A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

“Serás feliz y gozarás de todo bien” (Salmo 128.2)

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Muy queridos lectores:

El mensaje de este mes nos invita a gozar  de los  regalos de Dios y a ser felices. Muy a menudo, en cambio nos dejamos oprimir por las dificultades de la vida, hasta el punto de perder la esperanza, hasta  a olvidarnos de la alegría de Cristo Resucitado. Sepamos, entonces, que somos hijos de Dios y que en Dios no nos falta nada para vivir una vida  digna de ser vivida. “Vuestra felicidad es  la plegaria más grande que podéis elevar a Dios” nos dice el Espíritu Santo en el mensaje. Creo que todos nosotros deseamos ser felices, y que somos también concientes de poder serlo solamente en Dios.

Os auguro que podáis experimentar la plenitud de la vida de Dios, su felicidad y su paz.

Os bendigo y me ofrezco a mi misma al Señor por cada uno de vosotros.

Mensaje del Espíritu Santo  del  5 de mayo de 2012-05

 

 

“¡Bendigo y saludo a cada uno de vosotros!  Os he hablado de la concepción  y de cuanto sucede con vuestra elección inicial.  Os he hablado también de la muerte y de cómo ella os abre  las puertas de la dimensión del puro espíritu. (1). Hoy deseo hablaros de lo que os sucede desde el momento del nacimiento, cuando entráis en la realidad de la Tierra, hasta la  muerte, cuando dejáis esta realidad. En este arco de  tiempo os sucede una cosa muy grande y  algo maravilloso que es la vida terrena.  Sí, no obstante las pruebas y las fatigas  que experimentáis cada día, la vida de cada uno de vosotros sobrela Tierra es preciosa e insustituible en los planes de Dios. Deseo ayudaros a comprender lo que Dios os ha regalado, y que os hace hijos de Dios, en este mundo y también en el universo.

El primer regalo que Dios os ha hecho para poder vivir sobre la Tierra, es vuestro cuerpo,  sin el cual seríais invisibles. Este no es de menor importancia con relación al espíritu  y al alma; (2) todo lo contrario. El cuerpo es el instrumento por excelencia a través del cual  vuestro espíritu y vuestra alma se  manifiestan al exterior. Yo actúo en vuestro espíritu en tanto estáis abiertos a mí.  En mi acción  se manifiesta la potencia de la Santísima Trinidad. Así os conduzco continuamente a Cristo, para que El os lleve al Padre.  Mis continuos impulsos pasan del espíritu al alma, y de esta, al cuerpo. El cuerpo, por lo tanto,  es fundamental  para volver concreto y visible cuanto sucede en el espíritu y el alma y para transformar en palabras y obras  cada impulso interior.

 

Por este motivo, el cuerpo  de cada uno de vosotros es original, tanto cuanto lo son el espíritu y el alma; y  es obvio que sea así. En efecto, el cuerpo guarda en si mismo al espíritu y al alma y los custodia por todo el tiempo  de vuestra vida sobrela Tierra.

Si al momento de la concepción habéis  elegido serle fiel a Dios, aceptando plenamente  la misión  que El os confía sobre la Tierra, el espíritu y el alma son poderosos. Por esto, recibís  un cuerpo adaptado a contener  tal potencia  y a hacer frente a los que os espera. En el momento en que nacéis, todo está preparado para vuestra vida y para vuestra misión.

 

Durante la gravidez, Yo guío perfectamente  la formación  del cuerpo: transmito a vuestro espíritu los impulsos necesarios para  cada proceso biológico y el espíritu los transmite al alma. Ella los reelabora con su inteligencia y activa las células que se forman según un orden perfecto y preestablecido que vale para cada individuo pero que tiene en cuenta la originalidad de cada uno. Desde el primer instante y por toda la duración de la vida terrena Yo continuaré trasmitiendo incesantemente al espíritu los impulsos necesarios para mantener el cuerpo sano y vital;  el espíritu los transmitirá al alma y ella  procederá  a trasmitirlos al cerebro, que es vuestra central operativa.  Vuestro cuerpo funcionará perfectamente. Cuanto más unidos estéis a Dios y más respetuosos seáis a sus leyes, tanto más límpidos y potentes serán mis impulsos; estaréis sanos y armoniosos.

