A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

“No temas pequeña grey”…(Lc. 12, 32)

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Queridos lectores,

os  propongo el mensaje de san Miguel arcángel que traza el camino a los acontecimientos que nos esperan. San Miguel afirma que este es el último mensaje a la humanidad de la Tierra, pero que nada  faltará a quienes desean   con sinceridad participar al  plan de Dios de recapitular en Cristo todas las cosas. Así que, pongámonos, al servicio de Dios con plena confianza, llamándonos los unos a los otros a nuestra  “responsabilidad de hombres y de creyentes”, como afirma san Miguel.

Os saludo y os recuerdo siempre en mis plegarias. El Señor os de paz.

Stefania Caterina

Mensaje de san Miguel Arcángel del  19  de noviembre de 2013

 

“Los saludo, hermanos y hermanas de la Tierra. Dios me envía todavía una vez más a vosotros. Este, sin embargo no  es un mensaje como los otros que habéis recibido hasta ahora: mis palabras cierran un ciclo de vuestra historia y abren  otro nuevo. Me dirijo, hoy, por última vez a la humanidad de la Tierra. Se  os han explicado muchas cosas y por eso no pretendo repetir cuanto ya sabéis. Me limitaré a subrayar algunos puntos para reclamar una vez más vuestra responsabilidad  de  hombres y de creyentes. He aquí los puntos sobre los cuales os invito a reflexionar.

1. Todo lo que se os ha dicho en  estos años será llevado a su cumplimiento sobre la Tierra. El plan de recapitular en Cristo todas las cosas será realizado. ¡No se ilusionen los enemigos de Dios y de su pueblo! Dios tiene el poder de llevar a término lo que ha establecido. Si os  parece que no sea así es solo  porque Dios tiene paciencia con los hombres de la Tierra y les da a todos tiempo para comprender, si desean comprender. Las promesas de Dios se realizan siempre en aquellos que lo aman y lo buscan sinceramente. Se cumplirán incluso en los enemigos de Dios, que, lo quieran  o no deberán plegarse al querer de la Santísima Trinidad. Hombres, ángeles, demonios y todas las criaturas están sometidos al  poder de Dios y nada escapa a sus ojos. Tarde o temprano todo deberá cumplirse. Estad seguros.

 

2. El plan de recapitular en  Cristo todas las cosas se esta cumpliendo en el universo. Los núcleos, el sacerdocio nuevo, la unión  mística con Jesús y las otras cosas sobre las que tanto se os ha  hablado están ya en acción en buena parte del universo. Yo estoy sobre todo en las humanidades fieles a Dios que pueblan el alto universo; estoy también  en la mayor parte de las humanidades del universo medio. Aquí ha sido desarrollada una tarea profunda y capilar de evangelización por cuenta de los hermanos fieles a Dios que ha  producido muchos frutos. Planetas enteros del universo medio se han convertido a Dios y junto a las humanidades fieles forman un pueblo grande y  poderoso.

 

Os digo esto para que no penséis que cuanto  os ha sido anunciado en estos años sea una hermosa utopía. Dios no es un vendedor de humo como muchos de vuestros jefes políticos y religiosos;  no engaña a nadie, tanto menos a quienes lo aman. Por eso, cuanto está realizándose en otras partes del universo  deberá  suceder también sobre la Tierra  y en el  bajo universo, donde la Tierra se encuentra.

La Tierra se encuentra en un fuerte atraso a causa de su lejanía de Dios, de su arrogancia y de su infidelidad. Vuestro  planeta debería haber sido un centro de irradiación del mensaje de la salvación a todo el universo,  por el hecho que Jesucristo se encarnó sobre la Tierra. Podéis verlo por vosotros mismos que la Tierra se ha convertido, en cambio, en un centro de irradiación  de pecado y de corrupción. La mayor parte de vuestra humanidad vive fuera de las leyes de Dios: sigue la ley del egoísmo, del pecado y de la muerte.

