A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

Recapitulados en Cristo – ¿Queréis sanar o resucitar?

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Reflexiones y oraciones

A cargo de Tomislav Vlašić

¿Queréis sanar o resucitar?

Capitulo 9º

Queridos hermanos  queridas hermanas, hoy queremos tocar un tema muy, muy delicado que requiere vuestra total atención; atención a todo aquello que os hemos explicado; que en vuestro interior se mueva aquella dinámica de la gracia que Dios os concede si estáis listos para hacer frente a este tema. El tema del que hablo, os lo propongo en forma de pregunta: ¿Quieres sanar o resucitar? Oremos por esto: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.

Te bendecimos Dios Padre, tu has mandado a tu Hijo entre nosotros como tu imagen perfecta, que es nuestra imagen especular, de la humanidad redimida, del futuro de la humanidad. Él ha descendido hasta las profundidades de nuestra miseria, ha tocado, ha eliminado las causas de nuestro mal, ha abierto el camino. Pero nosotros, como seres libres, debemos elegirlo libremente y seguirlo.

En Tu nombre Él nos ha enviado el Espíritu Santo, que pone en práctica con él toda su obra de Redentor. Te rogamos que nos des los siete dones del Espíritu Santo, para comprender al Salvador del mundo, comprender el plan de salvación de todo el universo. Por Cristo nuestro Señor. Amen.

Antes que nada quiero aclarar de lo que hablamos. No quiero hablar de medicina, ni tampoco negar los valores de la medicina en la tierra. Hay gente virtuosa, hay descubrimientos muy válidos, pero respecto a las humanidades fieles a Dios no se pueden ni comparar; son limitadísimos. Por un lado, mejoran, por un lado el dañan  y en cualquier caso no hay medicina en la Tierra que evite la muerte, no consigue resucitar a los hombres. Quiero hablaros acerca de la actitud fundamental del cristiano, si quiere la curación, o la resurrección. Si quiere la curación, buscara un sanador, un curandero, los curanderos que conocemos y que nos presentan los medios de comunicación, a veces cosas esotéricas, a veces algunos sanadores que curan con oraciones, pero quién quiere resucitar debe buscar al Salvador del mundo: Jesucristo en todo su dinamismo de amor hacia nosotros, que dio testimonio de que nos amaba, sanaba, resucitaba, pero con esos signos querían llevarnos a su camino que termina en el pasaje pascual, afrontando el mal, afrontando la muerte, resucitando, y aparecido en su gloria, y creemos, hoy está sentado a la derecha del Padre. Con él ha ascendido la naturaleza humana. Y frente a nosotros esta la imagen, está el ejemplo, está la realidad del futuro de la humanidad que se adhiere al Salvador del mundo. Por lo tanto, en este proceso de recapitulación en Cristo, en este camino  hacia la nueva creación, debemos afrontar esto. Pido disculpas a los oyentes que pertenecen a otras religiones a los laicos. Con nuestro testimonio no queremos ofender a nadie. Jesús sanó a las personas de otras religiones, no creyentes. Él está por encima de las estructuras mentales de este mundo, está cerca de todo hombre de buena voluntad. Nuestra tarea consiste en manifestar esta verdad. En estos tiempos, esta verdad se manifestará con todo el poder de la vida de Dios a aquellos que quieren conocer la verdad, los que quieren adherirse a la verdad. Esto no es un conflicto con las personas de otras religiones, ni tampoco con los ateos, pero es obligación de los creyentes cristianos ser instrumentos de la salvación, la manifestación de la vida tal como es en Dios, como puede encarnarse en medio de nosotros. No queremos convencer a nadie con palabras, pero queremos que todos los que se unan a este camino, estén abiertos a manifestar la vida de Dios, y sean personas salvadas, resucitadas. La diferencia fundamental, como he dicho, entre la curación y la resurrección es, que las personas que no abrazan la resurrección de Cristo, buscan los curanderos. Hoy hablando de italianos, se calcula que unos 12 millones personas siguen a curanderos, varios curanderos y no se preguntan realmente que es lo que produce aquella curación. Pero yo os digo: tened cuidado porque entramos en los tiempos en que Satanás y el Anticristo aumentarán todos los poderes esotéricos, y todo lo que pertenece al egoísmo, al egocentrismo, entrarán en la trampa de buscar estos curanderos. Pero no solamente si buscáis estos curanderos, sino lo mismo si veis en Jesucristo sólo un sanador, en el sacerdote un sanador, el grupo de oración el lugar donde se hacen curaciones, en el practicar la curación de las raíces, buscar a los carismáticos, búsqueda de grupos de oración para mejorar la propia condición, pero no estáis ocupados, preocupados por vuestros antepasados​​, no intentáis ayudar a la humanidad caída que espera la manifestación del Hijo de Dios a través de los hijos que han acogido a Jesucristo. Así pues, aquí quiero detenerme, en particular, señalando los puntos sutiles que acompañan a las personas, también en el camino espiritual.