Si habéis elegido entregarle a Dios todo vuestro ser, estaréis guiados en todo. Sabréis desde adentro qué cosa le hace bien o mal a vuestro espíritu, al alma y al cuerpo. Aprenderéis a conocer vuestra originalidad y a respetarla así como Dios la respeta. Sin embargo, la originalidad del  individuo es casi siempre negada sobre la Tierra, justamente a partir del cuerpo. La moda del momento os impone aparecer de un modo determinado, de vestiros según ciertas tendencias,  de alimentaros de manera a menudo peligrosa para vuestra salud.  ¿Qué es la moda y quién la impone?  La moda es una serie de modelos de comportamientos, estudiados y propuestos por el espíritu colectivo que os domina, el espíritu del mundo. Este expresa las orientaciones y las elecciones de la mayor parte de los hombres de la Tierra, que están alejados del verdadero Dios. El espíritu colectivo del mundo domina a través   de sistemas y jerarquías que actúan en todos los campos y que inducen a la humanidad a pensar y  comportarse  según esquemas preestablecidos. Todo esto permite manipular las conciencias y  controlarlo todo y a todos. Detrás del espíritu del mundo actúan las fuerzas del mal con el fin destruir todo lo que es obra de Dios, y entre todas, al hombre. Reflexionad bien sobre esto y no os dejéis arrastrar por  pensamientos que no son los vuestros,  y que os privan de vuestra originalidad, que es un bien precioso, y que hace de vosotros seres perfectos, completos e irrepetibles. ¡No seáis  caricaturas de vosotros mismos!

 Cierto, os preguntaréis  de dónde provienen las enfermedades y las malformaciones, si el cuerpo es creado según un orden  perfecto.   Y bien, la condición  de la vida sobrela Tierra refleja las consecuencias del pecado original, cometido por vuestros progenitores, y no solamente.  La rebelión contra Dios, de hecho, se repite constantemente en vuestra humanidad, y por muchos de vosotros se renueva la alianza con Lucifer. ¡No sois mejores que vuestros padres!

No obstante la venida de Jesucristo, la desobediencia a Dios  caracteriza  a la mayor parte de los hombres dela Tierra, y alimenta el espíritu del mundo, que se opone a Dios.

¿Acaso el sacrificio de Jesús no ha servido para nada?  ¡Todo lo contrario!  Quien ha acogido   a Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador,  quien ha creído en El y se ha ofrecido a sí mismo,  tienen en sí la  potencia   para vencer el mal y la corrupción del mundo.  Posee la plenitud de la vida divina que Cristo le ha regalado. Sin embargo, Jesús continúa la obra de redención, mediante su pueblo. El sacrificio de la cruz se prolonga hasta el fin de los tiempos en su Cuerpo Místico. Por esto, Dios Padre permite que sus hijos conozcan el sufrimiento, tal como lo conoció su Hijo, para que aquel sufrimiento sea salvífico para muchos y prepare a la humanidad a la resurrección  que sucederá al final de los tiempos. Entonces, aquellos que hayan vivido en Cristo y sufrido con El, entrarán en la nueva creación, donde no existirán más la corrupción, el dolor y la muerte.(3) Hasta entonces existirá la lucha incesante entre la luz y las tinieblas,  que tanto dolor os produce. Esta no acabará mientras  vuestra humanidad permanezca dividida entre Dios y Lucifer,  hasta que no elija a Jesucristo incondicionalmente.

A  cuantos creen en Jesús y sufren en el cuerpo les digo: ¡sed fuertes!  Sed concientes que ni siquiera una gota de vuestro sufrimiento será olvidada ante los ojos de Dios. Consideraos felices porque, además de creer en Cristo sois partícipes de sus sufrimientos y vivís la comunión con El hasta lo  extremo. El Corazón de Jesús está cercano a cuantos sufren por El, e intercede continuamente por ellos.  El Padre ama tiernamente  a cada hijo  que recorre sobrela Tierra el camino doloroso de su Cristo. Yo entrego mi fuerza a cuantos sufren por el Reino de Dios.  Está escrito que en vuestra debilidad se manifiesta la grandeza de Dios,(4) y esto vale también para la enfermedad. Quien sufra por el Señor no probará nunca la amargura, porque El os sostiene siempre

¡Coraje, por tanto, hijos tan queridos! Os prometo que vuestro sufrimiento se transformará en alegría sin fin.