3. En todos los tiempos Dios se ha formado sobre la Tierra un pequeño resto,  un pueblo humilde que permaneció fiel a  su ley de amor y de vida: es el pequeño rebaño del que habla Jesús (Lc. 12-32) por amor del cual Dios ha perdonado muchos pecados  a esta humanidad y por amor del cual realizará sus proyectos sobre la Tierra. Los santos, los profetas y los justos que vivieron sobre vuestro planeta a lo largo de la historia, han abierto el camino a la realización del plan de Dios sobre la tierra. Casi siempre ultrajados y perseguidos, han ofrecido su vida y sus sufrimientos por  todos vosotros, alejando los castigos que vuestra humanidad habría justamente merecido. Como está escrito:”…Dios  los ha probado y los ha encontrado dignos de Él ,los ha probado como al oro en el crisol y  le han complacido como la ofrenda de un holocausto”.(Sab.3, 5-6)   Su sacrificio, permitido por Dios, no ha sido inútil y eso quedará claro al final de los tiempos.

También hoy este pequeño rebaño está presente sobre la Tierra; está unido a Dios  y a sus instrumentos y trabaja en silencio en medio de las dificultades de un mundo pagano, sin fe y sin ley. El es como una semilla pero está destinada a crecer. De esta semilla Dios hará crecer un pueblo nuevo mediante el cual realizará sus planes. Todos estáis llamados a formar parte de este pueblo, porque Dios no hace preferencias. Sin embargo, para formar parte no basta el entusiasmo: debéis despojaros del egoísmo, de los compromisos, de las ambiciones y decidir seriamente cambiar  vuestra vida, de vivir según las leyes divinas que Dios os ha hecho conocer por medio de Jesucristo.

 

Lucifer y sus secuaces son fuertes y numerosos sobre la Tierra, como bien lo podéis ver. Ellos odian al pequeño rebaño de Dios, desean dispersarlo y exterminarlo; pero Dios vigila sobre lo que suyo. ¡Sépanlo bien los enemigos de Dios  y  de Jesucristo!

 

4. La humanidad de la Tierra está entregada a Lucifer desde el momento del pecado original. Aquí Lucifer ha levantado su trono; también él se  formó un pueblo sobre la Tierra, desde aquí piensa expandir su reino  a todo el bajo universo. La situación sobre vuestro  planeta es grave, pero la mayor parte de la humanidad está totalmente ignorante del  peligro que corre, enfrascada como está para sobrevivir: si Lucifer no puede realizar  lo que quiere, os destruirá. El hace siempre así: si no puede conseguir, destruye. El poder en la Tierra está firmemente en las manos de una jerarquía que sirve a Lucifer; podéis ver a dónde os está llevando: la Tierra es un lugar de desesperación, conocido en todo el universo como “el planeta de la muerte” peligroso y hostil.

 

5. La humanidad de la Tierra no podrá salir  por sí sola del túnel  en que se ha metido. Por eso es necesaria la ayuda de parte de las humanidades fieles a Dios. Dios desea desde siempre mandaros en ayuda a vuestros hermanos del universo fieles a él, contra los cuales Lucifer no  puede hacer nada; pero Dios ha respetado siempre vuestra libertad. Muchos de vosotros no aceptan  la idea de que existan otros hombre  en el universo, y esto ha retardado los planes de Dios.  Además vuestros gobernantes y los jefes de las religiones que temen fuertemente la intervención de los hermanos fieles han escondido al pueblo la realidad del universo; esto ha  complicado ulteriormente las cosas. No obstante esto, Dios ha decidido enviaros la ayuda del universo  y lo hará poniendo un límite a la astucia y a la arrogancia de los hombres de la Tierra que no quieren aceptar la realidad tal como es en Dios y plegarse a su voluntad.

Hasta hoy los  hermanos fieles a Dios han recorrido el universo medio llevando a todos esos pueblos el anuncio de la redención realizada por Jesucristo y bautizando en su nombre pueblos enteros. Esperan de Dios la orden de entrar en el universo bajo para cumplir la misma obra de evangelización. En este universo donde os encontráis  también vosotros la situación es delicada: aquí Lucifer tiene un gran poder sobre las diversas humanidades porque son rebeldes a Dios. No aceptarán fácilmente la llegada de los hermanos fieles, incluso reaccionarán con violencia. La entrada de los hermanos fieles con toda su potencia en el universo bajo y el  comienzo de su evangelización implicará fuertes contragolpes también sobre la Tierra, porque Lucifer y los suyos estarán en continua alerta y multiplicarán los esfuerzos para alejar a las humanidades fieles.