Quien no acepta resucitar en Cristo, hablamos de la primera derrota de la muerte, la espiritual en nuestro espíritu, en nuestra alma, quien no acepta esta resurrección, automáticamente esta destinado solo a sobrevivir en la Tierra, a acomodarse a un vestido destinado a pudrirse con la muerte. Stefania Caterina ha publicado en el libro “Más allá de la Gran Barrera” dos capítulos que tocan especialmente este tema de muy cerca: el capítulo sobre la sanación de las raíces y sobre la muerte. A partir de nuestra experiencia y del contacto con los lectores, la gran mayoría de los lectores tienen miedo de leer ese capítulo, tienen miedo de pensar en la muerte. Allí la muerte se presenta como hermana, la hermana muerte, como una puerta, un pasaje hacia la eternidad, hacia la plenitud. Si la gente viviera de acuerdo con estas indicaciones, podrían sanar su interior. ¿Por qué? Porque la muerte, en si misma, trae el miedo fundamental, y nos aplasta, nos ata a la Tierra. No venciendo a la muerte, no hemos derrotado a la causa de nuestros males. Sin la ampliación de los horizontes que nos trajo Jesucristo con su resurrección, estamos demasiado encerrados en nosotros mismos, en la preocupación por las consecuencias del pecado, por las consecuencias del pecado colectivo; y estamos replegados en nosotros mismos. Entonces, ved la conexión entre la resurrección y la curación. El que acoge la resurrección, quien desarrolla la resurrección, los que están abiertos a acoger esta potencia transformadora de la humanidad, están en la vía de la recuperación, esto cura. Todas las cosas se ponen en el lugar correcto, incluso las de nuestro pasado, de nuestras raíces. Hay una tesis, una idea que incluso la muerte de Jesucristo entra en la economía de la salvación desde el principio de la creación, porque Jesucristo se ha glorificado así. Incluso su sufrimiento, su muerte forman parte de esta infinita bondad de Dios. Y ésta entra en nuestra vida, si creemos en esto; Jesucristo entra en nuestras vidas con el amor que Dios ha tenido desde el principio en previsión de que algunos hombres se alejasen de él. Así pues, deseo que podamos tratar de captar los puntos que debemos vencer en nosotros: los puntos a vencer en nosotros son la primera muerte, la primera muerte es la esclavitud de nuestro egoísmo, que nos liberemos de la esclavitud de nuestro egoísmo. Aquí hay muchos matices. No miremos a la gente a nuestro alrededor que corre tras el dinero, que está preocupado por esto o por aquello, mas bien miremos dentro de nosotros mismos. Ya que hablamos de personas que desean seguir un camino, que cada uno mire en su interior, donde están los obstáculos. Existe un egoísmo espiritual, como he dicho antes, si la persona no acepta a Jesucristo como el Salvador del mundo, si no lo acepta, no está encaminado hacia la resurrección, automáticamente debajo permanece la raíz del egoísmo, el miedo a la muerte y la cerrazón sobre sí mismo. Entonces, Dios nos da la oportunidad de eliminar este temor. Tomo el ejemplo de San Francisco de Asís, que tenía miedo de abrazar a un leproso. Con el impulso del Espíritu Santo encontró a un leproso, se lanzó hacia él y lo abrazó y dio testimonio de que en ese momento toda la amargura se convirtió en dulzura. Esto significa aceptar el dinamismo de la vida del Redentor en sus pasajes. sabéis que el nacimiento es una crisis, una crisis importante. Salir de un estado en el vientre de la madre, salir fuera con el dolor de la madre, afrontar la vida, no se puede nacer sin afrontar esta crisis de crecimiento que es la muerte. Quiero mencionar algunos elementos que pueden ayudaros. En la vida espiritual un egoísmo, un egocentrismo puede ser sutil y muy peligroso, estar escondido: una complacencia en su propia vida espiritual, despreciando a los demás, la codicia, los celos, la envidia. Pensad cuanta envidia, celos hay en Lucifer, viendo ahora, el pueblo de Dios avanzar hacia la creación nueva. Todo parte del egoísmo, del egocentrismo.