Dios permite, por consiguiente, un sufrimiento salvador,  pero sólo en algunos casos en los  cuales la  persona ha aceptado llevar su cruz desde el momento de la concepción. Pensad en los sufrimientos de algunos santos sobrela Tierra,  que han abierto el camino al pueblo, aún con los sufrimientos físicos. Todavía más: pensad en Jesús que os ha salvado no solo con la potencia de su Espíritu, sino también con su cuerpo. El se sacrifica sobre cada altar para nutriros con su carne y su sangre, mediantela Eucaristía.

Por encima de los casos en los que Dios permite el sufrimiento, los hijos de Dios  son preservados en su integridad  espiritual y física. Mi acción en vuestro espíritu, de hecho,  aleja el mal bajo todas sus múltiples formas. Mi protección  se extiende al alma y al cuerpo. Cuando os confiáis completamente en Dios, entregándole la vida, Yo os transmito incesantemente la potencia divina, porque sois hijos fieles de Dios, que toman parte en la vida de su Creador. La potencia creadora, redentora y santificadora dela Santísima Trinidad  cubre todo vuestro ser, mediante mi obra incesante en vosotros y en torno a vosotros.

Debéis estar siempre más concientes de mi acción y participar activamente en ella.

¿Cómo?  Mediante la fe.  La fe os hace comprender aquello que Dios está haciendo por vosotros y en vosotros, y os hace colaboradores de Dios.  Así liberáis el espíritu y el alma  del miedo, os abrís siempre más a mi acción, y estáis en condición  de saber qué hacer en cada situación

Sin la fe no podéis discernir nada de los que os sucede, y os aferráis a cualquier cosa exterior para hacer frente a la dificultad. La solución de vuestros problemas, en cambio, está en la vida de Dios que actúa en vosotros,  y que está en perfectas condiciones de hacer frente a cualquier dificultad. Dios os regala la inteligencia y la fuerza para vivir sobre esta Tierra como hijos de Dios, no obstante  los obstáculos que el mal os pone delante. ¡Dios los supera dentro de vosotros! Su potencia es infinita.

 

El cuerpo es la parte de vuestro ser en contacto con el mundo externo. Gracias al cuerpo podéis  hacer refluir sobre el ambiente que os circunda  el amor y la fuerza de Dios, comunicando a cada criatura la vida que está en vosotros. A su vez, el cuerpo recoge todos los estímulos de la realidad que os rodea, y los transmite al espíritu a través del alma. Si se trata de estímulos negativos, mi acción en vosotros  neutraliza el mal,  y vuestro espíritu rechaza la negatividad. Si son positivos, en cambio, mi acción ayuda a vuestro espíritu a gozar de la bondad de Dios. De esta forma, mediante el cuerpo, vosotros gozáis de los dones de Dios. Vuestros ojos pueden contemplar las maravillas de la creación, vuestros oídos escuchan los sonidos que os gustan, las manos tocan aquello os rodea, y todo lo demás.

Muchas veces, y de diversas maneras el cuerpo humano es despreciado  en la Tierra. Lo es cuando es considerado obceno y pecaminoso, como sucede a veces entre los cristianos. Lo es cuando es divinizado o considerado un simple objeto de placer,  como sucede con el cuerpo femenino. Recordad que vuestro cuerpo es precioso a los ojos de Dios y es el tabernáculo de su presencia viviente. Por eso es preciso cuidarlo en modo justo, sin excesos en el placer o la renuncia y respetado en su santidad.  Sí, la obra de Dios es santa y el hombre es su obra más sublime.  ¡Ay de aquel que desprecia su propio cuerpo y el los demás! ¡ Ay de aquellos que provocan sufrimientos físicos a sus semejantes!  Y ay de aquellos que  matan la vida del cuerpo que es sagrada e inviolable, porque no corresponde a vosotros decidir  la duración de vuestra vida terrena. Ella es un regalo de Dios; estáis llamados a cuidarla y hacerla fructificar con la ayuda de Dios.

Vuestro ser hecho de espíritu, alma y cuerpo está creado para gozar los bienes que el Señor os regala. Esto no tiene nada que ver con el placer egoísta, que muchos de vosotros buscan.  Gozar de los bienes de Dios significa tomar conciencia de su infinita bondad y darle gracias continuamente por lo que os da, mediante vuestra alegría.