La Tierra será el último  planeta del universo bajo en ser visitado por los hermanos fieles. Estos, sin embargo, estarán en comunión con el pequeño rebaño de la Tierra que desde hace tiempo aceptó su existencia y espera con amor su manifestación. Dios  mandará a los hermanos fieles sobre la Tierra a visitar a personas individuales y a núcleos bien preparados para instruir y proteger  a los hijos de Dios. Cuando llegue el momento Dios les ordenará mostrarse abiertamente a toda la humanidad de la Tierra. Llegados a este punto ya no servirán para nada ni las mentiras de vuestros gobernantes ni vuestras armas y ni siquiera vuestros escudos estelares. Veréis entonces las señales del cielo, en el sol, en la luna y en las estrellas (Lc. 21, 25); todos comprenderéis la realidad tal como es, pero  para muchos será  demasiado tarde. Ahora es el momento en el cual todos vosotros, del más pequeño al más grande, debéis hacer vuestra elección: o con Dios o con Lucifer. No perdáis tiempo porque no queda mucho tiempo.

 

6. Antes de que todo esto suceda, nada les faltará  a los verdaderos hijos de Dios que desean ser recapitulados en Cristo para llegar a ser criaturas nuevas. Serán instruidos sobre todo aquello que les espera: el Espíritu Santo los guiará interiormente a la verdad y recibirán confirmaciones cada vez más fuertes y  en el momento justo. Dios  protegerá a su pequeño rebaño no obstante la batalla que le espera: este pequeño resto se enfrentará frontalmente con las fuerzas del mal y la Tierra será el escenario  de la más grande batalla entre espíritus de todos los tiempos: el Espíritu de Dios presente en sus hijos, y el espíritu del mundo presente en los hijos de las tinieblas.

7. Para afrontar semejante batalla Dios ha  puesto al lado de su pueblo los tres grandes instrumentos  de este tiempo: los ángeles, el Núcleo Central y los hermanos del universo fieles a Dios.  Quien los ha acogido y ha entrado en comunión con ellos estará fuertemente protegido. Los instrumentos de Dios están en plena acción en el universo y enfrentan situaciones difíciles: deben preparar en espíritu la entrada de los hermanos fieles en el bajo universo y  proteger a los más débiles en el pueblo de Dios. Dios los ha llamado para una acción silenciosa y potente.

8. Dios está retirando en el silencio a sus instrumentos, ordinarios y extraordinarios, para concentrar su acción  allí donde realmente sirve. Las grandes voces proféticas de este tiempo  se apagarán lentamente hasta callar del todo. Es el gran silencio de Dios que precede los acontecimientos grandiosos que os esperan. Quedarán gritando en las plazas las voces confusas de los falsos profetas. Solamente quien esté firme en Dios podrá discernir en el gran desorden que os espera: desorden político,  social, religioso, desorden también en la naturaleza que habéis devastado más allá de  todo límite: “se  levantará nación contra nación y reino contra reino y habrá terremotos en diversos lugares, carestías y pestes y habrá  también hechos aterrorizantes…” (Lc. 21, 10) Dios no hablará más a los sordos que no quieren escuchar ni manifestará su acción a los  ciegos que no quieren ver: la obra de Dios sólo será comprendida por aquellos  que están unidos a Él. Dios retirará sus gracias de aquellos que disfrutan de su bondad pero que no se convierten para dárselas a quienes caminan en su voluntad.  Vuestra humanidad será puesta a prueba duramente, no  porque Dios quiera castigaros sino  porque quiere purificaros y salvaros: vuestra obstinación es tal que no le dejáis a Dios otro camino que el de la  prueba; sólo así os plegáis al bien, mientras estáis siempre dispuestos a elegir el mal.

9. El plan de Dios para salvar a sus  hijos está desarrollándose en toda su potencia en el universo entero. No se detendrá  hasta que no sea abatido el reino de Lucifer. Toda la creación será tocada por la acción Trinitaria, que como una onda gigantesca se propagará por todas partes. Decidid ahora de qué lado estar; mañana podría ser ya demasiado tarde.

10. También la Iglesia de la Tierra será probada duramente para ser purificada de los muchos pecados de que está manchada. Dios ama a su Iglesia y quiere salvarla. Pero esto no será posible  sin una verdadera expiación de sus culpas.

