A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

LA POTENCIA DE LA CRUZ

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Queridos lectores:

En el mensaje que os  propongo, la Santísima Virgen María habla de la  potencia de la cruz.   Afronta, también,  temas importantes que se refieren a los tiempos que nos esperan y nos  llama a una seria decisión por Dios. Sus palabras son fuertes, como las de una madre que desea el bien para sus hijos y que conoce los peligros  que ellos corren.

Creo que estas palabras nos deben hacer reflexionar sobre nuestro modo de vivir y de testimoniar a Cristo en estos tiempos difíciles pero también grandiosos, en los que el Señor está trabajando para liberar  a sus  hijos de la corrupción  del mundo.

Os saludo y os bendigo en Cristo. Dios os de paz.

MENSAJE  DE LA SANTISIMA VIRGEN MARIA   del 14 setiembre de 2012-

Conmemoración de la Exaltación de la Santa Cruz

 

“Queridos hijos, os bendigo en este día importante en el que veneráis la cruz de mi Hijo. Hoy no celebráis  sólo el recuerdo de su suplicio sino el memorial de la potencia que brota de la cruz.  Olvidáis a menudo la potencia de la cruz, que es grande, muy grande.

Sobre la cruz, Jesús me ha confiado a Juan y lo confió a Juan, a mí. En aquel momento mi maternidad  se  expandió en toda su potencia.  La maternidad era un don puesto en mí desde mi concepción, pero la cruz, la muerte y la resurrección  de mi Hijo lo volvieron plenamente activo; lo mismo aconteció en Juan  y en tantos otros  en el correr de los siglos. Todas las gracias que el Señor os ha regalado en el momento de la concepción y en el bautismo  no serían nunca activas dentro de vosotros sin la fuerza que  mana de la cruz de Jesús. La cruz es mucho más que un símbolo  que recuerda el sacrificio de mi Hijo: de ella emana la potencia de Dios, vuelta operante por el sacrificio de Jesús. Por eso se coloca la  cruz sobre los altares: ella testimonia la potencia operante en el sacramento en virtud del sacrificio de mi Hijo. Para los cristianos la cruz o es  signo de muerte, pues ella actúa en vista de la resurrección.

Os invito, hoy, a renovar  vuestra fidelidad a mi Hijo que opera en vosotros a través de la potencia de la cruz. Cada uno de vosotros está llamado a llevar su propia cruz; pero no para ser aplastado por ella sino para ser colmado  de la  potencia que  brota de ella y os lleva directamente a la resurrección, siempre que llevéis la cruz  con amor a mi Hijo.

Ofreced sobre el altar todos los dones que habéis recibido  de Dios para que la potencia de la cruz los renueve y los refuerce en vista de  los tiempos especiales que os esperan; tiempos ricos de gracias, pero también de batallas y de sufrimientos a través de los que tendréis que pasar para vencer.  Al deciros  esto no pretendo asustaros; no tenéis nada que temer porque Dios os dará siempre la fuerza  para cumplir con lo que se os  pide.

Como verdadera Madre deseo advertiros que os esperan tiempos difíciles; una madre no esconde nunca a sus hijos el  peligro, aún cuando este pudiera turbarlo. Haced de modo que la potencia de la cruz os acompañe siempre,  manteneos unidos  a la  cruz de Jesús,  porque sin ella vuestros dones no podrán manifestarse y  operar en las situaciones que os esperan. Sin la fuerza de la cruz no se puede liberar la potencia de la resurrección.

En los tiempos que vendrán será inevitable el enfrentamiento con el espíritu del mundo: antes o después esto sucederá. Si no sucediera no sería un claro signo de contradicción; recordaos que sois un signo de contradicción  para el mundo, así como lo fue Jesús; por  eso el mundo os considerará muy fastidiosos. Seréis un signo de contradicción siempre más evidente y siempre más grande. En efecto, Dios está actuando en el corazón de los hombres de buena  voluntad para formarse un pueblo nuevo, fiel a él hasta lo último; este pueblo será un gran signo de contradicción. El enfrentamiento entre el pueblo nuevo y el viejo, aferrado a sus propios intereses, será inevitable. También en la Iglesia se darán grandes contrastes entre quienes estarán abiertos a la novedad de los tiempos con quienes con los estarán. Es justo que suceda así, porque sólo así Dios   podrá renovar su Iglesia.  La Iglesia no puede ser una asociación de personas unidas entre  sí por fines religiosos, inmutables a lo largo de los siglos. La Iglesia es un pueblo vivo que el Espíritu Santo guía y plasma incesantemente, en el que las personas están unidas entre ellas por el amor de Cristo para  testimoniar al  mundo ese mismo amor para gloria del  Padre.

