A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

Recapitulados en Cristo- Situación en la que nos encontramos

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Reflexiones y oraciones

A cargo de Tomislav Vlašić

Situación en la que nos encontramos

1ª parte

 

Queridos oyentes, empezamos este camino de reflexión y oración de cada sábado a las 18:00. Hemos elegido el título “recapitulados en Cristo”, y hoy presentamos, en concreto, el tema: la situación en que nos encontramos hoy.

No quisiera repetir todas las cosas que hemos dicho todos estos años, quisiera partir de las palabras de San Pablo en su carta a los Efesios, en el primer capítulo: “Así Dios conduce la historia a su plenitud, reúne todas las cosas, tanto las del Cielo como las de la tierra, bajo una sola cabeza, Cristo.” (Efesios 1:10) Así que hablamos de la recapitulación en Cristo de todo el universo. Este tema es conocido por todos los cristianos, es una verdad de la fe. Me presento como testigo de los acontecimientos en curso de la recapitulación en Cristo de todo el universo y testimonio sobre las gracias que son dadas en estos tiempos a la humanidad, y quisiera ayudaros a preparar vuestro interior, para los acontecimientos, y por como podemos ser recapitulados en Cristo. Cuando os presentamos los acontecimientos en el universo, lo hacemos considerando como nos ven los ojos de Dios, como Dios nos guía y cómo da los instrumentos para este tiempo para llevar a la recapitulación de todo el universo en Cristo.

La situación en la que nos encontramos, en particular nosotros en la Tierra, es dura, dramática. Quiero resaltar algunos aspectos. La humanidad de la Tierra no ha dado la respuesta positiva esperada para el 2012 respecto al plan de recapitulación en Cristo de todo el universo. Ha faltado a su deber. La humanidad de la Tierra, y particularmente los cristianos, son testigos de que Jesucristo se encarnó en la Tierra, una sola vez, en favor de toda la humanidad de todo el universo; murió y resucitó. Esta gran potencia de Dios debería actuar en los testigos de Jesucristo en la Tierra; la Tierra ha faltado a este deber. Como se nos ha dicho, la Tierra tenia que ser la protagonista que llevara a cabo la evangelización de todo el universo, unida a los instrumentos extraordinarios, los hermanos fieles a Dios, y esto ha fracasado. La Tierra ha ralentizado este proceso de recapitulación en Cristo. La evangelización del universo, como ya sabéis, ha sido confiada a las humanidades fieles a Dios, encabezadas por la de Alfa Centauri. ¿Os habéis preguntado, qué significa esto para la Tierra? Os hemos comentado que los ritmos cambiarían. Con esto, los tiempos se aceleran, los acontecimientos serán más rápidos. Dios ha decidido cumplir sus promesas, dadas a través de Jesucristo, de recapitular todo en Cristo, hemos escuchado muchas veces que Dios no se hará atrás. Una vez más la responsabilidad de la Tierra es grande. Todos notamos cómo los eventos se aceleran, pero ¿nos hemos preguntado por qué? La recapitulación en Cristo, la evangelización del universo se ha iniciado. Los hermanos fieles a Dios no esperan tanto, ellos empiezan investidos de mucha gracia, de mucha potencia. A la humanidad de la Tierra le queda la evangelización de la Tierra, pero no es una misión de evangelización de la Tierra en la base a la catequesis elemental; en los mensajes, la referencia es el plan de recapitular en Cristo todo el universo.

¿Qué decís? ¿Habéis dado la respuesta? ¿Habéis formado núcleos? ¿Vuestras oraciones individuales, colectivas, tienen este contenido? ¿Ha mejorado la calidad de los grupos de oración, de la celebración eucarística, de la relación entre los cristianos? Son las preguntas a las que tenéis que responder vosotros y cada uno de nosotros. Para este año, a la tierra le ha sido dada una potencia extraordinaria, de esto, soy testimonio: el poder de la Santísima Trinidad, la acción trinitaria; y la Tierra es llamada de nuevo a acoger esta potencia trinitaria. La Iglesia ha definido su identidad profesando la manifestación de la vida trinitaria y en la celebración del Sacrificio de Cristo. Transcurridos seis meses (del año 2013) nos preguntamos si hemos dado la respuesta, si hemos dado la respuesta a la propuesta de San Miguel, que como un precursor de la segunda venida de Cristo, ha dado los puntos claros sobre como recorrer este camino, formar núcleos, para que todo el pueblo se convierta en un núcleo, un solo corazón, una sola alma, que nos lleve al Pentecostés cósmico. Jesús, en su mensaje, habló sobre el futuro de su pueblo y lo ve en estos pequeños núcleos, que al final se transforman en un único pueblo en todo el universo, el pueblo de Dios.  Reflexionad si ha habido respuesta de la humanidad de la Tierra, de los cristianos. Entonces, si falta la respuesta, mínimamente suficiente, este año, ¿que puede hacer Dios? ¿Respetar la libertad de los hombres de la Tierra que quieren sumir a la Tierra en el abismo, o intervenir externamente? ¿Sabéis lo que significa intervenir desde fuera? ¡Dar pruebas! Inevitablemente, con sufrimiento, si los hombres no están dispuestos a acoger a Dios como lo han acogido los que sintieron la alegría de participar de las leyes de Dios. Dios conducirá  al resto del pueblo, lo conducirá adelante para recapitular el resto al Cristo junto a todo el universo.