 

Por esto invito todavía una vez más al Papa y a  las jerarquías de todas las iglesias cristianas a reconocer y proclamar la existencia de la vida en el universo,  sobre todo la existencia de los hermanos fieles a Dios. Los invito también a reconocer la existencia de los tres  instrumentos extraordinarios de este tiempo y a ponerse en comunión con ellos para recibir ayuda y protección. Los invito finalmente a reconocer  mi autoridad de Precursor de la venida gloriosa de Cristo y de Guía del pueblo de Dios en estos últimos tiempos. No pido esto para mí mismo sino para el plan de Dios y  por su voluntad. No os pido que me levantéis costosas estatuas sino que obedezcáis mis órdenes, que son órdenes de Dios para el bien de su pueblo. Si se hace esto, los sufrimientos de la humanidad de la Tierra serán abreviados y recibiréis toda la ayuda necesaria de mi parte y de todos los instrumentos de los cuales estoy a la cabeza. Esta es la última  invitación que os dirijo, después de la cual,  la palabra la tendrá Dios que hará aquello que deba hacer. Reflexionad y rezad para responder en el modo justo.

Invito a todos los sacerdotes y a los cristianos, del más  pequeño al más grande, a reflexionar sobre la propia conducta y a ofrecerse incondicionalmente a Dios. Levantad vuestra  mirada porque está muy dirigida a las  cosas de la Tierra;  estáis de tal modo absorbidos por las preocupaciones de este mundo que la semilla de Dios no crece en vosotros como debería (Mt.13 , 22). Es justo que cumpláis vuestro deber pastoral, social, familiar;  sin embargo esto no ocupa el primer lugar en la escala de los valores de Dios: recordad que primero debéis buscar su reino y  que el resto se os dará por añadidura (Mt.6,33). Corréis de la mañana a la noche y os afanáis por cosas que a menudo son inútiles;  raramente sabéis elegir la mejor parte de la que habla Jesús. (Lc. 10, 38-42)

Es hora de que los cristianos sean testigos  entusiastas y auténticos del Evangelio  mediante una vida íntegra en Dios y una verdadera comunión fraterna: “Vosotros sois la sal  de la Tierra; pero si la sal pierde el sabor ¿con qué se la salará? No sirve para otra cosa que para ser tirada y pisoteada por la gente”(Mt.5 13.) Demasiados cristianos se han vuelto insípidos y esta es una de las causas de muchos de los males de la Tierra. Reflexionad.

Me dirijo a cada hombre que dice que no cree pero que es de buena voluntad: no es demasiado tarde para descubrir a Dios. Este es un tiempo de fuertes gracias para quien desea cambiar para mejor la propia vida. Buscad a Jesucristo y él os manifestará su vida. Seréis hombres nuevos  y contribuiréis a construir un nuevo porvenir para la  humanidad de todo el universo. Dios tiene necesidad de cada uno de vosotros y os ha creado para su gloria. Reflexionad.

 

Me dirijo también a los que habéis decidido adorar y servir a Lucifer: vuestro tiempo esta expirando. No lograréis detener la obra de Dios ni ahogar a su pueblo, que esta creciendo cada vez más en todo el universo. Estáis todavía a tiempo para convertiros, si lo queréis, y expiar vuestros pecados. Podéis, todavía, huir de la esclavitud de Lucifer;  Pero atención, porque el tiempo se hace breve. Si no os convertís seguiréis la suerte de vuestro patrón.

Mi mensaje acaba aquí. Os he dicho todo lo que  el Señor me ha ordenado y  continuaré rezando por vosotros. Bendigo a todos aquellos que leerán estas palabras; bendigo sobre todo  a cuantos  las acepten y las pongan en práctica. A vosotros, pequeño rebaño, os digo que no temáis porque Dios estará siempre cerca. Permaneced en la  paz y haced que crezcan en vosotros la fe, la esperanza y el amor; sed signos de la presencia de Dios  en medio de los hombres de la Tierra, que estarán cada vez mas confusos y perdidos. Esto es lo que Dios espera de vosotros. Le compete a Dios hacer las grandes cosas, a vosotros os toca en cambio ser pequeños y sencillos como niños que se confían con amor en las manos del Padre. Rezad mucho y suplicad a Dios que tenga piedad  de la humanidad de la Tierra.

 

Os bendigo y bendigo a toda la humanidad de la Tierra, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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