grandes cosas. Si tenéis fe las sabréis leer en la luz justa. Os aparecerán por lo que son: las maravillas del amor de Dios por su pueblo.

Os bendigo en el nombre  del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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