Es una forma de apego a los carismas, carismas como un adorno, como un prestigio, como una grandeza; es peligroso. Carismas, como método de curación: No, no! Cura Jesucristo, si hay curación. La verdadera curación es la que opera Jesucristo, recordad las grandes curaciones en los santuarios de la Virgen María, cura completamente el espíritu, y la persona cambia. Hay otro elemento peligroso: concentrarse en las enfermedades, los problemas, una especie de psicoanálisis espiritual. Esto es muy peligroso. Sintiendo el mal lo normal sería gritar: ¡ayuda! Y dirigirse hacia quien realmente puede ayudarnos. Toda la atención debería ser hacia el Salvador del mundo, una atención confiada, llena de esperanza, de amor. En este punto, el capítulo relativo a la muerte de Stefania Caterina en el libro “Más allá de la gran barrera ” subraya que la oración auténtica es potencia contra la muerte primera. La verdadera conversión aplasta mal, aleja el mal. Sumergiéndonos en Dios, como está inmersa María Santísima, el mal no permanece, sino que pasa y el mal desaparece, se aleja. Cuánto más el centro de nuestro atención espiritual es Jesucristo, vencedor, resucitado, y corremos detrás de él, tanto más nos liberamos de nuestro egocentrismo.

En la vida espiritual también hay fuertes deseos de curiosidad de cosas extraordinarias y deseos de vivir al nivel de cosas extraordinarias. Al final de los tiempos vamos a tener una sola cosa extraordinaria: el amor limpio, el amor de Dios que vivimos dentro de nosotros mismos y con nuestros hermanos. Cuando se leen libros, se leen libros sobre curaciones o milagros extraordinarios, yo os digo que si vivís místicamente unidos a Cristo, abrazando todo el dinamismo de su acción salvífica, el dinamismo de su Espíritu que desciende de su propia redención, podéis vivir en cada instante un milagro. En cada contacto con Jesús, el Salvador, Dios vivo, sentiréis vibrar la vida que aleja de vosotros el mal, os resucita, os transforma. Cuán superficiales somos, nosotros los cristianos. Si hiciéramos nuestra confesión abriéndonos a Jesús para que nos cambie, con el deseo de ser transformados, la confesión produciría milagros, grandes milagros. Si encontráramos en cada misa Jesús vencedor y resucitado, si nos uniéramos a su victoria, estaríamos milagrosamente curados y estaríamos atraídos por aquella fuerza, envueltos en esa fuerza. Si rezamos como os hemos enseñado, nuestras vidas cambiarían.