Tiempos  nuevos se preparan  para la humanidad y caminos nuevos para el pueblo de Dios. La novedad de Dios no es nunca una revolución violenta: es un proceso de renovación y de transformación que nace  de cada hombre de buena  voluntad y se transmite a los demás hombres hasta renovar la multitud. Es una levadura que hace fermentar la masa, como se los ha explicado Jesús. Así ha sucedido en la venida de Jesús: pocos hombres, inflamados del amor divino han dado testimonio de sus enseñanzas y muchos han creído. Dios transforma sin destruir, porque quiere recuperar todo el bien  que hay en cada uno de vosotros.  También en la Iglesia hay mucho bien que no se perderá; sin embargo mi Hijo desea que su Iglesia manifieste en  plenitud la vida de la Trinidad, la única vida que os puede salvar. Por eso su mano pasará sobre la Iglesia y  restablecerá todo lo que  está desviado;  enderezará los caminos tortuosos,  se manifestará a su pueblo  como único Señor.

Muchas veces mi Señor me ha enviado a vosotros para ayudaros a entender su voluntad, para consolaros en vuestro caminar sobre la Tierra,  un camino espinoso que conozco bien.

He aparecido en muchos lugares de la Tierra y os llamado incesantemente al bien, a la vida con Dios, al arrepentimiento. Frecuentemente os  he curado de vuestras  enfermedades. Como una verdadera Madre me he inclinado sobre vosotros, pero no he venido sólo para consolaros: he venido para instruiros en las cosas de Dios, para indicaros un camino; pero pocos de vosotros lo han comprendido. A menudo os habéis limitado a pedirme una gracia sin  acoger aquello que quería deciros. Como niños testarudos habéis continuado sobre vuestro camino de siempre sin cambiaros a vosotros mismos, contentándoos con una caricia mía sin nunca echaros a mis brazos. Habéis llenado mis santuarios, aquellos que vosotros mismos construisteis, para llevarme vuestras penas sin nunca tomar lo que verdaderamente habría querido daros: la Vida de Dios que he llevado en mi seno y que llevo en mi Corazón: Jesús

Hijitos, no deseo reprocharos sino ayudaros a comprender. Todavía una vez más os invito a ofrecer vuestra vida a mi Hijo a través de mi  Corazón de Madre.  Poneos vosotros mismos y todas las cosas que  poseéis en las manos de Dios, dejaos  transformar por El. Renovad vuestros pensamientos, vuestras plegarias, vuestras aspiraciones. Elevaos a Dios y dejad aparte las cosas de la Tierra. Aún cuando poseáis muchas cosas una sola es la que cuenta: el amor a Dios; lo encontraréis cuando encontréis a Jesús en vuestro corazón.

 Tratad de crecer como hombres y como creyentes. Tened con Dios una relación de calidad: no basta con recitar apresuradamente una plegaria o participar apresuradamente en algún rito.  Si queréis formar parte  de la creación nueva  deberéis dejaros renovar completamente por el Espíritu Santo, y ser concientes de vuestra tarea de cristianos. ¿Cómo podéis hacer esto? Poniéndoos en camino seriamente  sobre las huellas de Jesús. ¡Tantas veces  y  en  tantos lugares diferentes, a lo largo de los siglos os he repetido la invitación de seguir a  mi Hijo  y a vivir según sus enseñanzas! Os he indicado cómo hacerlo usando siempre las mismas  palabras,  para que se imprimiesen en vuestras almas. Son  las palabras que os repito también  ahora: ofrecimiento de  vosotros mismos a Dios, abandono a su voluntad, plegaria, penitencia, renuncia al  propio egoísmo, conversión; sobre todo, el amor a Dios por encima de todo  y de todos. Son palabras importantes que Dios me ha mandado deciros

Pero quedarán vacías si no os decidís a morir a vosotros mismos  para renacer como criaturas nuevas.

Os reclamo una vez más a decidiros por Dios. Hijitos, no tenéis mucho tiempo para hacerlo porque Dios esta apretando los tiempos y si ahora  permanecéis  pasivos os encontraréis después en grandes dificultades, porque la mano de mi Hijo pasará velozmente y cambiarán muchas cosas. ¡por eso apresuraos a buscar al Señor; este es un momento de gracias especiales para cuantos quieran buscar a Dios!

Hijos  míos tan queridos, yo estaré siempre con vosotros y rogaré por vosotros. Os digo, sin  embargo, que se está por acabar el tiempo de mis apariciones sobre la Tierra. En los tiempos que vendrán podréis sentirme  vuestro lado, en espíritu, sólo si estáis unidos a Dios. Mis apariciones han sido  una gracia extraordinaria,

 Concedida gratuitamente a toda la humanidad, para que se convirtiese. No ha sido así: la gran parte de la humanidad  no ha creído en mis  apariciones; se ha burlado y ha  hostigado a quienes han creído. La Iglesia misma lo ha  hecho objeto de discusiones y   de negaciones sin fin y sin  sentido. Aún  mi presencia entre vosotros ha resultado un signo de contradicción, hasta en la Iglesia.

