A La Nueva Creación

a cargo de Stefania Caterina y Tomislav Vlašić

Los poderes del infierno no prevalecerán … (Mt 16, 18)

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Queridos lectores: en el mensaje que os proponemos, San  Miguel Arcángel se presenta claro y luminoso pero también firme y exigente. Su anuncio se inserta  en los acontecimientos anunciados por el mismo para este año. Nos recuerda que es el Precursor de la venida gloriosa de Cristo; por eso está al cuidado del pueblo de Dios  en todos los acontecimientos   que le esperan a la  humanidad.

El servicio de San Miguel no sustituye el servicio ordinario de la Iglesia  sino que lo acompaña con la fuerza superior que le viene de Dios. Le corresponde a él enfrentar  en nombre del Cuerpo Místico de Cristo, a Lucifer y a  sus secuaces antes de la llegada gloriosa del Señor.

El mensaje es simple y cercano a quien quiera acoger sus palabras. De nuestra  parte estamos a completa disposición de San Miguel  para hacer todo lo que nos pida por el pueblo de Dios.

Os acompañamos con la plegaria  y os bendecimos en el nombre de Dios Trino y Uno.

                                                                   Stefania Caterina y Tomislav Vlasic.

 

   MENSAJE DE  SAN   MIGUEL  ARCANGEL   del 1 de marzo de 2013

 

 

 

 

¡“Os saludo, pueblo santo de la Tierra, Iglesia del Señor! Bendigo en el nombre de Dios Trino y Uno a todos aquellos que se han decidido seriamente  a pertenecer a Jesús, a través del Corazón Inmaculado de María Santísima y del corazón ardiente  de San José.

Bendigo a los núcleos que se han formado y se están formando; bendigo a todos los cristianos de la Tierra.

El Altísimo me envía a vosotros para hablaros y animaros  en este tiempo, rico de gracias pero también de pruebas. Como bien sabéis, en estos días la Iglesia Católica, que comprende una gran  parte de los cristianos de la Tierra, está atravesando el trabajo de la dimisión de Papa y de la inminente elección del   nuevo Pontífice. Estos eventos involucran  a la humanidad  íntegra de vuestro planeta, porque los cristianos, según las palabras de Jesús, deberían ser la sal de la Tierra, la luz del mundo (Mt. 5, 13-14) la levadura que hace fermentar la humanidad.(Mt. 13, 33). Por eso todo lo que le sucede al pueblo cristiano repercute inevitablemente sobre todos los hombres.

Estas palabras se dirigen  hoy, de modo especial, a la Iglesia Católica; no son  palabras mías, sino las de Aquel que me envía,  mi Dios y vuestro Dios, el Omnipotente Señor del Universo. Que las escuchen todos, desde el más chico al más

Grande en la Iglesia, porque las palabras y las advertencias del Señor se dirigen a todos los fieles. Es responsabilidad de todos  que llegue lo más pronto  el Reino de Dios y la Iglesia es la primera célula de este reino.

La renuncia del Papa ha sido ha sido un gesto doloroso  para la Iglesia,  pero a Dios le agradó este gesto como un holocausto, como la humilde capacidad del Papa de hacerse a un lado  frente a una tarea superior a sus fuerzas, para dejar lugar a la acción de Dios,  a la novedad del Espíritu que su alma intuyó. Por esto bendigo al Pontífice Benedicto XVI;  esta bendición que desciende directamente del cielo, lo acompañe en su vida de silencio de retiro y de oración; su sacrificio será verdaderamente  fructuoso para todo el pueblo de Dios si sabrá hacer de su vida una ofrenda viva para cada hijo de Dios. Paz, por lo tanto a ti, Papa Benedicto, ¡seas bendito en el nombre y en la vida!

Como sabéis, la Iglesia estaba llamada, desde  un principio , a llevar el anuncio de la salvación a todos los  pueblos, no sólo de la Tierra sino de todo el universo; de esto hemos hablado extensamente, y no me repetiré.(1) Sabéis también, que a partir de este año 2013, la tarea de recorrer el universo para evangelizar las humanidades de otros planetas fue confiada a los hermanos del universo fieles a Dios, porque vuestra humanidad no aceptó la presencia de la vida en el universo y por tanto no fue capaz  de llevar el peso de una misión semejante.

