A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

Recapitulados en Cristo – Oferta de la vida a Jesús a través de María Santísima

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Reflexiones y oraciones

A cargo de  Tomislav Vlašić

Oferta de la vida a Jesús a través de María Santísima

5ª Parte

 

Queridos hermanos, queridas hermanas, continuamos con el tema “recapitulados en Cristo”. El tema de hoy es “la oferta de la vida a Jesús a través de María Santísima”. Este es el hilo conductor de nuestra predicación y nuestro testimonio y el fundamento del mensaje cristiano. Sin esta condición, no podemos alcanzar las promesas del Señor,  no podemos ir más allá de la Gran Barrera, no se puede llegar a la nueva creación. Elevemos nuestra oración al comienzo de esta reflexión:

Oh Dios nuestro, el pasaje Pascual de tu Hijo, al que estamos también llamados, es claro como el sol cuando el cielo está despejado, pero cuando hay nubes no vemos el sol. Cuando hay las nubes de nuestro egoísmo, egocentrismo todo se oscurece en nosotros. Nuestro espíritu se ofusca y no vemos los misterios que Dios nos comunica como una luz. Danos la luz, danos la gracia de abrirnos, para acoger la llamada cristiana y ser fieles a lo que Jesús nos ha transmitido a través de los apóstoles.

¿Cuál es la llamada de un cristiano? La llamada del cristiano es amar a Jesús más que al padre, la madre, hijo o hija. Quién no lo ama más, no es digno de él, así lo dijo. Por desgracia, esto se considera, en la mentalidad cristiana, aplicable solo a los religiosos o sacerdotes, pero esto es válido para todos los discípulos de Cristo. para todos los que quieran seguir a Jesús. El texto de San Mateo, capítulo 10 continua diciéndonos: “El que no tome su cruz y me siga, no es digno de mí. Quién trate de salvar su vida, la perderá. Quién esté dispuesto a sacrificar su vida por mí, la encontrará” (Mateo 10,37-39). Muchas veces no entendemos este pasaje. Incluso los apóstoles preguntaron: “Pero, ¿qué ganamos? “ La respuesta de Jesús es: “cien veces mas  en la tierra y la vida eterna” (Mt 19,27-29). Esto queda como una teoría si un cristiano no sigue las instrucciones de Jesús, porque Jesús no vino a quitarnos la vida, echarla a perder, sino a perfeccionarla, inserirla en la vida eterna, donde se alcanza la plenitud. Y respondiendo a Jesús cada día experimentamos la felicidad. Éste es el testimonio de todos los santos , éste es el testimonio de todos los creyentes que son fieles a Dios. Desafortunadamente los cristianos no siguen esto, siguen a Jesús superficialmente, no siguen a Jesús para pasar continuamente por el misterio pascual y experimentar el poder de este pasaje. El fundamento de nuestra relación con Dios es la unión mística con Cristo en el Espíritu Santo para estar sometidos al Padre. No nos gusta esa expresión sometidos al Padre, pero quiere decir estar inseridos, incorporados en las leyes del espíritu puro. Así que estamos regenerados continuamente por el Padre por medio del Hijo en el Espíritu Santo, entonces vivimos nuestra identidad, llegamos a nuestra identidad plena. En la Tierra, donde alcanzamos la madurez de esta identidad? En la Eucaristía, la Eucaristía que es la fuente y culmine de nuestro camino, sin embargo aquí no hablamos de la participación en un rito bonito, organizado, que despierta emociones, sino de participar en la vida de Jesucristo, de Jesucristo viviente tal y como participaron todos los apóstoles. A través de esta participación en el pasaje pascual ellos recibieron el Espíritu Santo y se convirtieron en testimonios y continuaron celebrando el memorial de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Esto no lo digo yo, lo dice la Iglesia. La identidad del cristiano es manifestar la vida trinitaria. La identidad del cristiano se encuentra en la vida vivida en la eucaristía. La participación en la muerte y la resurrección de Jesucristo, participación a la gloria de Jesús, que está sentado a la derecha del Padre y la llamada del cristiano debería ser vivida en cada Eucaristía. Esta cuestión queremos profundizarla en otra ocasión. En otro episodio comentando diferentes aspectos para acercarnos más a ella.