Ahora, el tiempo de las gracias concedidas gratuitamente está por acabarse, y Dios me envía  a decíroslo. El Señor, Dios del universo, no permitirá más a aquellos que no creen ultrajar a sus hijos  e impedirles el camino hacia El. Todos estáis llamados a una  elección  definitiva: con Dios o  contra Dios;  en el  medio no puede quedar  más nada.

 

Para aquellos que creen y caminan  con fidelidad delante  de Dios se abrirán en cambio,  dimensiones nuevas: las gracias rechazadas por el mundo y también  por muchos cristianos serán regaladas a los verdaderos hijos de Dios, aquellos en los que no hay falsedad. Se acabó el tiempo de la hipocresía.  Se acabó el tiempo  de las  excusas ante la verdad. Los que son sinceros recibirán de Dios fuerza e inteligencia para comprender en su espíritu los signos de los tiempos y para colaborar con los instrumentos extraordinarios de Dios que están todos en acción en este tiempo.

Todos aquellos que en estos años se han consagrado a mi Corazón con amor y sinceridad, que han caminado conmigo, que sufrido y orado, me sentirán muy cerca, porque estaré junto a ellos. Mi presencia será percibida por las almas buenas y simples con la misma intensidad con que hoy la perciben en mis santuarios.

Como os he  dicho, mis apariciones sobre la Tierra  cesarán; sin embargo el Señor,  en su gran misericordia, me ha concedido lo que le  pedí: que en mis santuarios  continúen   operando gracias especiales. He pedido  por vosotros esta gracia, para no dejar faltos de ayuda, sobre todo, a quienes entre vosotros,  apenas  que se han decidido por Dios y no están todavía en condiciones de sentirme en el  espíritu. Si son sinceros y fieles, recibirán fuerza y sostén en mis santuarios. Sabed, sin embargo,  que las gracias no serán más concedidas a aquellos que visitan mis santuarios sin fe, por pura curiosidad, por turismo o  para obtener algo y después olvidarse de las gracias recibidas. Sabed, también, que mis santuarios no serán más “mercados  religiosos”: deberán ser lugares de gracia y de silencio, donde el pueblo  hará memoria de mi venida entre vosotros, y me honrará como Madre y  Reina. Se acabó el tiempo de las astucias humanas y de las promesas no cumplidas. No se juega más con  el Señor: quien   promete seguirlo y serle fiel, deberá serlo en serio;  esto vale para todos,  desde el más grande al  más chico en el pueblo de Dios.

Queridos hijos, ¡que no os  parezca duro este lenguaje mío! Si  os hablo así es  porque os amo inmensamente y deseo que podáis un día  entrar en la creación nueva. Os hice un reclamo a la seriedad de estos tiempos pero no deseo que os turbéis. Todo está en las manos de Dios y quien se confía a El no tendrá nunca nada que temer.

Estad sin embargo preparados a ser signos de contradicción  para el  mundo,  porque esto  os dará la   posibilidad de ser verdaderos testimonios de Cristo. 

 

Lo que os he dicho sucederá  en los tiempos y en los modos previstos por  Dios y  que sólo El conoce; mucho dependerá de la decisión  de los hombres, de lo que sucederá dentro de  las almas. Por eso os  invito  de nuevo  a decir  SI  a Dios dejando de lado preocupaciones y temores. Tened fe y Dios realizará en vosotros, a través de vosotros y en el universo entero cuanto tiene previsto para el bien de sus  hijos. Quien rechace a Dios no podrá tener parte en su vida; os lo digo con dolor pero este es el tiempo  en que Dios está  evaluando a la humanidad. Después de tanta Misericordia de parte de Dios,  comienza ahora el tiempo de su Justicia; ella es tan necesaria como la Misericordia  para salvar a la  humanidad de la corrupción  de Lucifer. Pero no temáis: la Justicia de Dios va siempre del brazo con su Misericordia; si así no lo fuese ¿quién de vosotros podría estar delante del rostro de Dios?

He iniciado estas palabras hablándoos de la potencia de la Cruz. Ahora, más que nunca, esta potencia será viva y operante en el pueblo de Dios y  mantendrá a distancia al enemigo.  Os lo digo como vuestra Madre: tened fe y amad a Dios, el resto dejádselo  El y El cumplirá  perfectamente su obra.  No hay   más tiempo para afanarse por las cosas que  pasan; es tiempo de empeñarse por el reino de Dios con gran responsabilidad. Estoy muy cerca vuestro  y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

 

 

 

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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