No obstante los múltiples signos de la presencia de  la vida en el universo, por parte de Dios, dados también a la Iglesia, ni los jefes políticos ni los religiosos informaron de esta presencia a los habitantes de la Tierra.  Esta es una pesada responsabilidad  que carga sobre la conciencia  de muchos  y también y sobre todo en la  Iglesia Católica. Ella ha recibido de Dios la gracia para orientar las conciencias a la verdad que Dios revela continuamente, porque el Espíritu Santo tiene la tarea de llevaros a la verdad, en los tiempos y  en los  modos justos.  El gobierna la Iglesia entera y le indica el modo mejor  de hacer conocer la verdad.

Por eso, no sirve justificarse diciendo que la revelación de la vida sobre otros planetas crearía el  pánico entre los fieles. Esta afirmación minimiza la acción  del Espíritu Santo que prepara los corazones a la verdad de los acontecimientos, dentro y fuera del alma humana; no permite que los hijos de Dios queden confundidos;  tenéis la prueba hoy,  frente a la renuncia  papal:  los fieles han comprendido y  participado en el modo justo porque el Espíritu Santo ha actuado en sus corazones.

No agrego más, pero reclamo fuertemente a todas las jerarquías eclesiásticas, comenzando por las Católicas,  a una toma de conciencia honesta de la presencia de la vida en el universo y a una información a los fieles igualmente clara.

 

Esto exige un repensar radical de la misión  universal de la Iglesia, que no puede ser remitido más allá. Requiere también una ampliación apropiada de la Teología, que debería colocarse al  paso de los tiempos y con las nuevas exigencias   del conocimiento de la verdad.

Invito a todos los fieles que  ya desde hace años conocen y experimentan la existencia  de las humanidades de otros planetas, a rezar mucho para que se haga un espacio en las conciencias  a tal verdad y  se conozca la  potencia de la comunión  con los hermanos  del universo fieles a Dios.  A vosotros se os pide un testimonio valiente.

¿Qué sucederá ahora  en la Iglesia Católica?  Se abrirá una fase nueva cuyo inicio estará marcado justamente por la elección del Papa.  Tal acontecimiento será una divisoria de aguas en la historia de la humanidad,  porque a él seguirán muchos otros acontecimientos.  En vista de todo esto, Dios ha dispuesto que, a partir de hoy, yo esté especialmente presente,  con mis legiones angélicas, dentro del Vaticano. En esta tarea estaré acompañado, además de los  ángeles,  de los hermanos del Núcleo Central  y de los hermanos fieles a Dios  que actuarán sobre todo en espíritu. Se está por jugar  una partida dura y definitiva entre las fuerzas del bien y las del mal,  ambas presentes, desde siempre, en el interior de la Iglesia. Dios ha decidido poner orden en  todas las Iglesias que se llaman cristianas,   comenzando por la Iglesia Católica, que representa la mayor parte de la cristiandad sobre vuestro planeta. La oración y la acción de la Iglesia Católica  son muy importantes para vuestra humanidad.

Las palabras que siguen se refieren por lo tanto a la Iglesia Católica, en este momento particular, pero valen, obviamente, para todas las comunidades que se llaman cristianas.

 

 

Dios ha establecido poner orden en la Iglesia. El orden de Dios no tiene nada que ver  con las imposiciones humanas;  el comienza siempre por la SANTIDAD.   La  Iglesia está llamada a la santidad; no la santidad de unos pocos sino de todos. No basta más el heroísmo de algunos fieles, que son muchos: se precisa la santidad del pueblo íntegro de Dios.  Se precisa sobre todo, la santidad de los  pastores y de cuantos tienen la tarea de indicar a otros el camino; a estos digo  que tengan coraje y que no duden de  entregarse a Dios; sólo así podrán indicar al pueblo el camino de la santidad.

La santidad es la vida de Dios  que fluye en el espíritu del que cree y de los que creen;  ella es pura e inmaculada y se  manifiesta en la integridad de la vida humana. La corrupción es lo contrario de la santidad. Dios desea liberar a la Iglesia de la corrupción para  que crezca libremente la santidad de su pueblo: su  mano hará esto.  Os aseguro que Dios ha levantado su mano para dividir la luz  de las tinieblas en su Iglesia.  Dios tiene necesidad de un pueblo santo al cual confiarle la misión de arrancar a otros hermanos del  pecado y de la muerte.