Hago un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad, incluso a aquellos que no creen en Dios, a los que no creen en Jesucristo, la llamada es ésta: ¿deseáis la verdad? Actuad en la verdad, no seáis corruptos respecto a la verdad. Todo científico debe ser incorrupto, decir la verdad, pero me refiero de modo especial a los cristianos: ellos tienen el deber de expresar la vida trinitaria de Dios Uno y Trino, manifestar a Jesucristo, tienen la tarea de llegar a ser transparentes como amigos de Dios. ¿Que está pasando en el universo? ¿Como actúa Jesucristo? Jesús confiaba en los apóstoles, confiaba a tres apóstoles en particular, Pedro, Santiago y Juan, su proyecto, su vida. Del mismo modo, Jesús quiere revelar, confiar a sus amigos, a quienes le siguen sinceramente, el porvenir del universo, pero solo se puede llegar a esto a través de una conversión sincera, a través de una apertura interior. Pues bien,  por eso os hemos invitado a todos a uniros a la oración cada sábado por la tarde a las 18:00, por supuesto, quien no pueda, que elija otro momento, pero sería bueno que el pueblo que se adhiera a este plan y se una al menos en espíritu a las 18:00. Nosotros comenzamos a orar a las dieciocho, oramos, después os enviamos nuestras reflexiones y de nuevo oramos sobre vosotros, por vosotros, vosotros oráis. ¿Qué oración? Rezad lo que habéis aprendido. Los cristianos tienen todos los medios, tienen los sacramentos, tienen a Dios en entre ellos, tienen a María SS. y los santos, Dios a añadido además los instrumentos extraordinarios. Los cristianos saben cómo orar, pero yo deseo, quisiera ayudaros a profundizar en la plegaria, para que podáis progresar en la plegaria, en el camino hacia Dios y en vuestra transformación.

Entonces, oremos ahora:

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Oh Dios, por tu gracia despierta en la memoria de nuestra alma todo lo que somos en ti, nuestra identidad, nuestra misión. Despierta nuestro espíritu para que con la ayuda de la gracia, podamos recibir todos los impulsos de tu Espíritu. Ilumina nuestra mente, fortalece la voluntad, acompáñala, enderézala. Sin tu ayuda, hasta aquello que rezamos puede ser una acción que gira entorno a nosotros, y entonces las lecturas que escuchemos no nos dirán nada, o poca cosa. Oh Jesús, abre nuestras almas, abre el camino ante de nosotros.

Hoy, la Iglesia Católica celebra la fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Los Católicos han participado en la liturgia, escucharon las lecturas, me gustaría ayudaros a través de estas lecturas a dar pasos concretos. Miremos la figura de San Pedro. En el capítulo 16 de San Mateo (Mt 16,15-17 ) se muestra el testimonio de San Pedro que profesó: “tu eres el mesías, el Hijo del Dios viviente”. Jesús lo alabó: “Feliz tu, Simón Pedro, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado la carne ni la sangre, sino mi Padre que esta en el Cielo”.

Señor , te lo ruego: abre nuestras profundidades y revélanos a tu Hijo. Revélalo a todos los hombres de buena voluntad.

Pedro no era perfecto. Tenia que corregir su actitud a través de diversas pruebas, y lo corrigió. Al final, cuando experimentó y participó de la resurrección de Cristo, el Resucitado le hizo esta pregunta: “¿Me amas más que éstos? la respuesta:  “Señor, tú sabes que te amo”, a continuación Jesús le explicó su camino: ” En verdad, cuando eras joven, tú mismo te ponías el cinturón e ibas a donde querías. Pero cuando llegues a viejo, abrirás los brazos y otro te amarrará la cintura y te llevará a donde no quieres.» (Juan 21, 15-19). En este momento vemos a un San Pedro maduro. Se deja guiar por el amor de Dios.

Oh Señor, te pedimos que nos dejemos guiar por tu amor. Amando a Dios mas allá de todos y todo, entonces, ni las circunstancias de nuestra vida en la tierra, ni los hombres, ni los acontecimientos no nos distraerán de tu mirada. Vamos a ser capaces de caminar por calles tortuosas y superar incluso la prueba de la muerte, estar contigo.