Esta es la llamada de cada sacerdote: ser, como lo define la Iglesia, la víctima. Aquel que comunica con el cielo, pero ¿cómo se puede comunicar con el cielo si no se está místicamente unido a Cristo?, porque sólo a través de Cristo, muerto y resucitado, recibimos el Espíritu Santo y accedemos al Padre. Todos los textos de la Iglesia subrayan que el sacerdote, ante de todo debe ofrecerse por pueblo de Dios y unirse místicamente con Cristo para ser un instrumento a través del cual  el creyente pueda elevarse. Pero no sólo el sacerdote es llamado a ofrecerse, sino todo cristiano. ¿Qué se encuentra en la celebración de la Misa, si no encontramos a Cristo vivo? Aquella potencia extraordinaria que puede transformar a un hombre con el poder del Espíritu Santo en una persona gloriosa, alegre, feliz, realizada, donde las leyes del Espíritu ya no son gravosas, como dice San Juan Apóstol. Pero, verdaderamente, el sacerdote realiza su función, a pesar de su servicio con buenas organizaciones, con buenos sermones, si no está unido místicamente a Cristo. Y su primera misión es educar a la gente a ofrecerse a sí mismos, para unirse místicamente a Cristo, participar del sacrificio de Cristo, sacrificando su egoísmo, todo lo que esté corrompido en él, para resucitar. Pero no sólo los individuos, cada comunidad cristiana debe vivir esto. ¿Creéis que se puede lograr la comunión fraterna en las iglesias, en las parroquias, sin participación en el misterio pascual? Por supuesto que no. Se pueden celebrar fiestas, se pueden generar emociones, pero si una comunidad cristiana no muere a sí misma, el Espíritu Santo no puede llenar los fieles y crear un solo corazón, una sola alma. Sin la oferta viva, vivida con Cristo, el cristianismo no tiene su identidad y no alcanza aquella potencia que lo eleva a la dignidad de hijos de Dios y no puede dar aquel testimonio que dieron los apóstoles sin la unión mística con Cristo en el Espíritu Santo. Todas las organizaciones bellas, muy bellas, menos bellas, no dan fruto si el sacerdote a cargo pueblo y el pueblo entero no se ofrece. Hoy en día, lamentablemente no hay personas que se ofrezcan. Hay una resistencia al oír esta palabra. Pero este es el corazón del cristianismo. Reflexionad.

No podemos salir de esta mentalidad superficial, mediocre, de la forma como se celebran las misas, sin la ayuda poderosa de Dios. Y, como siempre, la renovación se da a través de instrumentos especiales. No se puede prescindir de María Santísima Inmaculada. Ella, al pie de la cruz, ha elevado con el Hijo sumisa, en el Espíritu Santo, al Padre a través del Hijo. Se ha convertido en nuestra Madre. Ella se ha elevado en alma y cuerpo, y plenamente realizada, está en la Santísima Trinidad. Pronto vamos a celebrar la Asunción de María. No llegaremos a elevarnos si no pasamos a través de su corazón. Quiero añadir también, el corazón de José, como dije en la conferencia, para nosotros está aún más cercano como ejemplo, porque él no es inmaculado desde la concepción, pero acogió la vida Inmaculada de María. Por medio de la aceptación del plan de Dios, del Hijo de Dios como si fuese suyo, negándose a sí mismo, él entró en esta vida inmaculada. Así debe ser la transformación para cada uno de nosotros, y no hay otra manera. En estos tiempos en los que Dios, por medio de Jesucristo quiere elevar a toda la humanidad a una nueva dimensión, Dios nos ha dado instrumentos extraordinarios, como hemos explicado: el núcleo central como vínculo de unión de forma particular, entre los santos, los ángeles, y los hermanos y hermanas del universo fieles a Dios y a los fieles aquí en la Tierra. Nos han sido dados los hermanos del universo fieles a Dios con todo el pueblo; y ellos nos miran y participan a su manera de aquello que nosotros celebramos. Está previsto, como hemos escuchado, que toda la humanidad haga este pasaje pascual, universal, todo el universo, entonces podemos ponernos en marcha sólo en comunión con estos instrumentos extraordinarios. María Santísima que está mas allá de todos, que nos ha sido dada junto con San José como Madre y en comunión con los instrumentos extraordinarios, que invocamos y deseamos estar en comunión en el Espíritu Santo para formar el Pentecostés cósmico. Entonces, la Iglesia de la Tierra se elevará, será ayudada.

Creo que nosotros, en profundidad, aún no somos conscientes de las palabras que nos enseñó San Pablo en su primera carta a los Corintios: “Porque el que come el pan y bebe el cáliz, sin conciencia de que es el Cuerpo y la sangre del Señor, come y bebe su propia condena, Por esta razón hay tantos enfermos y gente delicada entre vosotros y algunos han muerto”. (1 Cor 11:29-30).