Cito dos textos cortos de los Hechos de los Apóstoles, Capítulo 21, el primer sermón de San Pedro: “Todo el pueblo de Israel, debe saber con certeza que este Jesús al que vosotros habéis crucificado, Dios lo ha hecho Señor y Mesías”. Este es el anuncio que nos redime, y que debemos aceptar. A continuación, el texto continúa diciendo: “Al oír estas palabras, los presentes sintieron su corazón atravesado y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: hermanos, ¿qué debemos hacer? Pedro respondió: cambiad de vida y que cada uno de vosotros de haga bautizar en el nombre de Jesucristo, recibiréis el perdón de vuestros pecados y el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:36-38). Vemos aquí dos etapas: se sentían atravesados por las palabras de San Pedro. ¿Qué quiere decir? Cuando un ladrón es descubierto, en el momento de ser descubierto la verdad lo traspasa. Entonces tienes dos opciones: la posibilidad de no arrepentirse, encerrarse sobre uno mismo en la mentira, y hacer todo lo posible para defenderse falsamente, y fortalecer en si mismo el propio pecado. Podemos también nosotros comportarnos así, o podemos permitir que la verdad nos ilumine en nuestra oscuridad y traspasarla. Este es el poder de la palabra de Jesús, matar a la muerte dentro de nosotros, porque el pecado mortal es la muerte dentro de un alma. En la vida mística, estos días hemos recordado los estigmas de San Francisco, se sintió traspasado y como testimonia San Buenaventura  del “Averno” ha vuelto el hombre nuevo. Aquella gracia ha traspasado algo corrupto, lo ha cambiado,  lo ha resucitado. En la vida del Padre Pío, todos sabemos que fue alcanzado por una lanza, una gracia que traspasó su corazón para ser transformado. Cuando estamos con una actitud sincera, humilde, dócil, que los ojos de Dios miran, que la palabra de Jesucristo nos habla, o habla con nosotros a través de un hermano, una hermana, si estamos abiertos a acoger aquella vibración de la verdad del amor, nosotros sanamos. Si estamos dispuestos a ser sanados hasta el fondo, también nosotros debemos pedir la gracia que atraviesa nuestro pecado, el hombre viejo, que muere en nuestro interior. No es una muerte cruel, incluso San Francisco en el dolor sentía una dulzura, un bienestar, una alegría y una vida nueva. Pero el cristiano debe comprender que debe hacer este transito pascual en su interior. Y si queréis ser transformados por completo, si realmente os adherís al programa de ser recapitulado en Cristo, recapitular a los demás en Cristo ir hacia la nueva creación, son pasos obligados: como hemos dicho la oferta de la vida, la sinceridad, ser inmaculados (la pureza), la transparencia, ser correctos ante Dios y la comunión con los hermanos. Y San Pedro dice: ”cambiad de vida y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, recibiréis el perdón de vuestros pecados y el don del Espíritu Santo”. Cuando nosotros vivimos nuestro bautismo de verdad, sinceramente, nos sumergimos en la gracia, la Santísima Trinidad manifiesta su presencia y su acción en nosotros, y en nosotros pasa la vida y el Espíritu Santo.

Cito otro pasaje del Evangelio de Juan, capítulo 15 : “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mi y yo en él, produce mucho fruto. Separados de mí no podéis hacer nada” (Juan 15:5). ¿Qué significa para permanecer unidos a Jesús ? Él explica: “Como el Padre me ama a mi, también yo os amo a vosotros. Permaneced en mi amor” (Jn 15.9) ¿Qué quiere decir: permanecer en su amor? Amarlo, más allá de todo. Para San Francisco, Dios era TODO, con mayúscula, Dios le daba todo. En su espíritu se derramaba todo, la vida de la Trinidad. Y luego, el texto dice: “No sois vosotros que me habéis elegido a mi, yo os he elegido a vosotros y os he destinado a dar mucho fruto, un fruto duradero. Entonces el Padre os dará todo lo que pidáis en nombre mío.” (Jn 15, 16-17). Dios nos ha elegido. Pensad un poco, que Dios os ha amado desde toda la eternidad. Nos ha amado en Adán, en Eva. Os ha amado en todas las generaciones. Ha amado a todos. Ahora, estáis llamados a vivir este amor y revertirlo sobre toda la historia de la humanidad, comunicar este amor a todos los antepasados. Si vivís así, permitís que Jesús en vosotros descienda a las puertas del infierno para liberar a los prisioneros. Esto es parte de la sanación de las raíces, esto es parte del bautismo en el Espíritu Santo y fuego. Si no dejas que el amor de Cristo te ame, si no crees que este amor te ha amado desde la concepción, encontraréis en vuestras vidas agujeros negros, heridas, trataréis de culpar a vuestros padres, a quien ha esta contigo, pero la culpa está dentro de ti. Si os ofrecéis a Jesucristo y lo amáis en vuestras heridas, si perdonáis, si sois comprensivos, si creéis que Dios quiere usaros como una herramienta incluso para los malos, para las personas que no os han comprendido, sanaréis en vuestro interior. Hasta que no te eleves de aquellas cruces que  provienen de las heridas, si en Cristo no os eleváis a Dios Padre, estaréis siempre en el agujero y daréis vueltas alrededor del agujero; y este agujero dentro de ti es una cosa marchita que produce enfermedades, mal humor, rencor, celos, guerras, etc. etc. No podéis curaros si no resucitáis en vuestro interior. Deteniéndonos en estas palabras de Jesús del Evangelio de San Juan, si elegís el amor de Dios más allá de todo, os ofrecéis para amar a este amor, lo sacrificáis todo, en vosotros todas las cosas se pondrán en su sitio. Vais a entender por qué habéis sufrido en la vida, el porque Dios os ha usado para salvar. Todo en vuestra vida se pone en su lugar. En esta apertura al amor puro de Dios, en vosotros fluye la unción del Espíritu Santo, una la curación continua, fluye y vibra la vida trinitaria en vuestro interior. Entonces, sois capaces de comunicar vida a los vivos y a los muertos. Entonces, no escandalizaréis a los ateos, a personas de otras religiones: vosotros daréis vida, no palabras vacías. Y la gente de buena voluntad se dará cuenta. Decidiros a cambiar vuestra vida en el sentido de que vuestra vida es vivir en Cristo. Entonces, saldréis de vosotros mismos, del egocentrismo que permanece siempre hasta un cierto punto en esta tierra, donde estamos bombardeados por el mal por todas partes, pero si nos elevamos conscientes, en continuo con nuestra plegaria, con nuestra elevación, y cuánto más nos elevamos, tanto más Jesús vive en nosotros, vencedor, y opera en nosotros y a través de nosotros.