Pedro dio su vida a Cristo, y desde aquel momento toda su vida fue un testimonio de este amor de Cristo. Ahora, vemos en el texto que hemos escuchado en la liturgia de hoy como Dios guió a Pedro, Pedro, que lo amaba por encima de todo, y testimoniaba diciendo que “en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:12 ) , y por esto lo encerraron en la cárcel. Jaime asesinado, y Pedro en la cárcel a la espera que finalizara la fiesta. Después le esperaba el proceso, y probablemente lo hubieran condenado a muerte, porque esto agradaba a los Judíos. Y por la noche, mientras dormía, custodiado por soldados, un ángel se le apareció y le dijo: “Levántate, pronto. Las cadenas se le cayeron de las manos, y el ángel le dijo: Cíñete , y abróchate las sandalias, y así lo hizo. El ángel le dijo : Ponte tu manto y sígueme. Pedro salió y lo siguió, pero no se daba cuenta de que era realidad lo que le estaba sucediendo por obra del ángel, creía que era una visión. Pasaron el primer puesto de guardia, el segundo, y llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la puerta se abrió sola delante de ellos, salieron, caminaron por una calle y el ángel se alejó. Luego volviendo en sí, Pedro dijo: ahora se verdaderamente que el Señor ha enviado a su ángel y me ha librado de las manos de Herodes y de todo lo que el pueblo de Judea estaban esperando” (Hechos 12 : 5-11). Así como Jesús conducía a Pedro, puede conducirnos a cada uno de nosotros de acuerdo a nuestra originalidad y a nuestra misión. Si hemos entregado nuestra vida a Jesús y lo amamos por encima de todo. Amarlo por encima de todo significa permitir a Jesús operar siempre en nosotros.

Oh Señor y Dios nuestro, tú nos has abierto el camino y nos has dado todas las posibilidades, ayúdanos a abrir el corazón y seguirte. Sin abrirnos a ti, no podemos comprender nada, discutimos sobre los milagros, sobre tus intervenciones, no te vemos actuando en nosotros, no vemos tu mano, estamos perdidos. Señor, concédenos la conversión. No tenemos derecho a decir: yo no conozco el universo, ¿cómo puedo participar? No tenemos derecho a decir: Jesús no me ha hablado a mi como a ciertas personas, ¿cómo voy a saberlo? Eres tu que conduces a cada uno de nosotros. El problema no es que podamos comunicarnos con los hermanos del universo fieles a Dios, o con los ángeles, el problema es que no estamos dispuestos a comunicarnos con nosotros mismos, con nuestro prójimo,  no conseguir estar limpios, correctos los unos con los otros. Interviene, Señor, en tu pueblo, los cristianos no deberían ser así. Si nosotros, los cristianos, cambiamos de rumbo y nos abrimos a ti, el universo se abrirá a todo el mundo, todos conocerán el camino, tu camino que conduce al Padre. Danos la gracia en estos tiempos, acuérdate de todos los que son de buena voluntad, acuérdate de que muchos, fuera de la Iglesia esperan ver tu rostro en los cristianos.

Veamos también la figura de San Pablo. Tan pronto como recibió la revelación, como se evidencia en la carta a los Gálatas (Gal.1 0,15-17) inmediatamente, sin consultar a nadie acogió a Jesucristo, se puso a testimoniarlo y fue a profundizar en la oración, en el silencio, en el desierto. Su relación con Jesús, ¡fue instantánea!

Toca nuestros corazones, Señor. Hemos escuchado muchas palabras acerca de ti, ahora es el momento en que nosotros nos transformamos, tu quieres transformarnos . Da tu gracia a todos los que son de buena voluntad, que se despierten, se levanten inmediatamente y tengan una actitud responsable, incluso heroica, como San Pablo para dar testimonio de ti, renunciando a si mismos.

En otro pasaje de la segunda carta a Timoteo (2 Tim 4, 6-8), Pablo escribe: “Hijo mío, yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima, he peleado hasta el fin un buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe.
y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación”.

Ante las pruebas, como San Pablo, frente a la muerte, oh Señor, que podamos esperar la corona, no la derrota. Ante todas las pruebas, deseamos glorificarte. Tu serás glorificado en nosotros, y nosotros te glorificaremos. Señor, te pedimos que nos des el amor,  y con amor esperemos tu manifestación que llegará cuando todo sea recapitulado en ti. Este es nuestro deseo.

Concluyamos con la oración meditada: Padre, Padre nuestro, Padre de todos los hombres, de todas las criaturas, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo, y en todo el universo, en los vivos y en los difuntos. Que se realice tu Reino de amor, de paz, de vida eterna, en todos los hombres que desean alcanzar el Reino eterno. El pan nuestro de cada día dánoslo hoy, todo lo que necesitamos para llegar a la gloria, y también las cosas necesarias de la Tierra. Perdona nuestras ofensas, nos esforzamos por perdonar a los demás como tú nos has perdonado a nosotros. No permitas que caigamos en las pruebas, en las tentaciones, en tantas cosas que nos distraen de ti. custódianos,  protégenos y  llévanos a la vida eterna. Amen.

Y que la bendición de Dios descienda sobre vosotros; y que Dios, que se da a todas sus criaturas, especialmente a sus hijos los hombres, os manifieste su amor y que podáis sentir este amor que lleva a todo el universo y a toda vuestra vida hacia una dimensión nueva, hacia la transformación de la humanidad, a la criatura nueva;  yo os bendigo y os acompaño en la oración, con la oferta de todos nosotros, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hasta el próximo sábado.

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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