Sí, hijos, Dios agradece inmensamente vuestra alegría y os quiere felices.  Vuestra felicidad es la plegaria más grande que podéis elevar a Dios. ¡Abandonad aquellas tristes imágenes que os habéis hecho de un Dios severo e implacable, que se complace en vuestros sufrimientos!  Dios no es así: en El no hay sombra de tristeza, sino luz purísima, alegría, paz y felicidad. Dios no es severo sino justo. Su justicia os corrige cuando os exponéis al  peligro, a causa de vuestros comportamientos equivocados.  Su justicia es solo un aspecto de su amor por vosotros.

¿Cómo   podría un Padre amoroso, como es Dios,  querer la infelicidad de sus hijos?  Sed por lo tanto felices por todo aquello que Dios ha creado; lo ha creado para vosotros. Gozad de los bienes materiales in apegar a ellos vuestro corazón, porque es el apego lo que os hace infelices. Vuestro corazón debe buscar a Dios, por sobre todo

Y el os regalará todo, porque os hará el regalo de su misma vida, de la cual depende todo bien.

Gozad de los afectos más queridos, y de la amistad, pero no dependáis de los demás. Si os mantenéis unidos a Dios, El os unirá entre vosotros. Entonces, entre dos esposos, entre amigos y entre hermanos fluirá el amor de  Dios que no es egoísta,  que no posee a nadie,  no impide la libertad de los demás, promueve el bien en todos y no es poseído por nadie.

Gozad de vuestros bienes espirituales, de vuestras virtudes,  y de cualquier don divino que enriquece vuestro espíritu.  Esto no quiere decir que debáis complaceros en vosotros mismos de modo infantil, ni ensoberbeceros, ni mucho menos colocaros por encima de los demás. Significa, en cambio, gozar por la belleza que Dios ha puesto en vosotros, y estar dispuestos a dar a los demás  el fruto de vuestra santidad. Cada uno vosotros está llamado a la santidad y posee dones que ningún otro posee. Sin embargo habéis sido educados para no ver vuestros dones interiores, incluso a temerles.  Os ha sido inculcada una falsa humildad que es la negación de vosotros mismos y de la riqueza que hay en vosotros. Por el contrario, Dios no os llama a esconder vuestros talentos,  sino que quiere que estéis  dispuestos multiplicarlos. Por esto, gozad de los bienes de vuestro espíritu para que ellos aumenten a favor de toda la humanidad. El universo entero espera veros abrir  como las flores en la plenitud de la vida.

Gozad del trabajo de vuestras manos, por humilde que pueda ser.  Dios no mira lo que miran los hombre (5): el trabajo más humilde y escondido puede ser más importante a los ojos de Dios que aquel de los así llamados grandes de la Tierra. Si el trabajo está ofrecido a Dios es cosa santa. Con él participáis de la acción del creador.  Él está constantemente manos en la obra para sostener la vida del universo y espera que vosotros viváis a su imagen y semejanza. ¡No seáis holgazanes y no despreciéis ningún trabajo!  También Jesús trabajó en el taller de José; sus manos santas no rechazaron servir al prójimo con su trabajo. Las manos de los santos no son inoperantes; son las manos de quien ha trabajado mucho.

Hoy la Tierra está convulsionada por la falta de trabajo  que crea pobreza material y espiritual. Pero yo  os digo que el trabajo falto porque se lo busca sólo por dinero; el es considerado un deber oprimente y no una alegría, una constricción y no un servicio. Os lo digo a vosotros, que creéis: trabajad con alegría y con amor, trabajad con seriedad y responsabilidad.   Ofrecedle a Dios toda vuestra fatiga, por su gloria y por el bien  de los hermanos; y el trabajo no os faltará. Transformaos a imagen de vuestro Creador, que crea y recrea, sin cansarse nunca y sin que venga a menos su obra.

Gozad de todas las cosas, agradeced continuamente al Señor del universo y ofrecedle a El vuestra vida.  Así se cumplirá para vosotros lo que está escrito:”Vivirás del trabajo de tus manos, serás feliz y gozarás de todo bien”.(6)

 

Estoy siempre con vosotros y  os bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

1- Se refiere a los mensajes del los primeros tres meses del 2012, publicados en este

sitio. en los cuales el Espíritu Santo ha hablado de la elección en el momento de

la concepción  y de la muerte.

2- He hablado extensamente del espíritu, alma y cuerpo en el cap. 13 del libro “Más

Allá dela GranBarrera”.. en castellano  Edit. Brujas, Córdoba, Arg. 2010

3- cfr. Ap.22,  3-5

4- cfr. 2 Cor. 9-10

5- cfr. Sam. 16, 7

6- cfr Salmo 128, 2

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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