Como ya dije, la tarea del pueblo cristiano es manifestar la vida de Dios uno y trino, la vida eterna, con el poder del Espíritu Santo. Os digo que pronto vamos a entrar en este tiempo, las personas de buena voluntad que han elegido este camino que os hemos indicado: ofrecer la vida a Jesús a través de María, y sinceramente vivir la vida de Cristo, sinceramente estar inmersos en la vida de Cristo, vivir la vida en su dinamismo, esas personas estarán talmente potenciadas de la potencia que descenderá del cielo, que se moverán rápidamente hacia la nueva creación.

Volvamos a las palabras de los Hechos de los Apóstoles: el pueblo se sentía traspasado. Pero, quién no quiere Jesucristo, sentirá esta palabra, esta potencia como algo que lo traspasa, y quien quiere seguir siendo malo, se encerrará en su propio caparazón, pero se  encerrará en el sufrimiento, no en la redención. Y aquí, en el medio no podrá permanecer nadie. Quién ha estado indiferente a Jesucristo toda su vida y quiere seguir así, sentirá todo el peso de estos tiempos. Entonces, invito a todos los que habéis comprendido, poneros en camino, vivid y actuad para resucitar. Es bueno para vosotros. En la resurrección, seréis sanados y podréis comunicar esta potencia de la resurrección a los demás. Así, el cristianismo será la verdad que salva. No una de las religiones que lucha por sí misma.

Esta es mi invitación. Yo rezaré, me ofreceré y trataré de vivir resucitado dentro de mí a  favor de todos vosotros. Si vosotros sois más numerosos, seremos más fuertes. El pueblo de Dios en la Tierra será más fuerte. Esta es la invitación de Jesús. En esto se inserta, como decía, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, la curación de las raíces.

Ahora oremos :

Señor Jesús, te pido por cada hermano, cada hermana que ha escuchado estas reflexiones, ha leído estos mensajes, que tenga el coraje de ser humilde, dócil, que acoja tu palabra que nos libera, cura y resucita, que nos eleva a una vida digna, que llene nuestro espíritu de la alegría de la esperanza de que seremos transformados, en criaturas nuevas, y viviremos para siempre.

Que el poder de tu Espíritu, oh Señor, envuelva a cada uno y se imprima en cada uno para que podamos transmitir esta potencia viviendo, sobretodo viviendo más que predicando, que cada uno aprenda a vivir un milagro continuo en la vida encontrándote a ti.

Os bendigo, bendigo a los que estáis enfermos, que os abandonéis al Cristo Resucitado, que lo pongáis en el centro de vuestra enfermedad, elevad vuestras mentes. Bendigo a todo lo que lleváis en vuestros sufrimientos, en vuestra alegría, bendigo todo vuestro trabajo, todo aquello que os sirva para que podáis sentir la presencia del Pastor Jesucristo, que sepáis custodiar esta presencia en medio de vosotros, del que os guía, que os protege, que os ama, que os perdona, que os cura en lo profundo, entonces vuestra vida generará personas sanas y llevará la curación a los demás.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Hasta la próxima.

 

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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