Dios desea recuperar el inmenso tesoro de santidad, verdad, doctrina y caridad  que la Iglesia ha acumulado a lo largo de los siglos, gracias a la incesante acción del Espíritu Santo y a la santidad de muchos. No  permitirá que semejante tesoro sea dilapidado por  manos corruptas. La viña del Señor que es la Iglesia está cargada de frutos. El Hijo de Dios los recogerá y los distribuirá a los hijos de Dios, sus hermanos.

La herencia de Dios será para los hijos de Dios y no  para los hijos de las tinieblas.

Sepan los viñadores infieles  que no se quedarán con la herencia  y que nos les estará más  permitido matar a los verdaderos herederos.(Mt,21 38-40). ¡Rezad cristianos de la Tierra para que el Señor de la viña  se apresure a cumplir lo que ha establecido, liberando a la Iglesia de la infidelidad de los administradores malvados.

Estaré presente en el interior del Vaticano hasta que Dios lo quiera; actuaré con la potencia que me fue dada por El.  Quien quiera colocarse en el lugar de Dios deberá enfrentarme con  la cara descubierta. Mi grito, dirigido a Lucifer al principio de la creación: “¿Quién como Dios?” continuará resonando hasta el final de los siglos; combatiré siempre contra los falsos dioses. ¡Quién pueda entender, entienda! Mis ángeles están ya formados en torno a los  muros del  Vaticano, según las órdenes recibidas de Dios. Estaré bien  presente en el Cónclave, nada escapará a mi mirada atenta.

Me dirijo ahora directamente a los Cardenales que estarán  reunidos en el  Cónclave para elegir el nuevo Papa; a ellos les transmito  los deseos de Dios para su Iglesia en estos tiempos; y los resumo en algunos puntos para que sirvan de un lineamiento útil para el discernimiento. Dios no impone, pero desea; sus deseos son lo mejor para su pueblo. Así es la Iglesia vista con los ojos de su Señor:

.) Que la Iglesia coloque en el centro de su vida y de su acción no a si misma  sino la vida de la Santísima Trinidad, no en  palabras sino en los hechos.

 

.) Que se confíe en la   Providencia como fuente y medio de sostenimiento; que utilice el dinero con desprendimiento y  pobreza de espíritu, según las leyes de Dios y para el bien de todos y no según las ambiciones y los egoísmos humanos. Que sepa elegir entre Dios y Mamón.

.) Que aquellos que tienen responsabilidad en la Iglesia sean personas íntegras: no escondan la verdad ni cubran la mentira. Sirvan a los fieles tratándolos como personas adultas y respetando su conciencia. Corrijan a cuantos estén equivocados como padres  y no como  patrones, porque los fieles no son súbditos sino  hijos de Dios y deben ser ayudados a lograr la   plena madurez espiritual y humana.

.) Cada cristiano, sobre todo quien  está en la cabeza de la Iglesia, acoja a cada hombre como hermano, independientemente de su procedencia o de su condición social. Esté cerca del que sufre. Ser fiel a Dios significa   ser fiel también al hombre: a su dignidad de  hijo de Dios, a su libertad de pensamiento y opinión, al respeto de sus experiencias, a la justa consideración de su originalidad y de sus tiempos de crecimiento y de maduración. Que la Iglesia sepa discernir sin juzgar nunca,  porque está llamada a ser  misericordiosa.

.)  La Iglesia esté siempre de parte de los pobres y nunca de los  poderosos; no espere favores de nadie y esté pronta para servir a todos. Quien gobierna la Iglesia sea el primer servidor de los hermanos y no aspire a puestos de prestigio ni a la carrera eclesiástica. Considere como el más grande prestigio  poder servir.  Los pastores tengan el corazón libre; solo  así podrán oponerse a la arrogancia de los poderosos y erguirse en defensa de los más débiles. No tengan temor de perder alguna cosa, ni siquiera la propia vida; estén sólidamente fundamentados  sobre la roca, que es Cristo;

No huyan frente al enemigo. El Señor desea tales pastores.

.) La Iglesia reconozca humildemente sus errores y sus infidelidades y pidan perdón a Dios. No se esconda detrás de justificaciones inútiles; al contrario  empéñese en poner remedio a sus errores y a reparar el mal cometido. Se empeñe en no despreciar la profecía para no contristar al Espíritu Santo. Abra su corazón  para acoger la novedad de Dios que está viva y pulsante, sobre todo en este tiempo.

