A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

El pueblo nuevo celebra la vida – Nueva invitación a todos

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Queridos hermanos y hermanas,

Continuamos orando por todos vosotros. Compartimos con todos lo que experimentamos, para que el rostro de Dios brille sobre toda la humanidad.

Como hemos testimoniado en otras ocasiones, así afirmamos también ahora: la acción de Dios uno y trino se expresa cada día de forma más potente. Dios, en su amor, quiere salvar y elevar todo el universo.

En el mensaje que os proponemos más adelante, Dios se expresa en su acción. Hay algunos elementos fundamentales:

– Él ama a todos; invita a todos a la salvación. En su amor se expresa la esencia de su acción;

– Dios retiene el mal y no permite que triunfe. Socorre a la humanidad en todas las épocas, situaciones y momentos, para que el mal sea vencido;

– Nos da todos los medios necesarios. En particular, da a la humanidad un instrumento sublime: su Madre. ¿Quién como la Madre inmersa en Dios puede transmitir el amor de Dios?

El pueblo abierto a la acción de Dios-Amor capta los impulsos divinos, celebra la vida y canta con el salmista:

“El Señor es tu guardián;

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor velará sobre ti

Cuando entres y cuando salgas,
ahora y por siempre.”

(Sal 120, 5-8)

También nosotros celebramos la vida con vosotros y os bendecimos

Tomislav Vlašić

 

 

 

               

 

Mensaje de la Santísima Trinidad

 

“Dios está constantemente trabajando para el bien de los hombres. Tiene en su corazón el destino de toda la humanidad. Nadie, por perverso que sea, es olvidado por Dios. ¿Creéis quizás que Dios combate con dureza a los que hacen el  mal? No, más bien son ellos los que luchan contra Dios. Jesús también derramó su sangre por estos hijos rebeldes y continúa inmolándose por todos ellos en el sacrificio del altar. En cada Santa Misa celebrada en la Tierra, Jesús continúa muriendo y resucitando para todos sus hijos, en todo el universo, porque Dios es el Amor absoluto. Como Padre que piensa en todos vosotros, debe detener la obra de los malvados y sería un desastre para vosotros, si no lo hiciera. Pero incluso cuando se opone al mal, Dios es siempre respetuoso con vuestra libertad y su justicia está llena de misericordia. Si no fuera así, viviríais en la dictadura de un Dios despiadado, y no es así.

A cada hombre, por muy malvado que sea, Dios siempre concede otra oportunidad. Ninguno de vosotros sería lo que es si Dios no le hubiera concedido siempre otra oportunidad. Por eso hay esperanza para cada hombre; siempre hay la esperanza de un cambio, si lo desea.

Dios ilumina a todo hombre; la gracia pasa como una brisa rozando a cada uno y le trae la voz de Dios, su luz, ilumina a todos. Mentiría quién dijera que Dios no existe o que no se percibe. El Espíritu Santo siempre se hace sentir en vosotros, si tenéis una brizna de buena voluntad. Su trabajo es recordaros que sois hijos de Dios y  guiaros hacia el Salvador, Jesucristo. Por desgracia, no siempre estáis dispuestos a acoger el Espíritu Santo y ha escucharlo. Si, por el contrario,  sabéis acoger su rayo de luz, que siempre os acaricia, podéis iniciar un proceso de transformación de todo vuestro ser, siempre y cuando seáis sinceros y tengáis el firme propósito de cambiar.

Si es así, necesitáis otro paso fundamental: ofrecerse a Dios y permitir que opere en vosotros. Si ofrecéis la vida a Dios y deseáis uniformaros a sus leyes, Jesucristo comienza  en vosotros su obra de Redentor: primero os purifica del mal y os perdona, después os confía su Madre, María Santísima.

Confiarse a María es de vital importancia: como cada hombre nace de la carne de una madre, según el orden de la naturaleza, así cada hombre renace en el espíritu de una Madre, según en el orden de la gracia. Entended bien esto: si no renacéis en el vientre de la mujer que ha generado al Dios-Hombre, no llegaréis a la plenitud, seréis débiles en vuestro camino. Correríais el peligro de no alcanzar la meta si Jesús no os confiara a la Virgen María. Sin embargo, también es necesario que vosotros os confiéis a María: también tenéis que hacer vuestra parte, dejando en sus manos vuestra vida, con confianza. La madre sabe lo que necesitáis, su corazón late al unísono con el de su Hijo, Jesús. Vuestra Madre Santa es toda pura y os muestra el camino de la pureza; es poderosa y os defiende del mal; y porque es madre os acoge cuando sufrís y os comprende, os reprende dulcemente cuando erráis, pero no hiere nunca, porque es la más tierna de las madres.

María Santísima, obra maestra de Dios, os ha sido dada por Jesús al pie de la cruz como Madre, para que os acompañe en el camino de la santidad y del retorno a Dios; no os dejará hasta que os habrá llevado salvos entre los brazos de Dios. No la dejéis tampoco vosotros, si queréis que vuestra santificación sea más fácil i rápida.

La acción de Jesús os lleva al Padre. ¿Qué quiere decir? Significa que Jesús os hace conocer al Padre, hace que lo améis, os revela el amor que el Padre tiene por vosotros. Cuando lleguéis a entender y sentir vivo en vosotros el amor del Padre, sois criaturas nuevas y nada puede haceros daño, ni siquiera la muerte. Estáis, en efecto, en las manos del Padre, de las cuales nadie podrá nunca arrancaros, como el mismo Jesús ha afirmado (Juan 10, 29).

Ya veis, pues, que Dios no impide a nadie acercarse al bien, mas bien trata de atraer a todos a Él. Así debéis hacer también vosotros, si sois hijos de Dios: no juzguéis, no condenéis, rogad por todos, incluso por los malvados o para los que tenéis como tales. Orad por todos aquellos que se oponen a vosotros y que os amargan la vida, no os arrepentiréis de esto (Mt 5, 43-48). Dios hará caer sobre vosotros una lluvia de bendiciones tan abundantes que le daréis gracias por toda la eternidad. El cambio en el mundo comienza allí donde un hombre se cambia a sí mismo y se comporta como un hijo de Dios ¡No lo olvidéis!

También os digo a vosotros, los que habéis hecho el mal, que no conseguís perdonaros o que no habéis sido perdonados por los hombres: acercaros a Dios que os ama y siempre perdona. Comenzad a vivir para él y el será vuestro sostén; hará de vosotros criaturas nuevas, os hará colaboradores suyos.

Por último, digo a aquellos que son esclavos de Lucifer: hay también para vosotros una salida, pero debéis seriamente aplicaros a transformar radicalmente vuestro pensamiento y vuestra existencia y reparar el mal cometido. Dios os ayudará, pero no puede sustituiros; por lo tanto, decidiros por Dios y el camino se abrirá también para vosotros.”

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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