Oh Señor, cuánta superficialidad en la celebración de la Eucaristía. Tu hijo muere y nosotros pasamos, fríos, superficiales, mediocres. Damos vueltas alrededor de las ceremonias, de las organizaciones que están al entorno de la celebración de la Eucaristía y todo nos distrae de la esencia. Y nos quedamos sin Cristo viviente. No podemos ser sanados si no estamos dispuestos a entregarle nuestros pecados, si no estamos dispuestos a morir a nosotros mismos, a resucitar. No se produce en nosotros el gran cambio que podría dar como fruto cada Eucaristía, como leemos en los Evangelios después de la resurrección cuando Jesús daba la Eucaristía a los apóstoles,  a los discípulos y se transformaban.

Oh Señor, no nos dejes más lejos de la fuente, de la cumbre de nuestra vida. Ten piedad de nosotros, perdona nuestros pecados. Danos la gracia en estos tiempos de nuestra conversión, toca los corazones para que no seamos más superficiales y desinteresados de lo que acontece en la Santa Misa.

En las exhortaciones de San Pablo a los Romanos escuchamos: “Os exhorto, pues, hermanos, a ofreceros vosotros mismos como una victima viva, santa y agradable a Dios: éste debe ser vuestro culto verdadero. No os amoldéis al mundo presente; dejaros transformar y renovad vuestro interior, para que podáis reconocer, cual es la voluntad de Dios, aquello que es bueno, agradable a Dios i  perfecto.” (Rom 12:1-2)

Sí Señor, si no nos dejamos transformar en nuestra forma de pensar, si no nos dejamos ofrecer con tu Cristo no podemos ser transformados, no podemos llegar a su pensamiento y no podemos comprender tu voluntad. Nos parece lejana, borrosa,  extraña. En cambio, estamos llamados a ser hijos de Dios, a caminar en la luz. Sin la oferta a Jesús a través de María Santísima no podemos hacer nada, ni siquiera podemos hacer un paso en la vida espiritual. Todo es un engaño.

En el evangelio de Juan hemos escuchado siempre, en el tiempo pascual, la experiencia de María Magdalena. Fue la primera en encontrarse con Jesús resucitado, y cuando lo encontró quería quedarse con él. Y él dijo: “Déjame, porque todavía no he vuelto al Padre. Ve y dile a mis hermanos que yo vuelvo al Padre mío y vuestro” (Jn 20:17) . Y este versículo casi nunca se medita, no se comprende que, nosotros, ofreciendo nuestra vida al celebrar la Santa Misa, ofrecidos, llegamos interiormente al punto no sólo de la resurrección, sino al punto de ser capaces de elevarnos al Padre. Nuestra mirada cambia, nuestros horizontes se abren a la eternidad. Entonces, todo aquello que nosotros llamamos misterio, que no podemos comprender, que nos supera, que hay en el universo, todo se abre, porque él se abre a sus hijos, que desean estar unidos a Él, y vivir de acuerdo a las leyes del Espíritu puro. Sin este recorrido, hablo de un camino, no de una lección que hay que aprender de memoria, sino del camino de la participación a la muerte, la resurrección de Cristo para elevarse y estar a la derecha del Padre, como dice San Pablo, en nosotros no se cumple el camino donde se verifican y confirman todas las promesas de Cristo. Entonces, podemos ser sus testigos .

Oh Dios , concédeme la gracia de poder vivir así, que todo mi ser, como San Esteban protomártir, pueda mirarte en la gloria preparada para mí y para aquellos que están dispuestos a ser recapitulados y trabajar para recapitular los demás en Cristo. Amen.

Os saludo, ahora empiezan las vacaciones es bueno que podáis descansar, pero os recomiendo descansar en el Señor. Él quiere que descanses. Sus ojos siempre estarán puestos en ti, incluso cuando vayáis a divertiros, a descansar. Tenemos delante dos festividades que marcan nuestra transformación: la fiesta de la Transfiguración de Cristo, 6 de agosto y el 15 de agosto, solemnidad de María, asunta al cielo. Entonces, el sábado 24 volveremos a oírnos, mientras tanto, tratad de vivir esto, incluso durante las vacaciones, disfrutad de la presencia de Dios, gozad de su amor, con el sol, con el mar, con todo lo que Dios ha preparado para vosotros.

Os deseo unas felices vacaciones, un buen descanso, hasta la vista, y os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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