.) Que la  Iglesia abra su  mirada sobre el universo y sobre la vida que el contiene, sin esconder más esta realidad. Que acoja con amor a los hombres de los otros planetas como hijos de Dios, busque y promueva la comunión  entre todas las humanidades del universo; sea conciente que los hombres  de la Tierra no están solos en el universo y que no se salvarán por sí solos.

.) Que la Tierra estime profundamente la obra de su Creador y que por lo tanto enseñe a sus fieles a respetar y proteger la naturaleza y las criaturas distintas del hombre.  Que sea siempre conciente del hecho  que lo creado camina con el hombre hacia la plenitud de la vida.

.) Que la  Iglesia ayude a las almas de los difuntos mediante la oración, la santa Misa,  y el Bautismo en el Espíritu Santo y en el fuego. (2)

 

.) Que la Iglesia ofrezca sobre los altares los sufrimientos de toda la humanidad y los una al sacrificio de Cristo. Que ayude a los que sufren a entregarse a Dios.

 

.)  Que la Iglesia perdone a sus enemigos y los ame,  sin por eso entrar en componendas a costa de la verdad. Que no busque nunca la venganza;  que su corazón sea manso y humilde como el de su Señor que amó a los suyos hasta el fin. (Jn.13. 1)

.) Que la Iglesia no se olvide nunca  que es peregrina hasta el fin de los tiempos;  que no ate su corazón a la Tierra sino que camine decidida a la nueva creación prometida por Jesús. Que se empeñe en transformarse, día a día,  para agradar a su Señor y ser hallada digna de ser parte del reino de Dios, junto a los demás hermanos del universo.

Por estas palabras podréis comprender qué desafíos esperan a los cristianos de la Tierra. No se trata de palabras nuevas, sino que debe ser nuevo el  espíritu del pueblo de Dios, llamado a  ponerlo en práctica. ¡Hay que comprender cuán importante es el rol  la Iglesia en el cambio de la humanidad! Dios  espera el empeño de su Iglesia sobre la Tierra cuya acción debe acompañar la  cumplida por las humanidades fieles  para  alcanzar una verdadera evangelización universal.

El Señor me llama a vigilar sobre la Iglesia de la Tierra para protegerla del mal. Soy el  precursor de su venida gloriosa y no dejaré de llamaros siempre  todos vosotros para que  preparéis conmigo el camino  a Aquel que vendrá, al Santo de los Santos, Señor del Universo. Vigilaré sin cesar y actuaré según las órdenes de Dios hasta  que cada cosa sea cumplida según sus deseos. El Señor arrancará  de los diente del lobo a cada uno de sus corderitos, nadie de sus hijos se perderá,  según lo prometió al apóstol  Pedro:”Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las potencias del infierno no prevalecerán sobre ella”.  (Mt.16.18 )

 

 

Pido a todos vosotros que os consagréis en modo especial, en este tiempo, al Corazón Inmaculado de María, Madre de la Iglesia. Dirigíos también a san José,  que  es  custodio del pueblo de Dios. Al aproximarnos a su solemnidad, que la Iglesia de la Tierra celebra el 19 de marzo, os invito  a recitar la plegaria que sigue.

Os bendigo con la fuerza y la luz de Dios, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.”.

                        Plegaria a San  José

 

 

San José, justo entre los justos,

Protector de la familia de Dios en todo el Universo.

Custodia la Iglesia de la Tierra en este tiempo delicado e importante.

Intercede junto a Dios para que la Iglesia  elija siempre la  vía maestra,

Superando en la  paz las dificultades, las provocaciones y los obstáculos  que el  espíritu del mundo de pone delante. El fuego de tu amor  nos inflame de verdadera fe,  de segura esperanza  y de sublime  amor, para que podamos recorrer junto a ti y a tu Virgen Esposa María, los caminos difíciles de nuestro tiempo.

Guíanos como guiaste al pequeño Jesús, teniéndolo de la mano. Tu lo ayudaste a crecer y a hacerse hombre. Ayúdanos a nosotros a llegar a ser verdaderos hijos de Dios para gloria y honor de la Santísima Trinidad.   AMEN

 

 

 

 

 

 

———————————————————————————————————-1) Este tema está presente en muchos mensajes publicados en este sitio, y en diversos capítulos de los libros publicados por la casa editora Luces del Exodo.

2)  De este bautismo hemos tratado ampliamente en el libro “Más allá de la gran barrera”  en el cap. 9.

 

Autor: .

Profesor de Filosofía, Piloto Civil, Profesor de letras clásicas.

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